The end of something
Estoy a un comentario de terminar la “tesis”, en realidad en psicología, suayed, la llamamos manuscrito, incluso este comentario es parte de eso. Antes de enfocarme en las sugerencias de ese último comentario, quiero hacer un reconteo de este recorrido, se viene el final de una etapa, tal vez, la más significativa, 8 años de vida, dentro de un mundo y formando otro mundo que jamás imaginé conquistar para mí y en mí misma. Todo eso es para mí la psicología, ahora mi mundo, mi ser.
Decidí estudiar psicología por impulso, por destino, porque procrastinar no estaba de moda y ahora creo que ese era el porvenir que traté de negar y que terminó por encontrarme en la huida. En fin, el atajo ha sido un camino largo pero tan gratificante que volvería a recorrerlo y que estoy dispuesta a rerecorrerlo con estos nuevos ojos, nuevas manos, nuevos brazos, nuevas piernas, nuevos pies, nuevo cuerpo y sobre todo nueva cabeza que está dejando.
Recuerdo el primer semestre, enfrascada en la pensión, como una alucinación del paraíso académico, la emoción por la psicología se esfumó rápido, como todas mis emociones, se me fue entre las manos, realmente la pasión estuvo en la filosofía de la psicología pero después vino la psicología social y las representaciones sociales tiraron ancla, enseguida apareció personificado el psicoanálisis y ha sido una gran amiga, posteriormente la terapia narrativa, el enfoque narrativo y las prácticas narrativas se convirtieron en las bases de mi tripoide preferido que ahora estoy dispuesta a llevar conmigo a todos lados, a todas esas sesiones que esperan por mí.
Hoy apenas puedo creer que esté en la recta final del recorrido estipulado, jamás dudé que llegaría, es decir verdaderamente he confiado que esta era mi misión. Lo reafirmó el segundo ataque, la beca a Los Ángeles, los viajes a cdmx, la chica de monterrey, las chicas de Ian, y un tercer ataque. Mi destino era “curarme”, es “curarme” cada día, perdonarme y perdonar a los demás, por mi abuso; aceptar mi infancia, mi deseo, mi cuerpo, mi camino. Abrazar los desaciertos, abrazar la inocencia, abrazar mi feminidad y masculinidad, abrazar a las demás mujeres y solo a algunos hombres.
Asi es, a pesar de todo y con todo hay que tener reservas, el mundo no ha sido diseñado para mujeres como yo, quizá para ninguna mujer, poco a poco se han ido vislumbrando rincones sembrados por mujeres desde la mujer, es decir sin la imposición y aunque probablemente tampoco sea fácil para los hombres, no podemos negar que las ventajas se les han ofrecido mayormente a ellos y no es por recelo sino por seguridad que sigo teniendo reservas y ahora unas reservas sólidas, fuertes, firmes, que están atentas a la imposición del descuido hacia la mujer pero que están dispuestas a cuidarme “con uñas y dientes”.
Ya no puedo perder la brújula, ahora está en mí.













