No estoy tirando comentarios para atacarte, que tú lo sientas así… no es problema mío. Si quisiera atacarte, no lo haría con palabras, no pierdo el tiempo en ese tipo de cosas. Ya te habría tumbado en el suelo de un solo puñetazo. —Contestó despreocupadamente, encogiéndose de hombros y pasándose una mano por el cabello como si realmente no le importara hacer eso. Y sí, tal vez con una pelea terminaría poniendo en peligro sus estudios, pero ¿y qué? No era como si otra Universidad no fuese a aceptarlo. Era uno de los mejores de su carrera y a eso había que añadírsele que era uno de los deportistas más destacados. Ganaba por todos lados. —Si no me odias, ¿a qué viene tanta molestia de tu parte? Que yo sepa, no he hecho nada para molestar a tu persona, excepto el hecho de que me folle a la chica de la cual estás enamorado… pero eso no lo hice solo, ¿verdad? —Sonrió burlón, siguiéndole el juego y negándose a caer en la ira que estaba comenzando a nacer en sí mismo. Prefería que él cayera primero, ya que si no conseguía desahogarse con él, podía ir al gimnasio y dejarse llevar con el saco de boxeo. —Hmm. ¿En algún momento dije que quisiera quedarme? No me malinterpretes, Sophia era una entretención de lujo, pero no por eso iba a querer quedarme a su lado, besando el suelo que pisa como tú. Ya tiene un perrito faldero… y ese eres tú. Dudo que necesite otro, considerando que tú haces muy bien el trabajo de patético. —Las palabras venenosas escapaban de su boca antes de que él siquiera pudiera pensar en el lío que estaba formando. Tampoco era que le importase mucho, ya que los problemas para un chico Nathaniel eran trámites de toda la vida. —La verdad es que mi mierda está esparcida por todos lados aquí… y teniendo en cuenta que tengo que terminar de pintar esta pared, él que debería marcharse eres tú. A menos a que estés buscando a alguien especial, si yo fuera tú, comenzaría a buscarla en los baños, es uno de sus lugares favoritos. Pero ten cuidado, eh. Podrías pillarla acompañada.
¿Para qué los tiras entonces? Alguna intención debe de haber para que esparzas tú intimidad a mi persona. O es que acaso vas por el mundo diciendo con quién te acuestas o dejas de acostar como si fuese un trofeo, porque si es así, tío, crece — se mofó descaradamente, en su cara sólo había una constante entrega de sonrisas —, no es la secundaria donde tu popularidad se valúa con quién te acuestas y cada nueva conquista es un aumento de la patética personalidad que creas— encogió sus hombros, el desinterés era notable y quizás porque el joven no estaba atacando por puntos que realmente pudieran molestarlo. Y es que a estas alturas Dominik se sabía cada estrategia utilizada como simples ataques, la experiencia a veces era la mejor arma que una persona pudiese utilizar —. Odiar, odiar, odiar — canturreó, comenzaba a atrapar cada palabra utilizada en su contra y atraparla en una pelea de malabares propios — odiar y enamorado. ¿Te han dicho que eres un poco dramático con las emociones? ¿Acaso eres artista para traer tanta pasión a tus palabras? Pero, gracias, has demostrado mi pequeña teoría, te jode. Tú eres quien ha levantado su nombre entre los dos primeros, tú eres el que sostiene que te odio por lo mismo y que por consiguiente estoy enamorado — asintió, como si estuviese reflexionando sus palabras — ¿no te encuentras identificado en tus propias palabras? Deja de describir tus emociones en mi persona, porque mi respuesta es mucho más sencillo. No me jode, no estoy enamorado y no te odio — tuvo que morder el inferior de su labio para no estallar en carcajadas en aquel momento y el argumento era tan básico como predecible. Encogió sus hombros, desinteresado y sin mostrarse afectada la tranquilidad con la que había comenzado la discusión —. ¿Gracias? — su lado apacible, se mantenía latente en cada provocación aunque las fisuras comenzaron a formularse una vez que la constante referencia a la americana, se volvió la única temática de conversación y ensuciaba su nombre con cada comparación —. No tengas la menor duda que puedo hacerlo mejor, cualquier cosa que me proponga, Nathaniel. Si quiero ser patético, lo haré, y no tengo porque sentir ofensa alguna por ello. Pero nuevamente viene la interrogante más obvia ¿cuál es tú interés en mi rol de sumiso? ¿Estás necesitando encontrar alguno o pretendes conseguir un amo libre para que te dome a ti? Lástima, Sophia no sea la indicada, te pierdes de mucho— le dedicó un guiño, sus palabras se habían volcado al carril de la diversión y encontrando pequeñas situaciones jocosas en cada oportunidad brindada —. Al menos no la encontraré contigo, que fácil de reemplazar resultaste ser. Lejos de ser el primero, y mucho menos el último, pero no te enfades que esto no es una competencia.