Me miras y no hay que decir más.
—Permiso, ¿puedo pasar? —Golpeé suavemente la puerta de su oficina, que estaba entreabierta.
—Sí, adelante. Pasá y cerrá la puerta, por favor. —Escuché su voz suave. Obedecí al instante.
—Hola, disculpá. No sé si estás muy ocupada ahora, pero quería preguntarte algo. —Le dije con tono firme. Después de la conversación del día anterior, todo había quedado bastante tenso. De hecho, no habíamos vuelto a hablar. Ella cerró el cuaderno que estaba leyendo y me miró fijamente a los ojos. Suspiré.
—Sí, decime. ¿Es algo de trabajo?
—No... es sobre la conversación que tuvimos ayer. Me quedé bastante mal y después no volvimos a hablar... —Noté cómo su cuerpo se tensó, un gesto involuntario que ella hubiera preferido que no advirtiera.
—Mirá, no quiero hablar de eso ahora. No puedo, de hecho; tengo muchas cosas que hacer. —Respondió fríamente.
—Es que yo tampoco puedo hacer nada. No me puedo concentrar. Necesito hablar con vos. Preguntarte algo, en realidad. Para entender, porque si sigo con esta duda, me va a terminar matando.
—¿Qué duda? —Su voz sonaba preocupada, aunque trataba de disimularlo.
—¿Por qué no me contaste que estabas saliendo con Guillermo?
—¿Quién te dijo que estoy saliendo con él?
—No importa. ¿Están saliendo o no?
—Pff, increíble esto. No lo puedo creer...
—Ok, ya me respondiste. No te molesto más.
—Esperá, Sofía, no te respondí la pregunta.
—Con tu reacción, la verdad es que la respondiste clarísima.
—Salí una vez con él. Hace tiempo. Una vez y nada más. Pensé que nadie se había enterado, no tuvo mucha importancia.
—Para algunas personas, al parecer sí, porque siguen diciendo que hacen una hermosa pareja.
—Y quizás si hacíamos buena pareja...
—Pff, lo que me faltaba. Te dejo. Que tengas buen día. —Me dirigí hacia la puerta, pero ella tomó mi mano para detenerme. Su contacto me hizo estremecer.
—Esperá. No quise decir eso.
—Pero lo dijiste. Por favor, soltame. —Me soltó instantáneamente. —Te quiero hacer una pregunta más antes de irme, porque siento que necesito escuchar la respuesta. ¿Vos ya no me querés más, verdad? ¿Ya no estás enamorada de mí? —Sus ojos se llenaron de lágrimas y su mirada se clavó en la mía. Siempre me había cautivado su mirada, porque siempre me había mirado con amor.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Porque necesito que me lo digas de frente. Si no, no voy a poder superarte jamás.
—¿Vos... querés superarme? —Una lágrima cayó por su mejilla y rápidamente la secó con su mano.
—Quiero que me respondas lo que te pregunté. Con la verdad, aunque me duela.
Mirándome fijamente a los ojos, me dijo:
—Hace años, alguien me dijo que cuando encontrara a alguien especial, lo sabría porque nunca dejaría de quererla. No importaba si nos peleábamos, si pasaba tiempo sin vernos, o si simplemente nos separábamos. El amor duraría para siempre. No le creí; me pareció una tontería... hasta que te conocí. Sabés lo que sentí cuando te conocí. Sabés todo lo que me pasó, lo que vivimos juntas. Estuviste ahí. Así que, respondiendo a tu pregunta: ¿si te quiero? No solo te quiero. Sinceramente, te amo. ¿Si sigo enamorada de vos? Nunca dejé de estarlo. Sos el amor de mi vida. Aun después de meses sin vernos, sigo despertándome, pensando en tu sonrisa y recordando cada beso que me diste. Fueron muchos, pero para mí, nunca serán suficientes. Perdóname si no es lo que esperabas escuchar, pero jamás te voy a mentir.
A estas alturas, yo no podía dejar de llorar. Tenía el corazón lleno de amor, y la única forma de demostrárselo fue besándola. La besé durante un largo rato. La besé para que no olvidara que yo también la amaba y que iba a amarla siempre. Que todo lo que ella sentía, también lo sentía yo. Que no quería despertarme nunca más sin sus besos. Que a partir de ahora, haríamos todo lo posible por estar juntas.
Cuando nuestros labios se separaron, la miré a los ojos, esos ojos que siempre habían sido mi refugio, y le dije:
—No sabes cuánto necesitaba escuchar eso. Llevo tanto tiempo guardando esto dentro de mí, sin saber cómo decírtelo. Pensé que con el tiempo... que con la distancia... mi amor por vos se iba a desvanecer. Pero no fue así. Cada día, cada momento lejos de vos, me hacía extrañarte más. Te amo, con todo lo que soy, con todo lo que tengo. Nunca quise que te fueras de mi vida, y me duele pensar en lo que perdimos por no hablar antes. Pero no quiero perder más tiempo. No quiero perderte nunca más.
Ella me miró, ahora con una mezcla de alivio y felicidad en su rostro, y me abrazó con fuerza, como si no quisiera dejarme ir jamás.
—No vamos a perder más tiempo, susurró en mi oído. Vamos a empezar de nuevo, juntas, sin miedos, sin dudas.
Y en ese momento, supe que todo iba a estar bien. Que este era el comienzo de algo nuevo, algo más fuerte que cualquier tormenta que pudiera venir. Porque ahora lo teníamos claro: nos teníamos la una a la otra, y no íbamos a soltarnos nunca más.