Mordió su labio y rodó los ojos al escuchar la respuesta del hombre ante su solicitud de identificación. Debió haberlo anticipado. Estaba claro que el leve destello de comprensión que había percibido en sus palabras minutos antes no era más que una ilusión, producto de su ingenuidad y la creencia de que siempre hay algo de bondad en los demás. Ese joven, probablemente armado, la estaba escoltando hacia un destino incierto. No podía relajarse.
Escuchó con atención lo que dijo a continuación: territorio McKenzie. Esa información no resolvía nada, pero luego mencionó a los ingleses. Si su conocimiento geográfico no fallaba, eso significaba que aún debía estar en el Reino Unido. Y sí, ese era su último recuerdo coherente: la visita a la casa de su tía Lily. Pero no estaba en casa, como había supuesto al principio.
"No soy inglesa", le explicó de inmediato, ignorando su orden de continuar caminando. "Estoy de visita en el Reino Unido", añadió rápidamente. Necesitaba dejarle claro que no tenía nada que ver con las extrañas disputas entre familias o clanes de los que el joven no dejaba de hablar.
"Por favor, solo quiero llegar a casa de mi tía. Tengo frío, creo que estoy lastimada... no soy una amenaza para tu familia ni para tu Rey", dijo como último intento de escapar, aunque no mentía. Estaba genuinamente congelada y, aunque intentara ignorarlo, una de sus piernas se sentía tibia por lo que creía que era sangre proveniente de una herida que había sufrido en su... ¿caída? En realidad, no entendía cómo había llegado allí, cómo se encontraba en esa situación, ni si se había golpeado la cabeza.
Él se detuvo en seco, algo en la voz asustada de la chica lo hizo vacilar. La sinceridad, aunque velada por el miedo, alcanzó alguna fibra en él que ni siquiera sabía que estaba tan al alcance. Algo no cuadraba. No sentía que ella estuviera actuando, que la inocencia y la sorpresa que mostraba fueran solo un disfraz. Quizá era el miedo genuino que la invadía o la forma en que sus ojos se movían frenéticamente, como si intentara encontrar una salida donde no la había.
Después de un breve silencio, abrió la boca, aunque dudó antes de hablar. "Mi nombre es Alex..." dijo, casi en voz baja, pero en el fondo se arrepintió de inmediato. ¿Y si ella era una espía? ¿Y si acababa de cometer un error, revelando su identidad? Se preguntó.
"No eres inglesa... ¿De dónde vienes?" La pregunta salió casi sin pensarlo, y antes de que ella pudiera responder, la siguió con más insistencia: "¿Y quién demonios es tu tía?" La irritación teñía su tono, pero la verdad era que no podía dejar de observarla. Era una sassenach, eso estaba claro. Y eso significaba que no podría mentirle. No aquí, no ahora.
Viendo que ella apenas podía mantenerse en pie bajo la lluvia helada, el instinto de Alex tomó el control. Sin pensarlo demasiado, la tomó del brazo, tirando de ella hacia el camino embarrado. No se detenía a evaluar si lo hacía por bondad o por obligación. Quizás era un poco de ambas cosas. Solo quería que llegaran a un lugar seguro y, secretamente, tal vez quería ver a la chica un poco menos aterrada, al menos por un momento. Sabía que la tormenta no era lo único que la estaba golpeando.














