Entrevista al Maestro Rotulista Martín Hernández Robles
Justo en el centro de la ciudad de México en el número 38-b de la calle República de Perú se encuentra uno de los últimos talleres dedicados a la rotulación hecha a mano, el maestro Martín Hernández Robles nos da la oportunidad de conocer su taller que por muchos años ha sido el lugar de innumerables historias y personas que han dejado plasmado por las calles, como sello de identidad, parte de sus vidas y pasión por este hermoso arte y oficio: el Rótulo.
¿Cómo fue que se desarrolló este taller?
Este taller tiene cerca de sesenta años establecido y siempre ha sido taller de rótulos, mi padre fue quien llegó a trabajar aquí en 1940. El taller se encontraba en la acera de enfrente, pero como era muy pequeño hubo la posibilidad de que rentarán este local y se cambiaron. Mi padre falleció hace ya 5 años y desde que él tenía como 8 años empezó como aprendiz.
La mayoría de la población no somos originarios de aquí sino que llegamos de otros lugares por conflictos de la revolución y nos establecimos buscando la posibilidad de conseguir trabajo, de estar más tranquilos, con menos violencia y nos convertimos con el tiempo en chilangos, pero la mayoría de nuestros padres y abuelos vinieron de provincia y aquí cambian las situaciones de labor, pues la gente de provincia se dedica al campo, a la agricultura o al pastoreo de animales, al llegar a la ciudad no tienen muchas opciones y trabajan en lo que pueden, mis abuelos no tuvieron las posibilidades económicas de que mi padre estudiará, lo trajeron desde muy niño aquí a la capital así que seguía usando sus huaraches y cuando llegaba a la primaria le hacían el famoso bullying, le decían indio y él por defenderse terminaba agarrándose a golpes con ellos, continuamente lo reprendían los maestros por defenderse y terminó por ser suspendido varias veces y no querer ir a la escuela, así que mis abuelos ante esta situación hablaron con el maestro rotulista Alberto Bernal Olivares (quien puso este local y quien trajo de Estados Unidos la forma de trabajar los rótulos) para que aceptará a mi padre como aprendiz, y el maestro aceptó.
(Uno de los últimos trabajos que quedan de su padre es este rótulo en estaño realizado para la famosa “Dulcería de Celaya” situada en avenida 5 de mayo #39 en el centro de la CDMX).
Como mi padre era muy pequeño no podía hacer muchas labores, su trabajo era barrer, trapear, lavar los pinceles y las brochas, preparar la pintura, porque antes no había pintura como ahora, se compraban los materiales que se iban a utilizar, había que prepararlos con pigmentos minerales y tenían que ir a diferentes lugares a comprar las sustancias para hacer en la tardes las pinturas, las preparaban por cubetas y de ahí las vaciaban en botes pequeños para que durarán, hacían los tonos básicos y los combinaban para obtener más colores. Ya posteriormente se le encomendaban más trabajos como las sombras de los rótulos o las bases de los lienzos que antes se realizaban sobre madera. Estuvo como aprendiz 8 años con el maestro Alberto y después se hizo independiente.
En esta pintura se encuentra el maestro rotulista Alberto a la derecha y después su hijos, el mayor y los otros dos que ya fallecieron, todos se dedicaron al rótulo y el único que sobrevive es el mayor que ya tiene 96 años.
¿De qué manera comenzó usted a realizar esta profesión?
Me interesé desde niño, en la familia somos seis hermanos, yo soy el mayor y el único hombre y por ser el mayor tenía que apoyar a la familia. A mi me gustaba la rotulación pero mi padre no me permitía hacer el trabajo aunque yo comencé así como comenzó él, lavar brochas, preparar pinturas, cargar la escalera, trazar, lo más que hacía era aplicar sombreado. Debido a las carencias que tuvo él, quería que sus hijos no tuviéramos esas mismas carencias que él de niño y decía que nuestra obligación era dedicarnos a la escuela pero era muy complicado porque el dinero no alcanzaba y había que apoyar a la familia, así fue como me involucre en el oficio. Yo comencé a trabajar la serigrafía y me dedique a eso de los 20 a los 35 años pero deje de hacerlo porque me comenzó a hacer daño el inhalar todos los solventes que se utilizan y fue así que comencé a dedicarme más a trabajar el rótulo hasta ahora, que es lo que sigo realizando.
Las personas muchas veces se quedan asombradas y me preguntan si utilicé un proyector y no yo no utilizo más que el trazo a mano y estarcido apoyado a veces de cuadrículas, pero ya ahorita veo a los jóvenes que hacen todo en la computadora, a mi me ha costado mucho trabajo aprender a usarla, sé mandar correos y abrir imágenes para que los clientes las vean, en mis tiempos no existía nada de eso.
Cuénteme un poco de la historia que tuvo el rótulo en esta calle, la calle de los rótulos.
Cuando yo comencé a dedicarme al rótulo, como en los noventa esta calle de República de Perú estaba llena de puros rotuladores desde Eje Central hasta República de Chile, éramos como unos trece rotuladores que teníamos nuestros establecimientos aquí y normalmente teníamos de cinco a diez trabajos por día, ahora solo cinco pero a la semana, unos se hacían aquí en el taller y otros a domicilio, cada taller contaba con varios rotulistas para poder sacar todos los trabajos que había en el día, unos se dedicaban más al rótulo en taller y otros a rotular en las calles pero siempre había trabajo, ya con el tiempo comenzó a decaer porque surgió el corte de lona y posteriormente la impresión digital, aunque la impresión digital se desgasta muy rápido, dura unos pocos años porque se decolora y cuartea por el sol y un rótulo a mano puede durar muchos años, el rótulo que está acá afuera ya tiene más o menos sesenta años y no se ha desgastado mucho. Todo este proceso pasó muy rápido y el trabajo disminuyó mucho, poco a poco fueron cerrando varios y se comenzaron a dedicar a otras cosas, unos taxistas, otros vendedores, ahora quedamos nada más dos de trece que había en esta calle.
¿Qué es lo que espera en un futuro?
Yo me propuse hace un tiempo estar unos 5 años más trabajando en este taller, ahorita ya ha pasado el tiempo y quisiera estar otros dos años más, yo sólo tengo una hija y a mi me hubiera gustado que aprendiera este oficio pero ahorita la juventud tiene otros intereses y está bien, uno no puede enseñar algo si no existe el interés. Yo lo que quiero hacer en estos siguientes dos años es compartir mis experiencias, porque yo soy de la idea de que a un maestro no se le puede llamar como tal si no enseña, si no comparte lo que hace, mi intención es compartir lo que yo sé a los jóvenes porque quizá de alguno de ellos surja uno que le gusté y se quiera dedicar a esto, esa es mi principal motivación en este momento, compartir mis conocimientos. Ahorita estoy dando talleres con un joven el Laboratorio Comunitario de Diseño y se han estado haciendo cosas muy bonitas con los niños, eso me motiva mucho.
Maestro rotulista Martín Hernández Robles.
Ubicación: República de Perú #38B CDMX
Teléfono: 55265313
Entrevista realizada por: Alma Millán (Behance)
En Don Rótulos nos dedicamos con mucho orgullo a difundir y apoyar la identidad popular mexicana que existe en nuestro país.














