—Eso y muchas cosas más, Derek.—se sinceró y lo observó como tantas veces lo había hecho.
Zoey tenía el mal hábito de estudiar a las personas, escudriñar sus mentes y conocerlos tras cortezas superficiales. Decir que no lo había hecho con su alumno era una rotunda mentira, farsa del millón. Esos zafiros curiosos y encantadores capturaron su atención desde el primer momento. Tras atravesar un aula abarrotado de críos que asumen comerse el mundo entero, estaba él desparramado en la comodidad de una esquina, siendo ajeno a sus compañeros. Marginado no era la palabra, extraño ni se comparaba o acercaba. Tan sólo estaba siendo él y…ella creía que era suficiente.
—Podrás demostrarles que se equivocaban contigo. Y es que a los adolescentes les fascina hablar, llenarse de una sarta de estupideces y rumorear lo que apenas se da. Son crueles, ¿sabes? Es como si se alimentaran del daño, la tristeza del resto. No lo comprendo.—mordisqueó su labio y parpadeó repetidas veces, prendada a un punto fijo de la nada.
Su relato se acoplaba a una realidad que por infortunios aprecio en sus capítulos de juventud. Sin orgullo de su generación. Se paseó por la sala y ocupó una pequeña silla cercana a su ventanal. Zoey era una aficionada de la naturaleza y procuraba estudiar o garabatear su filosofía de la vida muy cerca del exterior, embriagándose de la brisa exquisita de unas gélidas noches. Invito al más pequeño a sentarse a su lado y ocupo en su regazo un pequeño cuaderno de anotaciones. ¿Cuántas hojas exponían paráfrasis de la dislexia? Muchísimas. Alcanzar el borde de la mitad le llevó a seleccionar un cuaderno exclusivo. Temía que su conocimiento reciente no fuese suficiente y los métodos recolectados se resumieran en el fracaso total, pero no podía liarse antes de empezar, como aconsejo minutos atrás.
Confiar en él, su primera regla. Confiar en ella, la que seguía.
--La fonética.—susurró.—Debes incentivar tu conciencia fonética. La idea de su uso es que reconozcas las palabras, logres deletrearlas, cantarlas y decirlas con simpleza. Mi nombre empieza por una z, ¿cierto? ¿Cuántas palabras no empiezan por ella también? Zapato, zafar, zalamero, zángano. Debes saber su significado, jugar con cada uno y estudiarles por la noche. Estarás tan relacionado con ellas que podrás captarlas en el texto. No todos usan este método, pero, ¿a quién no se le facilita leer un párrafo del que han hablado con anterioridad? Saber del tema es como conocer la palabra. Eres consiente de lo que va, lo repetiste tantas veces que es imposible no recordarlo y te sientes preparado.
Sonrió ampliamente ante sus palabras que sonaban mas sinceras que nunca, pero de repente sintió aquella mirada clavada en él. Aquel verde de sus ojos lo quemaba. Ella intentaba leerlo, y Derek no era tan difícil de adivinar. A veces podía ser un completo libro abierto que podía dejar escapar todas sus inseguridades. Solo había que prestar un poco de atención para deducirlo: honesto, irónico y autodestructivo. Adjetivos que se acoplaban a él como si realmente el mundo los hubiera creado para describirlo. Oh, y torpe..como olvidarlo.
-Satisfacción propia y aquello vienen de la mano para mi-asintió sincero-Apuesto a que en su época no eran tan diferentes-se encogió ligeramente de hombros. Y es que los adolescentes nunca parecían cambiar en muchos aspectos-Pero admito que con el tiempo nos volvimos peores-admitió con cierta gracia-A muchos les gusta ver la desgracia de los otros, los hace sentir bien consigo mismos- nuevamente alzó sus hombros pero esta vez dejó escapar un suspiro como compañía. El rubio siguió sus pasos hasta la sala de nuevo y acabó tomando asiento cerca de ella cuando le ofreció. Su mirada cayó en las cosas que, ahora, sostenía sobre su regazo. Curiosa por saber que había anotado, o cuales eran sus primeras ideas para esto.
Había asistido a terapeutas quienes simplemente recomendaron unos pocos ejercicios liados mas que nada a la memoria. Su madre incluso había hecho pequeñas tarjetas con simples palabras las cuales le hacía repetir todas las mañanas, y al mes las cambiaba. Costumbres tontas, de gente no profesional, que realmente lo terminaron ayudando un poco. Pero ahora tenía a alguien dispuesta a empeñarse en él y dedicarle tiempo, su tiempo. A cambio de nada, y eso le parecía fascinante. ¿Por qué ella se preocuparía tanto por él? Un estudiante más de los miles que ha de haber visto en su vida. ¿Meta propia? ¿Orgullo personal? Solo Zoey podía responder
Asintió ante su introducción, sus ojos ahora buscando algo en los ajenos. Una chispa de la cual no todos los profesores lograban apropiarse: la del deseo y pasión por enseñar-Las pocas palabras que se son por memoria, pero me es más difícil con palabras más largas y complicadas-ladeo la cabeza y una ligera mueca se apodero de su rostro.-Estoy seguro de no saber el significado de todas esas palabras-una leve risa se deslizo por sus labios pero luego se arrepintió y aclaro su garganta. Sus ojos cayeron en la botella en sus manos y la abrió para beber un trago en un intento de callarse.-Entonces-hablo de nuevo una vez que estuvo seguro que su agua estuviera cerrada y nada podía derramarse-cuando vea una palabra en un texto sabré pronunciarla-asintió, ajustando la explicación en una simple frase-¿Qué me dice de las palabras que no suenan igual a como se escriben? Eso no me da mas que dolor de cabeza-negó con la cabeza cerrando los ojos por un instante-Digo, puedo intentar memorizar como se pronuncia una letra y eso, pero hay combinaciones que dan vuelta todo ese sistema.

















