Desde la comodidad de uno de los taburetes frente a la barra, sus orbes color cielo recorrieron el panorama que tenía la osadía de llamarse fiesta, cuando definitivamente aquel término mantenía una definición un poco más escandalosa y poco refinada en el conocimiento del australiano. De pronto, entre los confines de su campo visual se encontró la figura de una mujer cubierta por una delicada tela azul grisáceo cuyas piedras le otorgaban un brillo que la hacía destacar entre las otras personas. La rubia cabellera que caía sobre sus hombros cautivó la atención del hijo bastardo del rey, mas bastó que aquel cuerpo girara sobre sus talones para que la perspectiva que el masculino sostenía hace unos segundos se ironizara de manera casi inmediata. Rió por lo bajo, alzando de la misma manera su vaso y disponiéndose a avanzar hacia la fémina mientras ésta terminaba sus burlescos comentarios. “Tienes suerte. En esta ocasión estoy apreciando tanto la compañía del alcohol que no pienso desperdiciar una sola gota. Claro, a menos que me digas que si te empapo ese vestido te lo irás a quitar, porque a decir verdad, está estorbando más de lo que debería.” Comentó con ese descaro que lo caracterizaba en todo momento, dominando sus palabras no solo por la calentura que, de por sí, lo acompañaba a donde fuese; sino también, la cuenta desconocida de tragos que ya había ingerido. “¿Qué hay de ti? ¿Esta vez si me puedes tomar en serio?” Inquirió con sorna, reiterando las palabras de la rubia en la ocasión previa. “Aunque claro, siempre podemos mantenerlo como algo casual.” Agregó finalmente en un doble sentido delatado por la pícara sonrisa que condecoró sus labios.
Incrédulas sus bien delineadas cejas se elevaron, mal acostumbrada estaba a ser quizá la única atrevida en la habitación capaz soltar comentarios tan directos como el que había manifestado el de orbes claras, así entonces la sensación de hallar un par en aquella manía no fue algo exactamente que la llenara de regocijo, su semblante se tornó de piedra en menos de un segundo, una pizca de diversión yacía viva aún en sus irises. “Wow, ¿estuviste estudiando esa oración para cuando nos volvamos a cruzar o se te acaba de ocurrir?” Ficticia fascinación, lengua filosa sin repudió y que en su embriagues pretendía clavar puñales. “ ‘Te quitaras el vestido, porque a decir verdad, estorba demasiado’ Vaya... Muy original.” Comentó con burlesca ironía al compás de un ladeó sosegado de cabeza, cual buscase un angulo distinto para observar al muchacho. Entre tanto, su mano juguetona menaba la copa de liquido exquisito, el cual no demoro ni un segundo más en volver a probar. Debía de ser justa, el chico era gracioso, no de una forma superficial, mas bien en su uso de palabras, como tejía esas telas arañas que la llevaron, poco a poco, a desvelar la doble intención sin ser explicita; ahí yacía la comicidad para la de hebras doradas, aún con el alcohol dominando su cordura ni siquiera la imagen mental fue capaz de formarse, curioso dado que pese a todo el príncipe, particularmente esa noche, ante los orbes de la oriunda de Bahamas, lucía un tanto atractivo. “¿De mí? Hum, te seré sincera: No puedo tomarte en serio, ni de forma casual...” Acompañó a su lengua con un mohín, como si sus oraciones revelaran una atroz verdad. “Pero quizá como un algo...no posible o muy lejano, puede ser.” Agregó, sumándose al juego del blondo, añadiendo una gota más de jocosidad al ambiente que los envolvía.