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@deryckains
iker.
Era verdad, las opciones que tenía el político en su frigobar no iban más allá de las cervezas y el whisky, bebidas que si bien eran base para un centenar de tragos, prefería consumirlas puras. “O café, en las mañanas barra tardes en las cuales no podías ni recordar tu propio nombre, o mantenerte parado por más de dos segundos sin recargarte contra algo” Habían múltiples las ocasiones en las cuales al político le había tocado ejercer de cuidador de su interlocutor, además de brindarle apoyo económico y emocional. Sintió un leve escalofrío cuando sintió el tacto ajeno sobre su mano, creándose un nudo que iba desde la boca de su estómago hasta la garganta. “¿No bebes?” Pausó, sorprendido. Aquellos nudos se desanudaron de manera automática ante la noticia. “¿Cuántos meses llevas sobrio?” No era un dato menor, teniendo en cuenta de que en su oficio se encontraba constantemente rodeado de objetos que lo alentaban a tener una decaída. “¿Mi vida de alcalde? Sigue siendo la misma que era hace cuando comencé a serlo: evito mis responsabilidades hasta el punto en el que no me dejan respirar, y cuando eso sucede, se las paso a alguien más” No era un alcalde intachable y como imagen de aquello se encontraba la Galena actual, pero al menos era honesto y no disfrazaba sus intenciones. “Me llueven, sí, como siempre lo hicieron” Masculló. “Siempre habrá alguien en las calles del pueblo que se pavonee en busca de un par de dólares y ropa bonita, como lo hiciste tú en su momento”.
Su gesto se volvió sereno, cuidando de las palabras prontas a seleccionar. “¿Cuál es el afán de relucir ese tipo de cosas ahora? No es algo que me enorgullezca,” en realidad, pocas cosas lo hacían, pero la falta de tino en su pasado era algo que le pesaría hasta la tumba. Sin embargo, siempre iba a estar agradecido con el mayor por el cuidado brindado, siempre que lo necesitó estuvo ahí para él sin darle siquiera una queja. Suspiró, consciente de que aquel contacto había sido innecesario; una parte del camarero necesitaba rememorar ese tipo de roces, la sensación tan protectora que el ahora alcalde le brindó por tanto tiempo. “Siete u ocho meses aproximadamente,” humedeció sus labios, invadiendo sutilmente el espacio personal del mayor para entablar un nuevo tópico de conversación más íntimo, sin miradas curiosas que pudieran dar alcance también con los oídos. “Digamos que tanta basura en mi cuerpo terminó por pasarme la cuenta. Cinco segundos más tarde en el hospital y no estaríamos teniendo esta conversación ahora.” Pausó, llevando su mirada a encontrar la de tonalidad avellana. “Después de eso decidí cambiar mi ritmo de vida. De vez en cuando una lata de cerveza, pero sólo si me la ofrecen y no puedo rechazarla,” comentó, encogiendo sus hombros. “Me alegra que no hayas estado ahí, te ahorraste un buen espectáculo,” una media sonrisa figuró entre sus comisuras, enarcando su ceja diestra apenas lo escuchó. “No me quedé precisamente por el dinero después. Lo sabes, ¿verdad?” cuestionó, ambos brazos cruzados sobre la barra, frente a su interlocutor, buscando el soporte necesario para encararlo.
eliza.
“¿Te vas a suicidar? Oye, pero no, recién vamos a empezar un nuevo año, ¿por qué quieres hacer eso? Eres muy joven.”
“¿Que soy muy guapo? ¿Qué tiene que ver eso con el suicidio---? Bueno, gracias, supongo, entiendo si no quieres hablar del tema, de todas formas. Tú eres hermosa, de verdad, ¿de qué color son tus ojos? ¿Verdes?”
ibrahem.
❝ oh, no — sí que lo eres ❞ tal broma fue seguida por inercia, adentrándose en las profundidades de su mirada favorita sin nada más que un vestigio de sonrisa ladina, siempre haciéndose paso en los surcos de sus comisuras. tan pronto como contacto foráneo alcanzó la propia anatomía, dígitos buscaron tez ajena, encontrando el perfecto lugar de asentamiento en el descubierto cuello que le ofrecía, palpando tal como si fuera capaz de reprimir la evidencia de una tensión que tal contacto visual otorgaba, infranqueable aún cuando conocidos labios volvieron a su encuentro. ❝ ¿vas a convertirte en criminal por mí, Lady Macbeth? ❞ debió exagerar, sumando la otra palma a cuello ajeno, subiendo los falanges hacia la mandíbula donde debió dejar algún rastro de caricia con sus pulgares. tal proyección se rompió por un momento, bajando la mirada a unos labios que ya ansiaba. humedeció el inferior después, justo a tiempo de volver a encontrarse con el océano frente a sí. ❝ la primera vez que te vi con ese uniforme detrás de la barra pensé olvídalo: nunca lo conseguirás. y ahora que estamos aquí… no me puedo creer cuánto ha cambiado mi vida gracias a ese estúpido impulso que me obligó a acercarme a ti a pesar de todo ❞
No pudo evitar levantar sus cejas con un ápice de asombro en la respuesta, a pesar de que estaba consciente de su experiencia en el asunto, que el egipcio lo destacara era diferente. Todo con él era diferente. “Gracias por el voto de confianza,” aseveró con una sonrisa que podía considerarse tímida para cualquiera que no lo conociera, pero resultaba ser el vestigio de la confusión al no encontrar palabras para los cumplidos. “Mhm, criminal y cualquier cosa que quieras,” admitió en un tono parecido al susurro, mientras la yema de sus dedos buscó con urgencia el cálido contacto con la piel trigueña, ubicándose justo en la espalda del egipcio. trazando caricias que se le antojaron necesarias. De pronto, la loca idea de desvestirlo ahí mismo no le pareció tan alocada, menos cuando las palabras (como siempre) de su pareja lograron que el suelo se remeciera y su estómago se retorciera. “No entiendo cómo lo haces, Ibra, de verdad--- Me acuesta entenderlo. Siempre tienes las palabras precisas para describir lo que sientes y---” negó con la cabeza, una de sus palmas se ubicó bajo el mentón contrario, proporcionándole roces sutiles sobre sus labios con el dorso de su pulgar, el contacto visual era imprescindible en ese momento. “No creo que sea posible estar más enamorado de alguien como yo lo estoy de ti. Explotaría.” La burbuja que habían construido parecía ser irrompible, ni siquiera la música podría quebrantar ese ambiente tan cálido y acogedor impuesto entre la muchedumbre. “No quiero separarme de ti jamás.”
salome.
“Hmm, seguro no te dejaría, no sé. Podría pensar que las chicas vienen a verte a ti y no a él…” se encogió de hombros en un intento de restarle seriedad (y tonos de celos) al tema. “Igual seguiré apoyando la idea.” aseguró, dedicándole una sonrisa. “Imagínate que anduviera con todo esto cubierto, eso sí sería un pecado mortal” Si bien su familia podía ser bastante conservadora e incluso llegaba a rechazar su previo estilo de vida, la verdad era que Salomé sí disfrutaba de esa liberación. Le gustaba acentuar sus curvas, coquetear, a pesar de que sí era religiosa – no veía por qué una tenía que interferir tanto con la otra. “Año nuevo es para pasarlo con amigos y demás gente ebria, de otra manera es aburridísimo.” No exageraba, las festividades que pasó en la universidad sin duda fueron las más memorables. Sin poder evitarlo, soltó una carcajada, “Ay, Dios. Qué pena.” cubrió su rostro por un momento, “No sé cómo hice para caerles bien, pero eh, en eso de los nietos no quiero tomar su lado pero… Serían un peligro para esta sociedad, demasiado bonitos.”
“Pero Ibra vendría más seguido--- aún más seguido,” si es que acaso eso fuese posible, y entonces frunció el ceño, siendo poseedor de un nuevo pensamiento. “Bueno, eso creo que tampoco sería útil porque no atendería a muchas personas. Vale, es una pésima idea, mejor no se lo voy a mencionar,” concluyó, mordisqueando su labio inferior aún con expresión pensativa, como si estuviese considerando el asunto de forma seria. “Eso es verdad. Nadie podría deleitarse contigo en general, es que de verdad eres increíblemente hermosa. Pero basta ya, no quiero inflar más tu ego,” bromeó, no era algo que realmente detestara hacer, sino al contrario. Sin quererlo, una carcajada huyó de su garganta, negó pausadamente con la cabeza mientras las imágenes proyectadas por su mente iban en aumento. “Sería un pésimo padre, vamos, a duras penas puedo cuidar de mí mismo. Te dejaría todo el trabajo a ti porque me daría miedo estropearlo y entonces me demandarías,” chasqueó su lengua, armando una innecesaria película al respecto. La sonrisa quedó perpetua en sus facciones. “Aunque tienes razón, serían bonitos. Que mis padres nunca vayan a escuchar esto, por favor.”
La barra finalmente estaba comenzando a despejarse, el licor invitaba a todas las personas a la pista de baile, por lo que su trabajo decrecía considerablemente. Decidió limpiar la superficie manchada con diferentes tipos de brebajes, manos torpes que estaban siendo dirigidas por un cerebro adormecido. De pronto, una figura masculina se instaló ahí, el castaño no tardó en reconocerlo. “Mh, debo preguntar: ¿qué hace un tipo como tú en un sitio como este?” bromeó, permitiéndose la confianza que tenían para hacerlo, sin medir demasiado sus palabras con él, no creía que fuera necesario. “¿Qué te sirvo, Tyra?” cuestionó enseguida, con una media sonrisa adornando sus facciones. @tyrclwis
ibrahem.
el hemisferio este de sus comisuras fue atacado inmediatamente por el que pareció el trazo de una genuina sonrisa que no se negó a mostrarse en su totalidad. los orbes tintados de toques verdosos siempre proyectándose en los azulinos, incapaz de negar la conciencia de un brillo que parecía rebelar el único faro verdadero de su biografía. ❝ será un placer ❞ logró dejar escapar, perdiéndose en el espacio que los separaba hasta que tal fue eliminado por un beso al que sin duda se aferró. sin duda, tal situación le hacía sentir la persona más afortunada de la tierra, aquella que en la que nunca había imaginado que podría convertirse. y todo gracias a él, claro. nada hubiera sido posible sin él. una demanda de oxígeno obligándolo a separarse y, de nuevo, semejante sonrisa decorando sus facciones. ❝ ¿puedo robarte? sólo unos minutos, nadie se dará cuenta ❞ pidió, debiéndose acercarse a fin de colocar un suave beso sobre sus labios, tal y como si de un particular soborno se tratase. ❝ ¿o debería pedirle permiso a Devan para que me deje disfrutar de mi novio por cinco minutos? ❞ lo molestó, claro, dándole un leve golpe en el brazo después.
Decidió permanecer a una distancia íntima, la relación que mantenía con el egipcio le impedía mantenerse demasiado alejado, podía asegurar que era una sentimiento recíproco, demasiado cursi para que el aspirante a músico revelara en voz alta. “¿Cinco? ¿Cinco, de verdad? Estoy seguro de que no soy tan bueno como para eso, pero acepto el desafío,” bromeó, reposando sus falanges inquietas sobre el pecho contrario, ascendiendo y descendiendo por la caja torácica con la yema de sus dígitos, obsequiándole así una caricia suave y necesaria. “Nadie se dará cuenta de mi ausencia, así que no te preocupes, podemos irnos afuera que hay menos ruido,” se aprovechó de la cercanía para susurrar cerca de las facciones morenas, aprovechando de robarle un beso que su cuerpo exigió ante la calidez que emanaba su contrario, algo imposible de evadir en un espacio donde la temperatura era protagonista de cada escena compartida. “Puedo llevarte un trago si quieres, Devan invita,” porque ya había tenido que dar varios de su bolsillo, podía aprovecharse de la situación y robarle al mismísimo dueño del local.
alexander.
“¿Con los borrachos?” Cuestionó confundido por las palabras ocupadas. “Primera vez en ambas, no soy muy dado a salir demasiado en este lugar” Comentó, para después corregir sus palabras. “No lo tomes a mal, pero cuando un pueblo es pequeño se sabe cada pisada que hacen y prefiero mantenerme en bajo”
“Sí. O sea es que trabajo aquí todo el año, estoy acostumbrado a tratarlos. A mi familia la veo... casi nunca, ya sabes,” frunció el ceño, en realidad no estaba seguro de haberse explicado bien, pero suponía que su contrario no preguntaba por otra cosa más que cortesía. “No lo tomo mal, de hecho es bastante inteligente lo que haces. Si yo no trabajara aquí, tampoco vendría. Por cierto, mi nombres es Deryck. Si vienes otra vez, tienes una idea de por quien preguntar.”
salome.
Soltó una risilla por lo bajo, “Apuesto a que así llegarían más chicas. ¿No lo has pensado? Noche de chicas, bartenders sin camisa… Yo vendría, sin duda.” se encogió de hombros una vez más, sin dejar de reír. Exhaló el aire con más facilidad, contenta de que la molestia finalmente terminara. “Ay, Deryck, tú tienes de machista lo que yo tengo de monja: nada” abrió un poco más los ojos una vez que los posó en él, “Gracias, por cierto.” le sonrió. Ambas cejas se arquearon, “Bueno, sí pagan más los días festivos pero yo ni loca me quedaría más en la clínica” de sólo pensarlo se podía amargar, y era lo último que quería esa noche. “¿Y tendría que hablar de nuevo con tus padres?”
“Se lo podría plantear a Devan, ahora que lo pienso...” hizo una pausa, después de todo no iba a requerir de un esfuerzo descomunal por parte de los muchachos. “Y por eso es precisamente que me gustas, no tienes nada de monja. ¿Sabes lo extraño que es encontrar a una mujer que lo admita? Eres como una en un millón,” chasqueó su lengua, siendo su confesión completamente sincera. De su pecho huyó un suspiro, en tanto una media sonrisa se coló a sus facciones. “Yo prefiero pasar estas fiestas entre borrachos a pasarlo con mi familia, así que... No me molesta,” admitió, humedeciendo su labio inferior, dándose la licencia de sentarse junto a la morena, estaba seguro de que nadie se quejaría demasiado por esa actitud cargada de confianza. “Mhm, no, bueno, ahora no vinieron, pero de haberlo hecho querrían hablar contigo igualmente. Les caíste bien. Espero que no empiecen a preguntar por la boda y esas cosas, mira que después exigen nietos y yo no sé,” bromeó.
eliza.
“¿Que la mujer de quién qué?” Abrió los ojos a la par, sin evitar enarcar ambas cejas en el proceso.
“¿Que quién se suicidó? Dios, es una lástima. Espero que te encuentres bien. Debe ser un año nuevo muy jodido sino,”
svetlana.
“De acuerdo.” Normalmente se consideraba intolerante a los balbuceos, a la tardanza que ciertos sujetos poseían en su habla, mas aquel era un caso excepcional. Quizá era el elíxir nocturno el causante de su repentina cortesía, de la desconexión con su naturaleza esquiva, antipática. “Para nada.” Negó, desconociendo la identidad del sujeto. “Y estoy bien — Te invitaría un trago, pero no sé si te permitan beber mientras trabajas.”
Negó con la cabeza, pero una sonrisa decidió cruzarse en sus facciones. “No bebo, pero gracias de todas formas. Voy a invitarte un trago yo a ti, por las molestias que te causó ese idiota,” informó, aproximándose a la barra, en realidad no era ninguna política de la discoteca, pero le pareció lo más adecuado. “Anda, dime cuál es tu favorito.” cuestionó, dirigiendo su mirada a las facciones de su interlocutora.
indigo.
Las palabras del joven se sintieron como una brisa helada en pleno verano, una curva fue imposible de contener por lo tanto. “Claro, sí… Gracias.” Dicho ésto, su mano fue extendida con su móvil, de no ser del personal (y de no haber bebido un poco) probablemente no hubiese accedido con tanta facilidad. “Mientras que me lo traigas cuando suene…” Acotó con ciertos tintes de broma, dándole el último trago que quedaba a la botella, decepcionándose cuando observó por el orificio de la misma el desértico paisaje que esta le obsequiaba. Alzo la vista entonces, concentrándose en la figura opuesta. “T— te debo una.”
No tardó mucho en ir enchufar el móvil de la castaña a la corriente más cercana, pidiendo a sus colegas cercanos que mantuviesen la vista atenta. “Eh, bueno, la verdad es que tengo que ir de un lado a otro todo el tiempo, dudo poder estar pendiente,” explicó, frunciendo sus labios. “Pero puedes venir a mirarlo cada--- no sé, el tiempo que estimes conveniente. Aunque con todas las personas aquí, es probable que se te olvide si planeas divertirte.”
iker.
Inexperto, le dedicó una mirada dubitativa al recipiente de cristal que su interlocutor se había encargado de posicionar frente a sus orbes. Su conocimiento en bebidas alcohólicas no iba más allá del vodka, la cerveza y el whisky escocés, por lo que aquellas novedosas mezclas con colores vistosos estaban fuera de su zona de confort. “Pensé que sería un whisky en las rocas… era lo que solías prepararme cuando, umh…” Prefirió omitir el resto de la historia, mientras que en su mente se hacían vívidas las imágenes en las cuales su cuerpo y el ajeno, enredados entre blanquecinas sábanas, disfrutaban de aquella bebida. “Sírvete uno de los tragos— Deslizó un billete de cien dólares que, en busca de apaciguar aquellas imágenes mentales, buscó en su billetera para pagar su orden. — Y conserva el cambio”.
No era fanático de recordar viejos tiempos, en especial cuando en aquella época de antaño su vida iba cuesta abajo. Suspiró, sin estar seguro de entregarle una respuesta respuesta correcta a su contrario. “Tampoco tenías tantas opciones de alcohol, siempre era lo tradicional.” Frunció el ceño, su mirada se quedó fija en el trago preparado y después en el billete sobre la mesa. No estaba seguro de cómo sentirse al respecto. Con cuidado, dejó que sus falanges reposaran sobre los nudillos del mayor, apresando al mismo tiempo el dinero que le fue entregado. “Será por cuenta de la casa esta vez, no te preocupes,” dijo el orgullo, humedeciendo sus labios. “Y--- ya no bebo. No--- ya sabes. Algunas cosas han cambiado estos meses,” susurró, desviando su vista hacia otro sector; sabía que enfrentarse con los fantasmas de su pasado no era fácil, pero Iker resultaba el más complicado de todos. “¿Cómo has estado tú? ¿Qué tal tu vida de alcalde? Imagino que ahora las jovencitas y jovencitos deben comer de la palma de tu mano, y de otros lugares, ¿no? Deben lloverte.” No era su intención sonar hostil, pero la melancolía le había ganado a la razón. A pesar de que nunca fueron una pareja exclusiva, el castaño le había tomado más cariño del debido a su ahora interlocutor.
alexander.
“Así esta bien, lo prefiero seco no soy muy gustoso del dulce” No demasiado en los cócteles. “Gracias” Levantó su copa y después dio un sorbo. “¿Te gusta trabajar en esta fecha?”
“Digamos que soporto más a los borrachos que a mi familia, con ellos trato todo el año,” explicó, encogiendo sus hombros. “Yo no te había visto por aquí, ¿primera vez o no he tenido el honor de atenderte?” cuestionó, en tanto comenzaba a lavar los vasos sucios que iban llegando.
salome.
Sin poder evitarlo, soltó una risa por lo bajo, “No puedo explicártelo, Deryck. Simplemente nací así, mis papás me hicieron con mucho amor y yo aprendí cómo vestirme” se encogió de hombros, fingiendo un falso aire petulante. “Pues si te hace sentir mejor, te ves mejor sin nada” bromeó, “Pero tu carita compensa por todo. ¿Qué tal va la noche? ¿Mucha gente?”
Rodó sus ojos, con una sonrisa destilando entretención, la carencia de molestia en su rostro aplacaba el ceño fruncido. “Lamentablemente no puedo llegar sin nada a trabajar, aunque me lo he planteado,” bromeó, liberando el cabello de la morena finalmente. “Si yo te dije cómo te ves sin nada... No, no, me tachan de machista, seguro,” chasqueó su lengua, el americano estaba lejos de algo como eso. “Mh, sí, bastante. Pero conseguiré una buena paga con esto, así que me conviene. De no estar trabajando, probablemente serías mi pareja de nuevo.”