Entiendo que no me elijas, de verdad, entiendo cuando no soy yo.
Agrietando un poco el suspiro que te doy, del dolor que vive en mi corazón.
Platico de mi misma con la rareza en mi reflejo, Y pinto mi cabello con las tardes color añejo
No logro avanzar sin las ganas de llorar, me he dejado vaciar y ni así te he logrado soltar.
Déjame ahogarte en las letras, somos lo que no tuvimos y eso me mata.
No has sabido irte, y yo no he podido olvidarte.
Ahora me he arrugado la vida, como quien pasa el desayuno en melancolía.
Es el segundo de otra vida donde no te he podido soltar ni siquiera en mi cobardía.
De mí es el fantasma de un beso, sabor de tus labios, mi reflejo; las cosas que recuerdo ahora, serán las mismas que ya no volverán. Para qué diré tu nombre si todo lo que tuve fue una noche, una sola noche que fue especial.
Y vivo con la memoria perdida de haber sido una estrella fugaz en tu jardín, de la media noche que acaba en un desliz.
Dónde yo no puedo aferrarme a una sonrisa. Tú, tú, solo tú, vives, en mis sueños y fantasías.












