Es interesante como, a lo largo de nuestra existencia, nuestra personalidad se va formando, y nuestra mente va trazando caminos que conectan ideas, sentimientos, criterios, valores y opiniones.
Intrincados cada vez más son estos senderos, y cada vez es mayor el peso que cargamos al no poderlos controlar.
Es en este laberinto de ideas en el cual nos dejamos llevar, en donde llegamos a sentir que nos perdemos a nosotros mismos, y desesperadamente tratamos de volver sobre nuestros pasos. Pero aquél con quién nos encontremos al final solo será un pobre reflejo, más nunca una realidad.
Pues el laberinto no perdona una decisión, un recuerdo ni un rencor.
Y es importante entender y aceptar que toda ruta que se traza hacia adelante, corrompe la huella de nuestro ser que dejamos atrás.
Volver es imposible, cambiar es irreal. Solo podemos aceptar el inevitable paso del tiempo en nuestro ser, dibujando pasajes que quizás nunca lleguemos a explorar. En un abrumador y extenso corredor, repleto de callejones, esquinas y secretos. Paz es recorrerlo aceptando a dónde te pueda llevar, y rindiédote a tu mente.








