EMPEZAR… AUNQUE ME TRABE
Hay algo que me viene pasando hace años.
No es nuevo.
Solo que ahora lo veo con más claridad.
Antes, cuando hacía videos en YouTube, elegía el camino cómodo: no mostraba la cara.
Usaba Loquendo, editaba, publicaba.
Estaba… pero sin estar del todo.
Y funcionaba.
Porque no tenía que enfrentarme a la cámara.
Después intenté hacer directos. Mostrarme. Hablar yo.
Y ahí cambió todo.
Me trababa.
Me ponía nervioso.
No fluía.
Era como si mi cabeza se adelantara a cada posible error. A cada cosa que podía salir mal. Y en ese adelantarse… me frenaba.
No fue solo en video.
También me pasó en teatro. Ese instante en el que sabés exactamente qué hacer… pero el cuerpo no responde. Los nervios toman el control. Y te desconectás.
Incluso en algo más íntimo.
Quise grabar un video contando cómo me había ayudado la meditación. Era importante. Personal. Real.
Y aun así, no salía.
Repetí varias veces.
No era natural.
Ahí entendí algo.
No es falta de ideas.
No es falta de ganas.
Es miedo.
Pánico escénico.
Ese que aparece cuando no hay edición que te salve.
Cuando no hay filtro.
Cuando sos vos, sin red.
Hace poco vi un video sobre perder el miedo a la cámara. No hablaba de guiones perfectos ni de actuar mejor.
Decía algo más incómodo:
Exponete.
Practicá.
Hablá como sos.
Y eso me hizo ruido.
Porque siempre intenté hacerlo “bien”.
Pero tal vez ese es el problema.
Capaz no se trata de hacerlo bien.
Capaz se trata de hacerlo real.
Así que esto es un intento.
No de ser perfecto.
De ver si puedo empezar.
De aceptar que me voy a trabar.
Que voy a repetir.
Que no va a salir como lo imagino.
Y aun así… quizás hacerlo igual.
Porque si no empiezo ahora, esto se queda en idea.
Y las ideas, cuando no se ejecutan, no pesan.
Se evaporan.
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