Capítulo 8. "Bonjour"
Estoy justo aquí, debajo de la torre y son las ocho en punto. Está rodeado de turistas sacando fotografías, vendedores y gitanas. Mujeres que tienen una apariencia sucia y descuidada. Las puedes ver por todas partes intentando estafarte. Visten sus faldas largas y sus paliacates amarrados en la cabeza, cabellos largos y negros, maquillaje cargado. Ojos oscuros y mirada profunda, tanto que puedes sentir su energía cuando te preguntan si pueden leerte tu suerte. Te piden dinero, algunas te dicen que tienen hijos que mantener y otras hasta te lo exigen. Es increíble cómo se aprenden su discurso en varios idiomas, así no cabe ninguna duda de que no les entendiste. Mientras volteo a todas partes buscando a Dominique (mi Croata), una de ellas me toma la mano sin que me dé cuenta. Ya no puedo quitársela, porque verán, aunque no sea una gran devota o creyente de estas cosas, si creo en las energías y las malas vibras, y créanme, si éstas personas algo tienen pesado es precisamente eso, su energía. Se queda callada observando mi palma. La observa de la misma forma que yo observaría la Joconda si la tuviera enfrente. Sin decir una sola palabra levanta la mirada y me ve a los ojos. Yo no sé de qué manera interpretar su reacción, pero me cierra la palma tomándola con sus dos manos y las lleva hacia su frente como si estuviera orando. Me aprieta fuerte y dice algo extraño en un lenguaje que no entiendo. Ahora sí que estoy temblando ¿Saben lo que es tener a una de éstas mujeres diciendo Dios sabe qué cosas? Me mira y sonríe tiernamente. Bueno, después de eso me siento un poco más tranquila, aunque no del todo. Siempre he sido de las personas a las que no les gusta quedarse con la duda, así que le hago mil y una señas tratando de que me explique qué es lo que dijo, pero solo susurra en voz baja una palabra: “confiance” y se aleja entre la multitud. No soy experta en francés pero si se traducir esa palabra.
-Ey, ¡Espera!...
Le grito mientras trato de perseguirla, pero no logro alcanzarla. De pronto reviso mi bolso, mis bolsillos del pantalón y todo lo que pudiera haberme robado, pero nada, todo está en su lugar. No puedo imaginar qué fue lo que le hizo elegirme a mí para hacer su obra buena (o mala) del día, ya que no me pidió ni un solo peso. Volteo molesta a ver a Pierre (mi escolta) que más que escolta, parece un vegetal mal parado. ¿Qué acaso no fue contratado para eso? ¿Para protegerme? Aunque conociendo a Roger, seguro las órdenes que le dio fueron: “Cuídala de los hombres”
Pobre Ale, espero que en verdad esté muy enamorada de él porque es una de las personas más celosas y controladoras con las que he tenido que tratar en la vida. Por más que insistió para convencerlo de que debían venir conmigo y no dejarme sola con un extraño, lo único que obtuvo de él, fue un: “No te preocupes, ya me encargué de eso”. La verdad es que estoy segura que quiere deshacerse de mí por un rato… ¿y cómo no? Si Ale no hace otra cosa más que querer salir a pasear conmigo. A veces siento que toma el papel de mi madre, me trata como si fuera una niña chiquita que no entiende las cosas. Digo: si es verdad, tengo una fuerte debilidad por el género masculino, lo acepto. Y también acepto que cuando sufro por uno de esos especímenes raros, la primera persona a la que acudo para llorar y desahogarme, es ella; pero eso no denota que sea una mujer inmadura ¿Verdad? El punto es que ésta tarde lloró, gritó, se molestó y rogó a su novio que nos acompañara (lo cual fue todo un caso perdido) y es que Roger ya tenía planes para ellos dos SOLOS. Así que a mí Dominique, me cayó de perlas.
Bonjour, puedo verlo a lo lejos. Es bastante atractivo. No muy alto, de piel blanca como la leche. Cabello castaño y ojos azules como el mar. Es de facciones muy finas. Delgado y poco atlético, más parecido a un modelo de Calvin Klein. Trae una camisa un poco extraña, supongo que aquí o en Croacia la moda es esa. Me ve y se lleva la mano al cabello sonriendo de una manera muy coqueta. Se acerca a mí y me saluda con un beso en la mejilla que me hace vibrar todo el cuerpo.
-Bonjour bella. ¿Lista para conocer Paris de noche?
-¡Listísima! ¿A dónde vamos?
- A un lugar llamado “Chapelle”… Es muy divertido, te va a encantar
Me toma de la mano, me acaricia la barbilla con sus dedos y me guiña un ojo. Muy bien Liz, ahora estás caminando por París tomada de la mano de un extranjero ¡Y Pierre, por supuesto! Me siento como si fuera la hija de alguien importante y enserio, no está padre. Dominique se da cuenta de la presencia de Pierre y aunque después de explicarle sólo dijo:
-Comprendo
Se le nota bastante la incomodidad de ser observado.
Después de treinta minutos caminando, por fin llegamos al lugar donde será la fiesta. Es un bar no muy grande, con un letrero en la entrada de luz neón en color rojo “Chapelle”. La fachada es de ladrillo, nada moderna y mucho menos de buen gusto. La puerta es enorme, de madera muy antigua y un tanto descuidada; afuera hay un cadenero enorme, tipo Rocky que a leguas se le nota que es el de seguridad. Nos acercamos e inmediatamente nos dice que son veinte euros de cover… ¿Veinte euros?, ¿Y no le pierden?... Volteo a ver a Dominique quien inmediatamente saco sus veinte. Ya saben lo que eso significa: “¡¡¡Cada quien paga lo suyo!!!”… WTF ¡Nunca jamás te pasaría eso en México Elizabeth! Porque sí, tal vez mis hombres mexicanitos no sean los bombones que encuentras en el extranjero, pero de que son caballerosos, SON CABALLEROSOS y jamás dejarían que una mujer saque siquiera su cartera ¡fuera cual fuera la situación!
Trato de disimular mi incredulidad y con todo el dolor de mi alma saco los veinte euros de mi bolso. Dominique me ve emocionado como diciéndome: “Anda apúrate que ya quiero entrar”. Volteo a ver a Pierre, quien sólo se queda observando parado a un lado de la entrada. Que ni piense que yo voy a pagarle su ticket… ¡faltaba más!
-Aquí te quedas…
Le digo entre dientes mientras Dominique me jala de brazo para entrar. Se abre la puerta y casi me caigo para atrás cuando escucho “Suavemente bé-sa-me que quiero sentir tus labios besándome otra vez…” de Elvis Crespo. ¿Osea, cómo? Efectivamente, estaba en un bar latino. ¿Cómo por qué los extranjeros creen que tenemos ganas de salir de nuestro país a visitar lugares que “intentan” ser como nuestro país? ¡No lo entiendo! Es como ir a Estados Unidos a querer comer tacos, o ir a Italia a comer pozole… No, no, no… Queremos conocer el lugar, ver cosas típicas de ahí, comer comida de la localidad, ¡Todo lo que sea de esa región! …¡Para eso fuimos y nos gastamos nuestros ahorros! Pero bueno, no podía decir nada después de haber pagado mi propio cover. No estoy dispuesta a pagar veinte euros más por cambiar de bar. Así que me quedo callada, sonrío y le digo:
-¡Justo lo que quería!
Nos dan una mesa y nos dejan una carta de bebidas. ¡Santa Virgen de la concepción! Estoy a dos de darme un tiro o salir corriendo del bar. No es caro, es carísimo y seguramente mis bebidas también tendré que pagarlas yo. Inmediatamente identifico el trago más económico (que por supuesto es vino tinto). Es increíble como el tinto llega a ser hasta más barato que una botella de agua. Pido mi copa de vino (Con la cual pretendo hacerme wey toda la noche), Dominique se pide un Martini (que cuesta casi los veinte de la entrada)… ¿Saben? Dominique está convirtiéndose en feo. De pronto ya no es tan sexy y hasta comienzo a verlo un poco afeminado.
Mientras en la “Chapelle” tocan la canción más vieja de todos los tiempos: “La gasolina” de Daddy Yankee. Una de las canciones que más odio, sin decir el género que me parece de lo más vulgar. Estoy que me caigo del sueño, Dominique es para nada divertido ¡ni siquiera sabe bailar! Tiene dos pies izquierdos como todos los que no pertenecen a Latinoamérica y ya sabrán que no hay nada mas mata-pasión que un hombre que no baila bien.
Ok. Estoy por darle el último trago a mi copa, cuando al buscar a Dominique para darle la mala noticia de que con toda la pena del mundo, tengo que destrozarle el corazón porque ya me voy…¡ZAS! La que recibe la mala noticia soy yo: Dominique le está atascando la lengua a otro ¡HOMBRE!
-OMG…












