Creí haberlo abovedado,
encerrado entre muros de silencio,
incluso enterrado bajo el tiempo.
Eso creía.
Pero bastó volver a ver su rostro,
volver a escuchar su voz,
para que todo aquello que juré haber superado
regresara de golpe,
y me dijera al oído:
“No, amigo…
a una mujer como ella
no se la olvida jamás.”
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Peregrino:
















