Permíteme decirte, vida, que no te siento; no te concibo, no te palpito, no te escucho, no eres más nada. Y yo mismo no soy nadie. Estamos, vida, tan lejos del uno y del otro. Estamos también demasiado lejos de lo que alguna vez fuimos. Hoy sólo quedan nuestros sueños. Y, déjame decirte, sólo anhelo una cosa: huir para siempre de ti.














