No tengo miedo de morir solo. Tengo miedo de sentarme conmigo mismo y seguir sintiéndome un extraño, como si mi mente fuera una casa donde nunca he vivido.
Tengo miedo de morir con un desconocido que pasó la vida espiándose en el espejo, tratando de atraparse en su reflejo, solo para descubrir que al final la gracia era no verse del todo.
Pero supongo que da igual. Mi tumba no llevará mi nombre y quizás sea lo justo. Después de todo, nunca supe bien quién era. Que me llamen como quieran o que no me llamen en absoluto












