¿Qué es el romance para mi?
Compartiré algo muy personal que recientemente me ha sucedido. En los últimos 6 meses he tenido tres ataques de ansiedad.
Uno en marzo del presente año (2017) y dos en un transcurso de dos semanas.
Jamás en la vida (que yo recuerde al menos con esta magnitud) me habían dado ataques de este estilo. Me comienzo a alterar, mi hiperactividad toma control de mi cuerpo sin que me sea posible saber cómo quemarla y es un golpe de energía tan precipitado que me da, que siento me voy a ahogar en el; me agito, mi respiración empieza a ser cada vez más fuerte con bocanadas de aire demasiado grandes y dificultad para sacar todo ese mismo aire de una sola vez; mi cabeza empieza a dar vueltas, la siento pesada; se me quiere nublar la vista y comienzo a ahogar mis ojos en mis propias lágrimas.
No puedo controlar lo que me sucede, mi cuerpo y subconsciente se apoderan de mi y no yo de ellos; pierdo el control de todo, y mi cuerpo por la misma falta de oxígeno que no recibe el cerebro, se siente frágil y solo quiere caerse. Yo presumo de ser una mujer fuerte, tanto física como mentalmente. Puede que no tenga la musculatura de alguien que cargue objetos del doble de su peso, pero me mantengo en pie, antes las buenas y con más dificultad pero me mantengo, en las malas.
Cuando me ha dado un ataque de ansiedad todo tipo de pensamiento se me nubla de la mente, pero es muy extraño, porque al tiempo que se me nubla la mente, todos mis pendientes y pesares y tareas están presentes; tan presentes que no me puedo enfocar en ni uno solo y mantengo perdido el control sobre mí misma.
Se me entume la cara y la boca, mis llantos son incontrolables, no puedo parar; el pesar viene tan de adentro que ni siquiera sabría por dónde comenzar pues yo sé que hay cosas que me pesan, yo sé que existen cosas que me quieren tumbar o apretar tanto los pulmones y pecho que no puedo respirar; hay veces en que no entiendo nada de lo que me sucede que solo quiero apagarlo todo y no pensar en nada de nuevo; no pensar en nada que no valga la pena. ¿Vale la pena preocuparme por el orden de mis pendientes mañana? No. ¿Vale la pena preocuparme si no pagué el Internet o celular a tiempo? No. ¿Vale la pena estresarme por mudarme cuando aún ni siquiera tengo el dinero para pagar un nuevo departamento? Claramente no.
Pero todas esas inquietudes, sumadas a mis frustraciones por no poder controlar mi entorno, mi alrededor, mis oportunidades laborales y personales, son las que deciden, gracias a mi, juntarse y empujarme al borde de un ataque.
Hasta que sí llega a suceder.
Veo la ventana, me quiero tirar de ella. Veo el balcon, me quiero tirar de el. Pero no porque quiera terminar mi vida, sino porque quiero saber si apenas así, todo rastro de preocupación y estrés y frustración desaparece de mi.
Tengo a mi lado a un hombre que sin entender porqué, se mantiene a mi lado. Tengo a mi lado a un hombre que daría lo que fuera por mi y me recibe con gusto y preparación para pelear contra mis demonios e inseguridades.
Tengo a mi lado a un hombre quien presenció mi más reciente ataque de ansiedad y se quedó conmigo y peleó contra el, conmigo. Me ayudó a que no me ahogara en mi misma; me ayudó a que no me desvaneciera y permitiera que mi cuerpo mantuviera ese pesar dentro de mi, listo a aparecer de nueva cuenta pues no fue eliminado de mi mente ni cuerpo.
Él me pidió que me sentara cuando apenas se asomaba mi ataque, me pidió que le contara qué me sucedía y que lo fuera sacando de la manera en que se presentaba. Me abrazó cuando quebré sin saber porqué en llanto, y justo cuando empecé a hiperventilarme por excesiva respiración, intentó distraerme de ello y regresarme a la respiración normal y adecuada.
Mi cuerpo no me permitiría tener el control, pero he estado tan cansada que preferí dejarme llevar por mi ansiedad, por mi ataque, y así fue, me dejé arrastrar. Pero él no.
Él no quiso que yo lo dejara. Me cargó para levantarme y yo no pude forzar ni un músculo; me dejé caer, no podía ejercer fuerza salvo la que tiene el cuello para no dejar caer la cabeza, y ni así. Mi cabeza se caía empapada en llanto. Él me hacía la tarea de levantarla y forzarlo a verlo a los ojos; pero yo no podía. No podía ver nada, era peor que abrir los ojos bajo el agua. Mi pesar era tal e inexplicable que la única manera en que podía reflejarlo era a través de mi hiperventilación, debilidad y lágrimas.
Hay algo muy dentro de mi que desconozco y no siento otra alternativa para saber qué es mas que acudir con un especialista.
Tanto me he preocupado por mantenerme saludable, tanto física como mentalmente, comer bien, hacer ejercicio, trabajar en lo que me gusta; pero desafortunadamente llegué a un punto en el que permití que mis problemas cedieran de tal manera que sin darme cuenta, ya no desayunaba, comía un vaso de jugo verde, cenaba un cereal, si es que había leche, o cereal siquiera. La gente a mi alrededor me comentaba que me veía más delgada... que me veo más delgada; la preocupación está presente en mi rostro, ni el maquillaje, ni mis peinados, ni mis dientes blancos podían esconderlo.
Tanto que he platicado sobre la importancia de quererse y cuidarse a sí mismo, que yo he estado haciendo lo opuesto. Me he estado descuidando al punto en que me dio un ataque de ansiedad en plena estación del metro de la ciudad; tanto que me levanto de jalón y siento que se me baja la presión, tanto que al despertar siento un pesar de un día más y no un reto por llevar a cabo. He sido mi propia ironía. Y la he estado arrastrando por cierto tiempo ya.
Mi pareja, quien me ha puesto a prueba, para mí misma, nunca me dejó caer esa noche de mi ataque; me levantaba la cabeza cada que la sentía pesada, me quitaba el cabello de la cara, me hablaba de manera tierna, y preocupada y seria a la vez. Nunca me dejó sola en mi pesar. Y yo sé, que él estaba más asustado que yo, pues jamás había pasado por una situación como esta, menos con alguien a quien quisiera tanto y la tuviera colgada de sus brazos sintiéndose tan derrotada y vulnerable.
Llámenme cínica; pero este ha sido el momento que yo puedo llamar como el más romántico de mi vida. Puesto que el romance para mí, ya que es relativo, es una muestra genuina y pura de amor hacia una o entre dos o más personas. Martín, quien no estaba pasando por un buen momento debido a mi, decidió ponerlo todo a un lado y entregarse de una manera como pocas he visto o escuchado.
Quiero. Adoro. Respeto a este hombre.
Yo me encontraba completamente transparente y lista para ser abandonada por todo y todos. Él me hizo ver cuán equivocada estaba.
Tengo problemas para expresar mi sentir, lamentablemente es un tabú con el que me he desarrollado durante casi toda mi vida. Pero yo sé y siento con todo mi corazón que no estoy sola en mis pesares.
Escribo esto y lo comparto, a sabiendas que la gente puede ser cruel, porque sé, que existen más personas bien intencionadas que sabrán cómo tomar este escrito y reconfortarse posiblemente en el.
Somos humanos imperfectos, con fortalezas y debilidades, con miedos y pasiones, con anhelos y desintereses, con dudas y aciertos. Es normal que pasemos por cosas así. Pero no debería ser normal permitir que nos consuman nuestros pesares por temor a exponer nuestra humanidad ante el resto de la gente.
El romance es también demostrarnos amor, es también, de la manera más pura, ser honestos con nosotros mismos y cuidarnos y procurarnos. Vivimos todos los días con nosotros; parecería que no debiera haber de otra...
Creí que iba a ser un escrito corto.