Para quienes alguna vez sintieron que no ser podría ser descanso.
“La identidad es una cárcel; el silencio, una forma de libertad.”
Un don nadie condenado al ser, a vivir.
Juro que si mi corazón se detuviera,
y mi río de sangre dejara de seguir su ruta,
no podría estar más satisfecho.
Dejar de ser… qué condena.
¿Quién seré si ya no soy?
Perplejidad e inconsistencia.
¿Qué muro debo vandalizar?
¿Qué historia debo quebrar?
Al dejar de ser, seré deidad. Nada más.
A gusto estaré, orbitando el lecho desconocido
del filo, del tiempo, de la nada.
¿Podré ver? ¿Tal vez caminar?
solo un fluido descosido de la realidad.
Injusticia y placer divino.
He dado fin a lo óseo, lo carnal.
Ahora danzo con los que ya no son, ni serán.
He cruzado. Imagino candor.
Soy una curva sin cuerpo,
un pensamiento mudo en la consciencia del todo.
Ni siquiera llego a ser intención.
Es inmutable... sin dioses.
Ni una sola pena se pasea por estos lares.
que la legitimidad absoluta de la nada.
No puedo pensar. No tengo con qué.
Solo vago en este ocaso flujo...
Si algo ha de existir, no me reclama.
No recuerdo si nunca fui,