La escuelita de fútbol femenino de Juniors jugó el primer partido preeliminar de la Liga Cordobesa.
El pasado sábado, las niñas de Juniors pisaron la cancha principal, tiraron al arco, corrieron el andaribel, ocuparon los vestuarios, armaron la charla técnica allí y también salieron por el túnel. Disputaron la identidad deportiva e institucional entendiendo que el derecho les corresponde a todes.
El crecimiento de los espacios de desarrollo para infancias en materia de fútbol es un fenómeno visible que se viene gestando paulatinamente a largo de varias ciudades.
Mientras los grandes clubes de Córdoba deciden implementar el desarrollo de sus escuelitas femeninas, estos procesos también se suscitan en el interior de los barrios populares. Enmarcadas en una amplia variedad de recursos, fuertemente inequitativos y contextos divergentes. Así, en la ciudad podemos reconocer al menos más de 25 escuelitas en funcionamiento.
Si bien cada institución deportiva adquiere una impronta propia en cuanto a objetivos u horizontes, nadie puede negar que en varias oportunidades estos espacios se gestan solo como vidrieras de un tema emergente. Proceso visible que se materializa en negaciones concretas por parte de los clubes: espacios, indumentaria, acompañamiento, involucramiento, promoción de sentimiento de pertenencia, invisibilización de los cuerpos técnicos, precarización laboral, etc.
Tal panorama abre el juego a desarrollar estratégicamente decisiones de visibilización para crear caminos que sean posibilitadores de otros sentidos, que rompan con la indiferencia institucional e impulsen la disputa de espacios y derechos.
Un resultado claro de este proceso es lo que sucedió el pasado sábado por la mañana en el Club General Paz Junior, ubicado en Arenales 529. Institución que cuenta desde el 2018 con escuelita para infancias y juventudes, el cual fue gestado por profes jugadoras de la primera división. El espacio viene creciendo de forma exponencial en cuanto a matrícula, encuentros disputados, entrenamientos y desarrollos. Sin embargo arbitrariamente se les niega el reconocimiento, el espacio, la inclusión, la gestión y las instalaciones (al igual que a la primera división del femenino).
En contrapartida, el compromiso del cuerpo técnico ha vislumbrado formas de quebrantar, poco a poco, ese paquete de impedimentos.
Por lo que las niñas de la escuelita pudieron jugar el primer partido preliminar a la primera división del fútbol femenino de Liga Cordobesa.
Y lo hicieron ahí, en el barrio, en el club, en la cancha grande, a lo grande, en las tribunas y en los vestuarios, en la alegría de los colores y la identidad deportiva. Salieron al césped, todas juntas, y se sacaron la foto estando intercaladas. Traían papeles en sus manos, y al levantarlos las letras formaban un contundente mensaje: otro fútbol es posible. Como eran más jugadoras que carteles disponibles, también organizaron un presente para entregarle a la terna arbitral (compuesta en su totalidad por mujeres).
Del otro lado del alambrado, sobre las tribunas blancas y azules del club Juniors, estaba la familia, alentando y bancando un proceso de reivindicación en contra de las formas absurdas de gestión institucional y deportiva.
Luego de varias gestiones con el órgano de reglamentación (la Liga Cordobesa de Fútbol), el cuerpo técnico logró sentar un precedente histórico. Cabe destacar que el club no estuvo al tanto de la jornada ya que, posiblemente hubiese puesto trabas. Por lo cual, ese mismo día los dirigentes se enteraron y ya todo estaba sucediendo como para encontrar alguna excusa de oposición.
Y la escuelita no solo ganó una conquista significativa para sí, si no que además compartieron el espacio de visibilización con la escuelita de fútbol Arcoiris. Espacio de formación y desarrollo situado en las sierras chicas de Córdoba con sólo un mes de creación.
Así, las pibas viajaron a compartir una jornada de goce y disfrute, de jugar en una cancha profesional, y todas juntas habitaron los privilegios que solo están reservados para los varones.
Son estos sucesos los que nos permiten entender la necesidad de la disputa, la negación de derechos frente a sujetes que dejaron la sumisión en las generaciones anteriores y que hoy son protagonistas de un proceso de transformación social.
Las infancias y las juventudes vienen a marcar un camino distinto. Porque saben, escuchan o les cuentan que las cosas están cambiando, que la lucha se alzó por una profesionalización y que el derecho les corresponde a todes por igual.
El crecimiento de los espacios de desarrollo para infancias en materia de fútbol es un fenómeno visible que se viene gestando paulatinamente a largo de varias ciudades.
Mientras los grandes clubes de Córdoba deciden implementar el desarrollo de sus escuelitas femeninas, estos procesos también se suscitan en el interior de los barrios populares. Enmarcadas en una amplia variedad de recursos, fuertemente inequitativos y contextos divergentes. Así, en la ciudad podemos reconocer al menos más de 25 escuelitas en funcionamiento.
Si bien cada institución deportiva adquiere una impronta propia en cuanto a objetivos u horizontes, nadie puede negar que en varias oportunidades estos espacios se gestan solo como vidrieras de un tema emergente. Proceso visible que se materializa en negaciones concretas por parte de los clubes: espacios, indumentaria, acompañamiento, involucramiento, promoción de sentimiento de pertenencia, invisibilización de los cuerpos técnicos, precarización laboral, etc.
Tal panorama abre el juego a desarrollar estratégicamente decisiones de visibilización para crear caminos que sean posibilitadores de otros sentidos, que rompan con la indiferencia institucional e impulsen la disputa de espacios y derechos.
Un resultado claro de este proceso es lo que sucedió el pasado sábado por la mañana en el Club General Paz Junior, ubicado en Arenales 529. Institución que cuenta desde el 2018 con escuelita para infancias y juventudes, el cual fue gestado por profes jugadoras de la primera división. El espacio viene creciendo de forma exponencial en cuanto a matrícula, encuentros disputados, entrenamientos y desarrollos. Sin embargo arbitrariamente se les niega el reconocimiento, el espacio, la inclusión, la gestión y las instalaciones (al igual que a la primera división del femenino).
En contrapartida, el compromiso del cuerpo técnico ha vislumbrado formas de quebrantar, poco a poco, ese paquete de impedimentos.
Por lo que las niñas de la escuelita pudieron jugar el primer partido preliminar a la primera división del fútbol femenino de Liga Cordobesa.
Y lo hicieron ahí, en el barrio, en el club, en la cancha grande, a lo grande, en las tribunas y en los vestuarios, en la alegría de los colores y la identidad deportiva. Salieron al césped, todas juntas, y se sacaron la foto estando intercaladas. Traían papeles en sus manos, y al levantarlos las letras formaban un contundente mensaje: otro fútbol es posible. Como eran más jugadoras que carteles disponibles, también organizaron un presente para entregarle a la terna arbitral (compuesta en su totalidad por mujeres).
Del otro lado del alambrado, sobre las tribunas blancas y azules del club Juniors, estaba la familia, alentando y bancando un proceso de reivindicación en contra de las formas absurdas de gestión institucional y deportiva.
Luego de varias gestiones con el órgano de reglamentación (la Liga Cordobesa de Fútbol), el cuerpo técnico logró sentar un precedente histórico. Cabe destacar que el club no estuvo al tanto de la jornada ya que, posiblemente hubiese puesto trabas. Por lo cual, ese mismo día los dirigentes se enteraron y ya todo estaba sucediendo como para encontrar alguna excusa de oposición.
Y la escuelita no solo ganó una conquista significativa para sí, si no que además compartieron el espacio de visibilización con la escuelita de fútbol Arcoiris. Espacio de formación y desarrollo situado en las sierras chicas de Córdoba con sólo un mes de creación.
Así, las pibas viajaron a compartir una jornada de goce y disfrute, de jugar en una cancha profesional, y todas juntas habitaron los privilegios que solo están reservados para los varones.
Son estos sucesos los que nos permiten entender la necesidad de la disputa, la negación de derechos frente a sujetes que dejaron la sumisión en las generaciones anteriores y que hoy son protagonistas de un proceso de transformación social.
Las infancias y las juventudes vienen a marcar un camino distinto. Porque saben, escuchan o les cuentan que las cosas están cambiando, que la lucha se alzó por una profesionalización y que el derecho les corresponde a todes por igual.