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⋆ 𝗠𝘆 𝗔𝘂𝘁𝗼𝗿
𝑰𝑰 𝒑𝒂𝒓𝒕: 𝑵𝒂𝒓𝒓𝒂𝒕𝒊𝒗𝒂.
𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝟏
𝐓𝐡𝐞 𝐚𝐫𝐫𝐢𝐯𝐚𝐥 𝐭𝐨 𝐧𝐨𝐰𝐡𝐞𝐫𝐞
Su nariz se había acostumbrado ya al olor del estiércol seco y sus ojos a la falta de vida que se percibía a kilómetros de distancia. El cielo gris parecía nunca haber dejado pasar por entre las nubes ni el más mínimo rayo proveniente del sol y el pasto se había olvidado de crecer. A lo lejos, solo resaltaba una linda casita pintada en blanco que contrastaba con lo demás, como la luz del faro que atrae a un marinero que vuelve a tierra.
— Hasta aquí llego.
El hombre al mando de la carreta volvió la mirada hacia el camino por el que habían llegado y en ningún momento la dirigió a la joven que, confundida y algo aturdida por las largas horas de viaje, bajó arrastrando su única maleta que logró empacar antes de salir de aquel húmedo apartamento parisino en el que vivía. Inclusive el caballo que jalaba de los viajeros parecía querer evitar dirigir su atención hacia el destino que se le había impuesto a Haley unos días atrás, cuando recibió una carta de su hermano.
— ¿En verdad no podría acercarme un poco más? Tengo dinero. — Cuestionó mientras atrapaba un mechón de cabello que se agitaba con el viento, uno tan frío e inquieto que no podría avecinar nada bueno.
— Nadie cruza esa barda y regresa siendo el mismo, señorita. — La voz de aquel hombre tembló.
Haley paseó su mirada a unos escasos metros de ella, mientras escuchaba cómo poco a poco se quedaba sola, para encontrar una barda de madera que parecía haber atravesado por un terrible fuego mucho tiempo atrás. Aún así se mantenía de pie, casi imperceptible, igual de muerta que todo lo que se alcanzaba a divisar. "Estoy loca por haber aceptado..." repetía en su mente "completamente loca".
Fijó su mirada en la puerta frente a ella, haciendo caso omiso de su vista panorámica que le recordaba lo desolado del escenario alrededor de donde se encontraba de pie. Había caminado alrededor de 10 minutos y su cuerpo entero exigía una ducha. Tocó una, dos veces, y volvió a sostener su maleta frente a ella con ambas manos, apretando sus labios suavemente en espera de que alguien atendiera a su llamado. Casi de manera inevitable, sus ojos se resbalaron hacia una ventana donde un ramo de dalias rosas se asomaban tímidas con un suave agitar, dándole la bienvenida o quizás aconsejándole que se huyera antes de que fuera demasiado tarde.
— Jon- ¡Ey! Tú debes ser Haley. — Una brillante sonrisa la recibió tan pronto la puerta se abrió.
— ¡Hola! Marion, ¿cierto? — Reconoció a la que era la esposa de su hermano. Recordó la fotografía que unos meses atrás había llegado a su correo avisándole que había contraído matrimonio con una hermosa mujer, y tenía razón, su belleza la había dejado casi sin palabras. — Mucho gusto.
𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝟐
𝐓𝐡𝐞 𝐬𝐩𝐨𝐧𝐠𝐞
Una semana pasó y Haley ya sentía conocer de toda la vida a Marion; era una mujer muy rutinaria pero al mismo tiempo inmensamente misteriosa. Todas las mañanas parecía levantarse a la misma hora para tener el desayuno listo, siempre a las nueve en punto, ni un minuto más ni un minuto menos. Una suave sonrisa se dibujaba en sus labios siempre de la misma manera justo después de pasar la palma de la mano por sobre el mantel para alisar una arruga. Su rubia cabellera iba siempre peinada de la misma manera y los vestidos que usaba eran todos el mismo modelo pero de diferente color, uno para cada día de la semana. Y siempre, al terminar el día, le deseaba buenas noches a la joven invitada del mismo modo, mientras arrugaba el mandil que colgaba de su falda con ambas manos tras haber lavado los trastes sucios de la cena: "Fais de beaux rêves!".
Jonathan estaba poco tiempo en casa, por lo que no había tenido oportunidad de acercarse a hablar con él sobre el asunto que la había llevado a cruzar el país entero para verlo. Desde que salía hasta que se metía el sol, trabajaba en el jardín trasero pero Haley nunca logró comprender del todo qué era lo que su hermano hacía, solo sabía que cada tanto entraba a casa para beber algo y tomar uno que otro bocadillo que Marion, de manera continua, se aseguraba de tener al alcance. El llamado que este le había hecho días atrás por medio de una carta se debía a que, al parecer, a la rubia se le había detectado una enfermedad intratable que la dejaba con poco tiempo de vida. Sabía que necesitaba apoyo, a final de cuentas siempre habían sido solo ellos dos, desde que su madre había muerto debido a la llamaba 'Muerte Roja' y su padre había decidido quitarse la vida poco después. No iba a abandonarlo.
"Es raro..." pensó Haley una noche recostada sobre su cama, con la mirada puesta en la mancha del techo donde parecía haber existido una gotera antes de que llegara, "no la noto para nada enferma". Por alguna razón, desde que había llegado a esa casa se sentía más débil de lo normal, era como si la muerte que rodeaba aquel lugar absorbiera todo lo que a ella le restaba de vida. Por otro lado, conforme pasaban los días veía a Marion tener más energía, el rubor de sus mejillas había aparecido como nunca antes y la belleza de su sonrisa era aún más deslumbrante de lo posible.
De un momento a otro, sus manos sintieron un sudor frío y una sensación de vértigo recorrió su espinal dorsal antes de lograr percibir una silueta negra en un rincón de la habitación que la distraería de cualquier pensamiento que hubiese podido quedar volando en su cabeza. Parecía ser un hombre de más de dos metros de altura, vistiendo una larga capa negra y una máscara que cubría su rostro. La imagen de su madre bañada en sangre apareció por un instante en su mente y un grito quedó ahogado en su garganta antes de sumirse en una completa oscuridad.
𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝟑
𝐓𝐡𝐞 𝐟𝐚𝐥𝐥
Su pecho se infló como si fuera el primer respiro que daba en su vida y sus ojos se agitaron escudriñando su alrededor tan pronto despertó. Había solo una lámpara de gas prendida el fondo de la habitación pero la escasa iluminación fue suficiente para ubicarse en el sótano de la casa, aunque, ciertamente, lucía algo distinto, como su hubiesen pasado varios años desde la última vez que estuvo allí. La humedad y el olor a caño hacía pesado el respirar de manera normal, no soportaba seguir ahí, pero algo en sus muñecas la retuvo a lo que reconoció como un viejo camastro. Sus piernas se encontraban libres, por lo que solo intentó zafarse de los lazos de tela que rodeaban sus muñecas, ayudándose con los dientes y jalando con todas sus fuerzas sin importar que la sangre ya no circulara hasta sus dedos que poco a poco empezaban a sentirse hinchados.
Cuando finalmente logró liberar su diestra, sintió una nueva presencia. De inmediato recordó lo último que vio en su habitación antes de caer en completa oscuridad. Un apenas perceptible susurrar ajeno a ella la hizo dirigir su mirada hacia el rincón más alejado y un bulto en el suelo rodó hasta ser iluminado por la luz de la lámpara para después levantarse y estilizarse hasta topar con el techo. La silueta de antes volvió a presentarse frente a Haley y su boca se secó en un instante, su cuerpo se congeló y su corazón dejó de latir; estaba muerta de miedo. Sin embargo, sus ojos aún temblaban.
"Mi objetivo no eres tú". Tras lo que pareció ser una eternidad, una grave voz retumbó en la cabeza de la castaña y solo hasta entonces reaccionó. Sintió cómo el terror que invadía su cuerpo lo fue abandonando poco a poco. Desesperadamente, buscó desatar el lazo que aún la ataba a la cama para entonces saltar de esta y correr al pie de las escaleras. Antes de subir por ellas, giró el rostro hacia donde unos segundos atrás se encontraba aquel ser encapuchado que, más que buscar hacerle daño, parecía solo observar el escenario, pero este había desaparecido. Cuando al fin alcanzó a llegar al pasillo que atravesaba por el comedor para dirigirla a la entrada principal, su andar se detuvo de golpe. Todo a su alrededor lucía distinto a como recordaba: las paredes tenían el papel tapiz desgarrado, los muebles estaban destruidos, cientos de pedazos de vidrio roto dañaban sus pies y el olor a quemado parecía haber inundado el lugar desde siempre. Todo estaba muerto, quizás hasta ella también.
— Haley...
Su corazón casi salió de su pecho cuando una fría mano la tomó por el brazo.
— ¡Jonathan! ¿Qué es todo esto? ¿Qué sucede?
Haley se dejó llevar por su hermano unos escasos centímetros hasta que, estando al pie de la puerta del comedor, vio extendido sobre la mesa el cuerpo inmóvil de Marion completamente cubierto de sangre. La Muerte Roja había venido por ella.
— Y-Yo... No quería que me abandonara... De la misma manera en que lo hizo nuestra madre... — La voz de Jonathan se entrecortaba mientras mantenía la mirada fija al suelo.
— ¿Para qué me pediste que viniera? Tras un largo silencio, Haley al fin habló, como si acabara de entender todo.
— ¿Qué? ¿De qué hablas? — Jonathan titubeó, nervioso.
— Sí, ¿por qué siempre me evitaste? ¿Por qué... por qué me hacía sentir tan débil? — Miró de soslayo el cuerpo de Marion.
Jonathan se tumbó sobre el piso e irrumpió la habitación con un fuerte lloriqueo mientras se retorcía de dolor. "Quiso engañar al Dios de la muerte" -de nuevo, la mente de Haley se estremeció ante aquella voz- "Me ofreció otra vida a cambio, pero nunca pensó que la muerte es un destino fatal que no puede evitarse puesto que está escrito con tinta irreversible en la página de cada persona". La chica quedó estupefacta. "Hoy no es tu día. Sigue andando".
Por supuesto, no lo pensó dos veces. La puerta se cerró de golpe tras de ella y la hierba seca la recibió por algunos metros antes de que se detuviera, justo tras haber cruzado la barda de madera quemada. Se detuvo para girarse hacia el escenario del que había escapado y, con un fuerte estruendo, la que antes había sido una linda casa blanca en el centro de todo lo desolado se derrumbó y se perdió en el horizonte.
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