Respuesta (no pedida) a “Lo fugitivo permanece: #yosoy132 a tres años” de Carlos Brito
Me gusta decir que fui un 132 interruptus. Como muchos jóvenes universitarios me sume a las protestas que tuvieron lugar en 2012, a propósito del contexto electoral que se vivía. Recuerdo la reacción que provocó en mí el desenlace de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana: el cambio está por venir. Decidí salir a tomar las calles, a recorrerlas gritando consignas y ver con ojos de orgullo cómo muchos ciudadanos mayores que yo, veían con buenos ojos que mi generación tomara las riendas.
Huí de aquello cuando aparecieron las asambleas y los intentos de control. Me pareció que la espontaneidad se había perdido y, si bien era menester una organización para el “movimiento”, no me apetecía pertenecer a él bajo los lineamientos que se establecieron. Como muchos, continué por la vía de la información, de buscar “otras opciones” y así contribuir a lograr el tan anhelado cambio. Al igual que esos muchos, me desilusiono al ver una sociedad ajena a sí misma, pero continúo desde mi trinchera aportando lo poco que puedo.
A 3 años de aquella “primavera mexicana”, varios son los que con burlas e insultos demeritan lo que los asumidos #yosoy132 consiguieron, el camino que recorrieron y se concentran un poco más en lo que “dejaron de hacer o pudieron ser”. A propósito de esto, Carlos Brito escribió en Horizontal un artículo sobre su paso por el movimiento y da algunas notas de lo que, a su parecer, ocurrió y ocurrirá con la transición mexicana que los jóvenes han (hemos, tengo 26) protagonizado, mismo que respondo a continuación:
#YoSoy132 fue un movimiento formado por varios movimientos
No lo creo. Se trató de una suma de causas que encontraron nombre en una consigna clara por derribar estereotipos. Me parece pertinente mencionar que 132 surge también por demostrar que los jóvenes no somos la “Generación Zoe” y que México nos duele tanto o más de lo que otros luchadores sociales han manifestado con el paso del tiempo.
En mi caso, soy anti PRI y anti EPN por muchas razones que no considero pertinente compartir en este momento, pero no me asumo como parte de un movimiento por eso, es mi opinión y punto. Válido es quien está a favor de lo ya mencionado o quien simplemente pasa de estos asuntos, pero me parece arriesgado sugerir que son motivos para formar parte de un movimiento, aunque quizá no fue lo que quiso decir Carlos, es la lectura que yo hago.
#YoSoy132 fue una movilización entre una serie de movilizaciones
Es posible. Muchas causas encontraron un foro de salida a través de #yosoy132, aunque otras pasaron desapercibidas. Esto decantó en una serie de movilizaciones que pasaron de mostrar hartazgo a demandar fuertemente resultados sobre puntos olvidados en la agenda del gobierno y de la propia sociedad.
Al ser la represión una constante en este gobierno, muchos de los 132 transmitieron su experiencia y llamaron a no dejar de insistir y gritar lo que el país necesita para cambiar, lo que ocasionó más movilizaciones y generó que las manifestaciones se legitimaran como mecanismo de protesta. Aunque para muchos sigan siendo un estorbo los “revoltosos” que, al parar el tránsito, deciden hacer visible una consigna, no se puede negar que las manifestaciones han generado opinión, cambios en la legislación y creativas formas de llamar la atención.
#YoSoy132 no es el #15M, ni el #15M es Podemos, ni Podemos es el único partido de indignados en España que ha participado en las elecciones
Completamente de acuerdo. Por alguna extraña razón hay quienes aseguran que #yosoy132 pudo haberse convertido en un partido político como única salvación a su causa, tal y como sucediera con Podemos en España. A esos quienes se les olvida que el sistema político y electoral de una nación y otra son completamente distintos, sin mencionar la educación de los pueblos y las historias que los han llevado a ser los países que son.
No voy a negar que las situaciones comparten rasgos que las hacen parecerse, pero eso no quiere decir que 132 haya arrojado un líder como Pablo Iglesias lo es para Podemos, o que el contexto de “El Bronco” sea similar al de Ada Colau en su calidad de candidatos independientes, ni que el #15M forje un camino similar para México en 2018, momento de la historia que sin duda será definitorio para nuestra nación y que comienza a construirse con los resultados de las elecciones intermedias recién ocurridas el 7 de junio.
#YoSoy132 fue un proceso formativo para una generación, no un fracaso
Sí pero no. Para sus protagonistas es posible recordar momentos en los que, casi sobre la marcha, tuvieron que aprender términos legales y preparar argumentos para demostrar que la clase política se equivocaba, además de asimilar procesos de organización y defensa de derechos, entre otras muchas situaciones. En este caso sí fue formativo.
Desafortunadamente el recuerdo que la mayoría tiene de #yosoy132 es de un rotundo fracaso. Quizá por la incomprensión del movimiento en sí o porque genuinamente lo sea, el común de la gente opina que el cambio no se produjo y que mientras existan gobernantes que “roben poquito” o “sepan robar”, no hay lugar para algo tan utópico como lo que intentaron perseguir aquellos jóvenes.
México atraviesa por una transición complicada, una revolución de pensamiento y, sobre todo, un momento de incertidumbre sobre un futuro que se produce gracias a un presente turbulento. Quizá ese es el mérito más grande de #yosoy132, haber sembrado la duda sobre el funcionamiento de nuestra nación, de lo que le espera en cada proceso electoral, de saber que la sociedad no sólo se une en desastres naturales, también en aquellos provocados por el hombre, pero especialmente, que existen ganas de cambiar, quizá sólo falta encontrar el método adecuado.