Amar también es dejar ir...
A veces hay que entender —y cuesta bastante— por qué uno se aferra a esas fantasías, a esas realidades que uno crea en su cabeza, cuando se está bañando o cuando está por acostarse. Pero esas ilusiones crecen cuando estás cerca de él, cuando coinciden las miradas y el momento se hace especial.
Y a veces uno intenta cambiar por una persona… o en realidad no. A veces uno espera que la persona haga algo. Porque a veces uno no se ilusiona solo; a veces también es la otra persona la que te tira señales ambiguas y cositas raras que te dejan pensando tanto, que en un momento ese “desconocido” empieza a ocupar de a poco un lugar en tu mente. Y pasan los meses, y cada vez que te lo cruzás, él sigue con sus señales ambiguas, con sus cosas raras, y más te da curiosidad conocerlo.
¿Por qué me importa tanto lo que haga?
¿Por qué me pongo mal si no me lo encuentro un día?
¿Por qué no puedo dejar de mirarlo?
¿Por qué no puedo dejar de pensarlo?
Y después de preguntarte todo eso, simplemente decidís dejarlo de lado, porque tenés otras cosas para ocupar tu mente. Y lo lográs. Lo dejás de pensar… por un rato
Y ese "rato" te hace entender que fue un tiempo pasajero. Pasajero como el lugar donde lo encontrás. Pasajero como la vida. Pasajero y fugaz como la hora de la mañana. Pasajero como el tiempo en el que ignoraste lo que sentías.
Las señales se hacen cada vez más débiles, hasta que ya no hay más. Vos hiciste lo posible para "encarar" esta situación. Y de paso estuviste observando las señales:
—Cuando me acerqué estos días, él se puso nervioso.
Pero igual, seguía siendo una señal ambigua…
Como dije antes, las señales se van deteriorando de a poco, hasta desaparecer por completo. Entonces ya no lo intentás más. Y esta vez, lo podés dejar de lado por un buen tiempo. Y sos feliz. No porque ya no te guste, sino porque ya no le prestás atención. Porque vos mismo te decís:
“Es una persona madura, yo no estoy para sus juegos.”
“Si no sabe lo que quiere, es su problema.”
Pero bueno, no nos vamos a centrar solo en el proceso —es importante, sí— pero no es a lo que quiero llegar.
Si querés entender lo que digo, tenés que sentirlo con el corazón latiendo. Cuando te acordás de esa persona que es fugaz, o desconocida, pero de quien te enamoraste absurdamente.
A lo que voy es que… a veces uno idealiza tanto que se olvida un poco de la realidad. O en realidad, sabés lo que está pasando, pero tus sentimientos, o el corazón, hablan más fuerte que los ojos o la mente. Pero en algún momento te vas a dar cuenta de lo que pasa. Y ahí es cuando creés que vas a poder decirte:
Pero acto seguido, cuando ya habías empezado a soltar, justo ahí, las señales dejan de ser ambiguas. Ahora parecen claras. Clarísimas.
Empieza a buscarte más. A mirarte distinto. A acercarse como si vos también le importaras un poco. Y te dice cosas que se ven distintas. Pero dicen tanto.
Y eso te confunde. Te dan ganas de creer que tal vez no estabas tan equivocado.
Y bueno… le diste espacio al corazón. Esta vez, el corazón habló más fuerte que la mente. Volviste a esa ilusión. A esa confusión. A eso que, de alguna forma, todavía te dolía pero también te hacía sentir algo.
Y por un momento, pensaste: “Capaz ahora sí.”
No fue tan rápido como para salir ileso, ni tan claro como para entenderlo de golpe. Fue lento. Fue incómodo. Las señales, otra vez, empezaron a hacerse más ambiguas. Otra vez, empezaste a dudar. Otra vez, el silencio, la distancia, el no saber…
Y empezaste a pasarlo mal.
Y ahí, en el fondo, entendiste. No porque alguien te lo explicara. No porque te cerrara todo. Entendiste porque tocaste el suelo.
Y si tocas el suelo, podés saltar.
Capaz que con el corazón tan roto que hasta un soplido del viento hace que cada movimiento duela.
Porque incluso después de perderte un poco, lograste volver a encontrarte. Y ahí sí, sin titubeos, te dijiste con firmeza: “me elijo a mí.”
Porque la muerte de una ilusión también es el nacimiento de una nueva versión tuya.
No podés suprimirte por nadie. No podés dejar que los comentarios negativos de las demás personas te afecten en lo absoluto. Y yo sé que es difícil. Pero vos tenés que ser feliz, y no importa con qué. No importa cómo te vestís, cómo caminás, cómo hablás, cómo gesticulás. NO IMPORTA.
Si eso te hace sentir como vos mismo, está bien. Por eso, cuando te guste alguien, tenés que actuar como vos igualmente. Y no importa si la otra persona te da bola o no. Porque en el caso hipotético de que sean novios, vas a tener que en algún momento ser vos. Y esa persona también. En algún momento todos sacamos el verdadero rostro a la luz
Y vos sos una linda persona. No le estás haciendo nada a nadie. Y eso viene con manerismos, con cualidades, con formas de actuar. ¿Para qué ocultarlo?
No me quiero aferrar a esa idea de “capaz que en otra vida sí funcione lo nuestro”. Ya el tarot me dijo todo. Y vos también me lo dejaste bien en claro: que esto podría funcionar, aunque sea con complicaciones. Y yo sé que estás pasando por un proceso que no entendés y yo si. Y a mí me gustaría acompañarte en eso.
Si vos me lo dijeras, yo dejaría todo y a todos atrás para ayudarte a entender esto que te pasa. Me gustaría darte un abrazo, un beso, y decirte que todo está bien. Que sos fuerte. Que sos valiente. Que nadie tiene derecho a denigrar tus gustos. Que es normal. Que yo voy a estar ahí para acompañarte siempre…
Pero bueno… parece que será en otra vida
Yo todavía sigo con la esperanza de que algún día pase algo entre nosotros. Pero eso no me va a parar más. Tengo que cortar este hilo rojo que nos une. Tengo que soltar —aunque me duela— esta ilusión que alimenté. Y vos me ayudaste.
Yo soy una persona compleja. Pero daría todo para estar ahí con vos, ayudarte a entender lo que te pasa… así como nadie lo hizo conmigo. Me gustaría que entiendas que para esto que sentís no hay un solo color o blanco y negro. Hay multicolores.
Y sí… capaz que en otra vida también te toque entender esto. Porque en esta, no estoy yo para ayudarte. Pero yo te deseo, de todo corazón y con toda la energía de amor que fue hacia vos, que puedas entenderlo. Para poder vivir mejor.
Porque esto que sentís no es confusión. Tampoco es pecado.
Y el amor es la fuerza más poderosa del universo.
Y vos sos una persona muy especial. Por eso lográs sentirlo, admitirlo y aceptarlo. Y lo más importante: aceptarte.
Por eso te amo. Pero tengo que dejarte ir de una vez…
Podrías haber sido solo otro pasajero más del transporte público —que fue donde te conocí— jajaja. Pero no fue así. Capaz que apareciste en mi vida para enseñarme algo. Y yo igual, en la tuya. Y puedo entender, y quiero entender, que fue así.
Así que nada… estoy igualmente contento por esto. Pero ya está.
No te culpo de nada. Y no estoy enojado con vos. Porque no tengo motivos. Y si los tuviera, entendería que sos un ser humano, con fallas y virtudes igual que yo. Y también un ser humano aprendiendo a amar.
Admito que voy a extrañar tu piel morena, tus lindos ojos, tu sonrisa, y tus labios color caramelo… pero bueno, supongo que algo de eso va a quedar en mi. No creo que deje de quererte. Porque todavía tengo un mes para verte. Pero bueno, a veces la vida es como el bus: te bajás antes o después… pero el bus sigue su rumbo.
La vida tiene que seguir su rumbo. Y a veces, me toca bajarme antes. A veces después. Pero tengo que seguir.
Y no he visto que nos hayamos bajado juntos… pero quién sabe.
Y no lo digo desde un lado de maldad o narcisismo. Simplemente, ya no me hace bien alimentar estas ilusiones. Y yo ya entregué todo: al universo, a Dios, a los santos, a todo lo que podía entregarlo para que pasen cosas.
Así que nada… si tiene que pasar, va a pasar.
Y si no… bueno, capaz que sí sea en otra vida.
No me imagino enamorándome así de otro…
Y sé que se me va a pasar.
Todavía me duele un poquito escuchar algunas canciones sin pensar en vos. Pero qué le voy a hacer.
Yo sé que acá estoy, para lo que necesites. Para cualquier cosa. Porque te amo.
Y por eso me despido de este amor.
Te dejo avanzar, como lo hace el bus.
Te dejo seguir tu camino.
Espero que algún día leas esto.
Yo siempre voy a vivir en uno de tus recuerdos felices.
Y vos siempre vas a vivir en mi corazón.
Y espero con ansias que algún día nos veamos y podamos hablar de estas cosas.
Y si tenés que ser feliz con otra persona,
yo también voy a estar feliz por vos.
Gracias por aprender a amar.
Gracias, gracias, gracias.
Todavía tengo en el pecho algo que no puedo escribir ni sacar.
Pero me dijeron que si uno puede escribir lo que siente, ya está resolviendo el 50% del problema.
Así que supongo que voy en camino.