Varios minutos eran los que habían transcurrido durante su paseo por la refinada estancia que la ministra le proporcionó desde su llegada a Altissia, alcanzando una esquina para luego volver a la otra, preso de los nervios. Largos eran los años que permaneció alejado de su estimado amigo y a pesar de que no habían perdido el contacto entre ambos, esa sería la primera vez que volvían a verse desde su infancia cara a cara, sin fotografías ni cartas o mensajes con los que comunicarse, y Prompto era incapaz de mantener la serenidad que su cargo requería. Sus dedos se enredaban entre ellos, jugueteando en busca de calma conforme las agujas del reloj avanzaban pausadamente. Aquello no dejaba de ser debido a la percepción del oráculo, quién tan solo poseía un único objetivo en mente.
La noticia de la llegada del príncipe a la ciudad envuelta por agua no pasó desapercibida a los oídos del joven, más aún cuando le confirmaron que este se dirigía hacia su ubicación. ¿Cómo debía tratarle? Ambos eran de la realeza pese a pertenecer a distintas familias, pero no por eso eran simples desconocidos. ¿Continuar con el protocolo, o dejarse guiar por el anhelo de reencontrarse con su más allegado?
No obtuvo mucho más tiempo para atinar con una de las opciones que en su mente proyectaba; la entrada al provisional aposento que le organizaron se abrieron con una inaguantable lentitud, dejando entrever poco a poco una conocida silueta. Reconocería los familiares rasgos del muchacho en cualquier parte, pese a que estos habían perdido toda la niñez y encanto que recordaba con cariño, tornándose estos en unos adultos, firmes. Dignos de alguien merecedor del trono al que en poco tiempo ascendería.
Su corazón golpeaba con violencia, incluso dudaba de que sus latidos pudieran escucharse desde la posición contraria. Ahogando un suspiro y tomándose las libertades, dio un paso hacia el umbral, acortando la poca distancia entre ellos.
Era tan extraño tenerle tan cerca ahora, cuando durante tanto tiempo estuvieron alejados el uno del otro. —H-Hola, Noct.... Quiero decir... —Hasta último momento, aún dudaba de cual era el mejor modo para referirse al hijo de Lucis. Aclarando su garganta, comenzó de nuevo su saludo. Ambos eran nobles, debían actuar como tal. No por eso lograba rectificar la cálida sonrisa que persistía en sus labios. —Príncipe Noctis. Tenía muchas ganas de veros... Al fin.