—Eso, eso es lo único que importa. Solo eso, solo nosotros dos —repitió en un leve susurro, sintiendo que de verdad aquello era lo único importante. Nada de terceras personas, o celos, que por suerte, no habían podido con la relación ya formada. Una relación que esperaba que durase lo más posible, incluso teniendo en cuenta que el fin del verano estaba a la vuelta de la esquina. Por no decir en pocas semanas. De un segundo a otro, su mirada se posó sobre el puño del muchacho, frunciendo el ceño con rapidez en cuánto el mismo se apretó con fuerza—. No, no quería decir eso, solo… Ugh, no quería dar a entender que voy a besar a Nate, porque no voy a hacerlo. Nunca. ¡Es como un hermano para mí! Santo cielo, no entiendo cómo siquiera puedes pensar eso. Sólo te decía como un ejemplo, un ejemplo en pasado, p-para que te dieses cuenta lo que molesta o duele, o las dos cosas y, y, no sé, tampoco quería que pensases mal. Simplemente tranquilízate —su mano acabó en la del moreno, deshaciendo con rapidez aquel puño que, como supuso, contenía demasiada rabia, para así entrelazar ambas manos. Sus labios curvaron una leve sonrisa, la cuál se fue ampliando al escuchar el par de afirmaciones por parte del chico. Podía hacerlo. Y si él podía hacerlo, nada más le importaba en aquel momento. Porque con tan sólo oír aquellas palabras, sus miedos podían desaparecer de un momento a otro. Básicamente, el miedo de perderle al menos ya no estaba presente. Y gracias al cielo por ello, pues estaba segura que aquel iba a ser el final de ambos, pero su corazón no podía dejarlo ir por mucho que su cabeza le dictase aquello. Incluso aún recordaba cuándo dijo, en voz alta y clara, que si había una próxima vez, no podría perdonarlo tan fácil. Pero ahí estaba, de nuevo en sus brazos. No podía resistirse a él, era algo así como imposible para sus sentidos. Solo quería tenerlo a su lado, y que el mismo no se marchase. Fue entonces cuándo aquellas dos palabras dejaron su mente totalmente en blanco, debido a la misma sorpresa de escucharlas. Nadie le había dicho tal cosa alguna vez, si no contaba a su abuela, y escucharlo justamente de la persona correcta en el momento correcto, hacía que todo fuese mucho mejor—. ¿Me amas? —sus brillantes ojos, ahora producto de la emoción, observaron los contrarios, sabiendo de más la grandeza de dichas palabras, y en aquel mismo momento, podía jurar no poder amarlo más de lo que ya lo hacía—. Te amo, yo también te amo —aseguró ahora sin miedo de decirlo en voz alta, sin miedo a expresar lo que verdaderamente sentía—. Me gusta nuestro ahora —aseguró entre sonrisa y sonrisa tonta, la única que sacaba a la luz cuándo estaba a su lado. Solo a su lado. Sin siquiera parar a pensarlo, y en cuánto ambos pares de labios fueron unidos en un beso lleno de amor, por lo menos si se hablaba de su parte, siguió dicho contacto; todo sin prisas pero sin pausas. Le gustaba sus muestras de afecto, que siempre aparecían en el momento indicado, tal y como aquel era. Su mano acabó en el cuello ajeno, intentando juntarse más de lo que ya era posible. Disfrutó aquel contacto lo más que pudo, y en cuánto sus pulmones empezaron a exigir algo de oxígeno, se separó apenas centímetros, mordiendo el labio inferior del moreno en el proceso—. Te amo —musitó de nuevo sobre sus labios, volviendo a besarlos con más necesidad de la anterior.