NO HAY MAÑANAS AMABLES
Logré ir a la terraza a buscar la ropa que había dejado tendida hace siglos. Conseguí poner un pie en el pasillo que no recordaba tan luminoso. Giré la canilla del agua caliente que era fría al tacto y volví a pensar en esa ironía cotidiana. Salí del universo paralelo.
Me sentía tan a gusto bajo las sábanas. Suplanté las caricias por el roce del algodón. La temperatura la regulé a mi gusto sacando una pierna afuera o un brazo. Leí al menos hasta tres veces los siete libros que estaban en la mesa de luz. Intercalé principios y finales de esas historias hasta encontrar la combinación que me hizo reír más. Memoricé cuatro párrafos y este te lo dedico a vos:
Tanto escándalo por un beso, ¿Qué cosa hay en un beso, Dios? ¿Y a quién le importa si son mis besos Si mis labios son míos. Y son de Leonardo. Si cuando Leonardo muerde mis labios, son mis labios los que muerde. Y no los de papá. Ni los de nadie?









