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No importa cuando desee escapar de mí. El siempre encuentra la manera en la que agarrarme y dañarse con la realidad mientras mi miedo me atormenta y me deja inmóvil sobre el frío y húmedo suelo. Donde puedo correr, donde puedo gritar las cosas sin que nadie me mire con ojos apuntando flechas envenenadas que sólo hacen que la poca visión de mis ojos desaparezcan. Donde están mis armas, mi escudo, mi espada... Arruinados por el óxido, por las lágrimas saladas, por la.sangre. Cómo puedo decir la realidad sin que nadie me quiera sentenciar a muerte, sin que nadie desee golpearme para sólo ocultar la realidad? . Déjame escapar y absorberme en la penumbra del desierto, dejame caminar en un rumbo donde las luchas y los problemas se resuelvan con ojos abiertos y no con puños cerrados a ciegas. Porque la realidad no lastima, la ilusiones son las que nos asesinan de a poco. Déjame que la penumbra me envuelva en su manto. Déjame caer sobre la hierba humeda por el frío me deje apreciar la risa que le causa a las estrellas. Déjame gritar mi llantos y a mis miedos escapar sin necesidad de retenerlos, de atarlos a mí. Déjame observar cómo en cada palabra detona mi corazón al romperse. Déjame ver cómo la gente sonríe a mi alrededor, sin preocuparse, sin que nadie me mire. Déjame desaparecer de entre ustedes, de entre la gente que no puede ver más allá de lo que su cerebro atrofiado por la sociedad deja. Déjame volverme un ente en la vida de los demás. Déjame importar solo apenas un poco, solo un poco. Déjame aquí. Sólo aquí.















