Dicen que no hay amor más grande que el amor de una madre por sus hijos, y es cierto, lo comprobé el día que me enteré de tu presencia, en el día en que me entere que tendría la dicha de ser madre. Nunca creí amar de esta manera, así sin conocerte, te convertiste en el amor de mi vida. Cuando supe de ti, experimente esa clase de amor que es capaz de superarlo todo, esa clase de amor que te dibuja la sonrisa por el simple hecho de saber que nunca más volverás a estar sola. Claro que tuve miedo, y mucho, pero el saber que vendrías al mundo a acompañarme me reconfortaba. Estuviste poco tiempo, en lo que yo llamo tu vientre de cuna. Tuviste una corta vida, pero ambas tuvimos una batalla muy larga, aunque ha pasado un año, aun tengo los recuerdos de cada uno de esos momentos que pasamos juntas. Cuando escuche tus latidos por primera vez, descubrí que lo que antes llamé felicidad no fue nada comparado con lo que sentí aquella vez, el escuchar el latido de tu corazón tan fuerte, me hizo darme cuenta que yo iba a hacer todo lo posible por escucharlo hasta el fin de mis días. Todas esas noches en las que me acariciaba el lugar donde yo pensaba que estabas, y te platicaba de todos los planes que tenía para nosotras, de porque ocurrían ciertas cosas en nuestra vida, porque teníamos que vivir ciertas experiencias, bueno, te hablaba de todo, principalmente de él, de tu padre. Querida Ximena, tú eras demasiado pequeña para que yo pudiera sentirte, al menos, físicamente...pero estabas ahí, lo sentía, lo sabía, ahí estaban tus latidos, ahí estabas creciendo poco a poco, y ahí estaba yo, amándote cada vez más. Tal vez no lo entiendas, tal vez nadie entienda porque tome la decisión que tome, y si en algún momento pensaste que no te quise, no podrías estar más equivocada, porque por nadie he tenido un sentimiento tan puro como el que tuve por ti. Pero el fin llego muy pronto, y no fue para mi. Te fuiste, hace exactamente un año que te fuiste de mi lado, a pesar de que a veces siento que sigues dentro de mi. Recuerdo la noche del 30 de enero que llegue a aquel puerto que me dio la noticia de tu venida al mundo. Recuerdo a mariana cuando me vio llegar, y ni siquiera pude decir otra cosa más que pedirle que te salvara, lo suplicaba una y otra vez. Incluso cuando me anestesiaron y me pidieron que contará, yo solo la miraba a ella y lo suplicaba. -quiero conocerlo, por favor, no dejes que se vaya. -Tranquila, todo estará bien. -no estoy lista Mariana, no dejes que se vaya. -tome su mano tan fuerte como pude y la mire con lágrimas en los ojos, que pronto comenzaron a pesarme demasiado para mantenerlos abiertos- necesita saber que lo amo, necesito cargarlo, necesito...amarlo. -pero ya no pude decir nada, aunque pude escucharlo, escuche como el médico te decía que no había nada que hacer, que ya no había latidos, quise moverme, quise salir corriendo de ahí, correr tan rapido y tan lejos que nadie pudiera alcanzarme y separarme de ti. Pero no pude, me quede dormida casi sin darme cuenta. Recuerdo haber despertado en esa fría cama, pero me negaba a abrir los ojos. Estaba consciente de que te habías ido para siempre y en ese momento solo quería irme también yo. Recuerdo que la enfermera dijo que no sentiría ningún dolor por la anestesia, pero si, estaba ahí, no era esa clase de dolor que alguna medicina pudiera disminuir, me ardía el pecho, me costaba respirar, el corazón dejaba de latirme, me dolía el alma…mas que nunca. Hable con tu padre esa misma noche, el juraba y perjuraba que estaba preocupado por mi, pero yo solo podía pensar que no entendía esa clase de preocupación. Él jamás estuvo a mi lado, pudo hacerlo, muchísimas veces, pero no lo hizo, no porque no pudiera, sino porque no quizo hacerlo, él jamás quizo ser parte de nuestra vida, y ni siquiera estuvo ahí cuando te marchaste, a pesar de que sabía lo mucho que yo lo necesitaba. Querida Ximena, ha pasado un año desde que te fuiste, un año que me ha costado muchas lágrimas, muchas noches en vela, muchas heridas y sobre todo, mucha terapia. Tal vez muchos no entienden esto, de hecho, desde que comencé a estudiar medicina lo vi de una forma diferente, aunque nunca dejó de doler. Una mujer es madre desde el momento que lleva vida dentro de su vientre...una madre no puede no sentir dolor por la pérdida de un bebé que sintió dentro suyo, no se puede ignorar eso, no se puede comprender que a una madre le duele, no se puede hacer de cuenta que el bebé que cargo en su vientre nunca existió. Y para mí, tú exististe, y fue tan increíble tu paso por este mundo que aún no puedo recuperarme completamente de tu despedida. Fue muy corta tu vida y muy larga tu batalla, ¡caray! Y pensar que yo ya me imaginaba toda una vida a tu lado. Y lo sigo haciendo, porque sé que estás ahí, en alguna parte. Querida Ximena, 365 días han pasado desde aquella madrugada cuando te arrancaron de mi, 365 días en los que sin falta, he pensado en ti. 365 días en los que solo he pensado en la historia de la penúltima letra del alfabeto, 365 días llorando por ti. 8760 horas en las que he estado buscando la manera de hacerte sentir orgullosa de mi, 525,600 minutos en los que tu recuerdo me ha acompañado en cada paso. Ha pasado un año, aún no puedo decir que ha dejado de dolerme lo que pasó, creo que nunca dejará de doler, pero lo que sí puedo asegurarte es que ya no soy ni siquiera una parte de aquella mujer rota y cobarde que te dejo ir. El no tenerte me obligó a cambiar, me obligó a superarme, a darle un giro a mi vida para poder llegar a ser todo aquello que te prometí. Y aunque en este momento no tenga mucho que escribir, a lo largo del día lo haré, tal vez son las lágrimas, o tal vez es simplemente que me duele tanto pensar en lo que pasó ese día que las palabras se niegan a salir. Yo he estado bien, estoy continuando mi vida, tal como lo hizo tu padre, y aunque a veces parezca que te hemos olvidado, no es así, tú estarás presente siempre. Tengo que dormir, porque si no lo hago, probablemente todos estos recuerdos me harán entrar en pánico, porque tengo miedo de que no vayas a estar esperándome del otro lado, y que si estás ahí, no puedas perdonarme... Te ama, con cada pedazo de su alma. Mamá.