Energias fósiles y renovables
Energías fósiles y renovables Parte de los avances y desarrollo social y cultural del mundo han sido el avance e innovación relacionada con las formas de generación de energía. La problemática del cambio climático y la creciente demanda energética a nivel mundial está ocasionando que los intereses de su producción sean, cada vez, más amigables con el medio ambiente. Anualmente la demanda energética aumenta en un 2.47% (Estrada, 2013). Las políticas mundiales se están enfocando para que, en el 2030 (entre la que se subscribe la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), haya una transformación del sistema mundial de energías, en la que se considera una economía baja en carbón; las fuentes de energía primaria que mayor crecimiento están teniendo son las de gas y las Energías Renovables. Los países latinoamericanos, cuentan con abundantes recursos renovables y se han hecho esfuerzos importantes para ´ avanzar en el uso de las tecnologías que aprovechan las fuentes de ER. El potencial solar y de energía a partir de hidroeléctricas y parques eólicos es grande pero los recursos y las tecnologías para su implementación en la región es muy limitado. El avance en innovación de tecnologías hace mucho más cercana la posibilidad de cambio del sistema energético, por uno más amigable con el medio ambiente. Aunque los combustibles fósiles han satisfecho y asegurado, por años, el acceso a la energía para garantizar la calidad de vida en muchas regiones, los impactos relacionados al cambio climático han puesto el reto de optar, invertir y generar un sistema mucho más sustentable desde lo económico, lo social y lo ambiental. “Más del 80% del requerimiento de energía a nivel mundial se basa en el consumo de combustibles fósiles, cifra que en Latinoamérica es del 74% (International Energy Agency). La necesidad de energía a nivel mundial se ha duplicado en el periodo 1973-2014. En Latinoamérica, el requerimiento energético en el mismo periodo se ha triplicado, con una tasa de crecimiento superior a la media global, tendencia propia de las economías en desarrollo. Por otro lado, la alta dependencia de recursos fósiles contaminantes y extinguibles ha hecho que paulatinamente se haya incrementado la participación de las Energías Renovables.” (Barragán, Zalamea, Terrados, & otros 2019) El progreso continuo en el desarrollo de nuevas tecnologías ha aportado confianza y esperanza de lograr estos objetivos en el sistema energético. Las drásticas reducciones de precios y el avance tecnológico de los molinos de viento y la energía solar fotovoltaica han demostrado que estos recursos de energía renovable pueden desempeñar un papel importante en los sistemas mundiales de electricidad y que los avances decisivos, anticipados desde hace mucho tiempo, en tecnología de almacenamiento eficaz en función de los costos cambiarían de forma sustancial las matrices energéticas primarias. En Latinoamérica se han implementado varias estrategias para emprender la visión sostenible del desarrollo urbano y rural. “En este ámbito, muchas de las políticas orientadas a resolver problemas locales se moldean según criterios provenientes de experiencias europeas o anglosajonas. Se requiere, sin embargo, que alternativas que promuevan la gestión urbana sostenible —como la promoción de la eficiencia energética, estrategias constructivas pasivas, sustituciones tecnológicas o el empleo de energías renovables— sean analizadas desde lo local.” (Barragán, Zalamea, Terrados, & otros 2019) Algunas investigaciones asegura que “para alcanzar un desarrollo 100% sostenible, con un sistema energético basado en energía renovable, requiere avances tecnológicos, mayor desarrollo investigativo investigación-desarrollo, políticas regulatorias, disponibilidad de recursos acceso a capital de bajo costo y aceptación pública, entre otros factores, pero no solo son importantes las políticas, sino su implementación. Por ejemplo, aunque el 25,4 % de la energía en Alemania es generada por fuentes renovables y el mayor objetivo político del país es la transición energética, las políticas financieras de la Unión Europea impedirán que se alcance el objetivo 20-20-20, que se reduzca la generación de gases de efecto invernadero, así como el costo de la energía. Por el contrario, crecerá drásticamente la importación de gas” (González, 2015). Un futuro 100 % renovable requiere de investigaciones, tecnologías, recursos y sobre todo, de políticas adecuadas. “La atención se concentra actualmente en la incorporación de las investigaciones, la tecnología y los recursos, de forma integrada a la red, para lo cual se necesitan sistemas flexibles y redes inteligentes, así como en las formas de almacenaje. La energía fotovoltaica ofrece un futuro promisorio a partir del incremento de su eficiencia y la reducción de los costos” (González, 2015)..















