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@etherealxdragonfly
#when you really want to spill out some hot gossip
DOWNTON ABBEY (2010-2015)
Then will you? You must say it properly. I won’t answer unless you… kneel down and everything.
“I’ve got a hundred million reasons to walk away. But, baby, I just need one good to stay.”
credit © exposrto
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Ester Expósito for MUJERHOY
Narcissa Malfoy
I can smell autumn dancing in the breeze. The sweet chill of pumpkin, and crisp sunburnt leaves.
Happy Autumn Day everyone! 🎃
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤ ɪ'ᴍ ʏᴏᴜʀs ㅤㅤㅤㅤ ㅤ ㅤ — 𝐼'𝓂 𝓎𝑜𝓊𝓇 𝓪𝓷𝓬𝓱𝓸𝓻 , 𝓎𝑜𝓊'𝓇𝑒 𝓂𝓎 𝓈𝒽𝒾𝓅. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— 𝐼'𝓂 𝓎𝑜𝓊𝓇 𝓈𝒶𝓁𝓉, 𝓎𝑜𝓊'𝓇𝑒 𝓂𝓎 𝓽𝒆𝓺𝓾𝓲𝓵𝓪 . ㅤㅤㅤㅤ— 𝒩𝑜 𝓂𝒶𝓉𝓉𝑒𝓇 𝓌𝒽𝒶𝓉 𝓉𝓇𝑜𝓊𝒷𝓁𝑒𝓈 𝓌𝑒'𝓁𝓁 𝓂𝑒𝑒𝓉 𝑜𝓃 𝑜𝓊𝓇 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝓌𝒶𝓎: 𝓈𝓉𝑜𝓇𝓂 𝑜𝓇 “𝓁𝑒𝓂𝑜𝓃𝓈”.. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— ..𝒲𝑒'𝓁𝓁 𝒶𝓁𝓌𝒶𝓎𝓈 𝒷𝑒 𝓈𝒶𝓋𝑒𝒹 𝒷𝓎 𝒆𝓪𝓬𝓱 𝓸𝓽𝓱𝒆𝓻.
@midnightxglitter
conzyricamora :
What should your ideal woman wear?
I learned that you can’t have any expectations with life. You never know what’s going to happen.
Lili Reinhart and Camila Mendes discuss their series “Riverdale”
Bella Heathcote for Jalouse, 2016
@missxcherrylips
@midnightxglitter
∟ ♥ Callahan Bóroimhe & Geneviéve d‘Angerville ♥
@missxcherrylips
“There is never a time or place for true love. It happens accidentally, in a heartbeat, in a single flashing, throbbing moment.”
@midnightxglitter
La indignación fue obvia en el rostro del hombre, también en el tono de su voz –Hago más que eso –aunque, si lo pensaba de verdad, ella tenía razón; como siempre. Leonard no tenía un trabajo como tal, porque el dinero que le entregaban al haber sido contratado como escritor venía a pesar de que no pudiera escribir una sola palabra ya que Dáiríne confiaba en que tarde o temprano le entregaría un trabajo impresionante, algo tan maravilloso como su primera obra, quizá incluso mejor pero podía ver en el rostro de la princesa que las excusas que ponía a diario comenzaban a no tener el mismo resultado que al principio –También te aconsejo cuando lo necesitas, aunque jamás me escuches de verdad –en realidad lanzaba comentarios sobre su forma de vestir o de actuar con la vana esperanza de que la rubia se relajara un poco a su alrededor; no había sucedido hasta el momento –Alguien tiene que tomar el puesto. Sé que normalmente es responsabilidad del padre o de un hermano pero estoy aquí para ti, Athalia. No quiero que termines casada con alguien incorrecto –dijo, cerrando la boca tan pronto como la abrió. El alcohol lo hacía más honesto de lo que podía controlar -¿Y cómo sabrás que es el indicado? ¿Vestirá de gris? –negando despacio –Tienes que abrir tu mente a la posibilidad de que el hombre con el que vas a pasar el resto de tu vida no debería ser ni siquiera un poco similar a ti –Ni él mismo estaba seguro de porqué le interesaba asegurarse de que la profesora no terminase con el primer idiota que pidiera su mano. Los Dioses sabían que él no estaba en posición alguna de intervenir si eso pasaba -¿Tienes algo más? ¿Estás diciéndome que detrás de todos esos vestidos horribles que amas usar hay algo mejor? –En lugar de molestarse, le sonrió –Señorita Kavanagh, debo decir que es usted fascinante –él creía conocerla a la perfección pero tal vez había algunas cosas que pasaban desapercibidas ante sus ojos. Se prometió en silencio prestar más atención a la joven mujer.
-La tengo la mayor parte del tiempo, pero insistes en llevarme la contra –eso era lo que más disfrutaba de estar con ella. Que a pesar de que se suponía que debía mostrarle respeto por ser el sobrino de quien pagaba sus cheques, Athalia lo trataba como su igual, de hecho, de vez en cuando tenía la sensación de que ella incluso lo veía como alguien inferior, más nunca había sabido la razón –Los amantes son algo que todo el mundo tiene –insistió, disfrutando perversamente de la reacción escandalizada de la joven –Es lo que sucede cuando un matrimonio no funciona y la mayoría de las esposas son conscientes de ello –las damas de sociedad preferían fingir que no notaban las manchas de lápiz labial en las camisas o el perfume barato emanando de la piel de sus esposos pero todas lo sabían en el fondo –Los rumores dicen que también las mujeres tienen la oportunidad de invitar a alguien más a su cama si lo desean –él lo había hecho dos veces. La primera había sido una mujer un par de años mayor que tenía una imaginación tan salvaje como sus fantasías pero que lamentablemente estaba casada con un hombre aburrido y la segunda, ¿qué podía decir? Había alcohol, ella era bonita, rubia e irritante. En la oscuridad, la mujer lucía como alguien importante, alguien que escapó de su mente tan pronto la sobriedad lo golpeó –Nunca. No veo el punto de un matrimonio. Aunque podría hacerlo, ya sabes, traer a alguien a esta casa para que puedas discutir con ella y no conmigo –jamás lo haría. No cambiaría la diversión de discutir con la rubia por nada ni por nadie. La miró de forma condescendiente –No puedo encontrar lo que no estoy buscando. ¿Por qué quieres verme casado? ¿Tanto te fastidia mi soltería? –Sí, entendía que a veces la música y las risas se filtraban desde su estudio al resto de la casa, pero ella siempre estuvo cordialmente invitada a formar parte de la alegría, no era su culpa si lo rechazaba todo el tiempo –Además, el alcohol y yo somos parte del mismo paquete. En el dado caso que lograse encontrar una mujer que llamase mi atención, ella tendría que entender que no voy a cambiar –no podía hacerlo. No cuando la locura aparecía cada vez que estaba sobrio. Era resignarse a vivir en el infierno por alguien, renunciando a su vida, a su mente… No, no podía pasar por ello de nueva cuenta –Frustrante, quisiste decir; frustrante –dijo, esperando que lo escuchase antes de cerrar la puerta -Pueden pensar lo que quieran -fue el murmullo que ofreció como respuesta a la nada.
Comenzó a sacudir la cabeza sin ser capaz de encontrar su voz todavía –No, no… no es eso, no quise decir eso –Leonard tenía carisma, lo había tenido desde siempre y el alcohol ayudaba a que el encanto sobresaliera de forma natural pero ahí, parado en esa habitación frente a la mujer más hermosa que había visto en su vida, era como si tuviera trece años y no supiera como hablar con el sexo opuesto. Respiró profundamente, con la mano todavía sobre la mejilla tersa de la fémina –Es el color perfecto para ti –eso no era lo que quería decir. Quería decirle que lucía como una encarnación de Afrodita, que en ese momento sentía la necesidad de cruzar el poco espacio que los separaba y probar sus labios por primera vez pero, las palabras no estaban ahí. Sólo un vacío y el sonido de su corazón en los oídos –Vas a ser la envidia de todo el mundo –inclinó el rostro antes de morderse interiormente la mejilla –Tengo algo para completar esto –con mucho esfuerzo, se obligó a retroceder por donde había venido agradeciendo la distancia momentánea para luego entrar a la habitación que utilizaba su tía cuando se quedaba ahí. Abrió la pequeña caja con joyas y tomó una cadena dorada de donde pendía un diamante en forma de lágrima para luego reencontrarse con Athalia –Permíteme –no iba a pedir permiso porque la energía que vibraba a su alrededor estaba cargada con adrenalina, con deseo y algo más que no podía reconocer, cosa que resultaría volátil si comenzaban a discutir. Ajustando el collar en ella, dio un paso atrás para admirar su obra maestra. Sí, el libro que escribió le había dado fama en varios reinos, sin embargo estaba más orgulloso de lo que estaba viendo –Perfecta –
La rubia tuvo que contener la risa sarcástica al percatarse que realmente se había molestado con aquel comentario. –¿Ah si? Entonces cuéntame... ¿cuándo me dejarás maravillarme con tus nuevos escritos? Porque dos meses deben ser suficientes como para haber redactado uno o dos. – Era realmente frustrante el darse cuenta de la realidad de Leonard y de cómo se dedicaba a desperdiciar su talento, llevando una vida de libertinaje y a pesar de que Athalia pasaba gran parte de su tiempo peleando con él, sentía impotencia al no haber descubierto todavía la manera de ayudarlo, de inspirarlo a que siguiera el camino correcto aunque probablemente también se debía a que estaba obligada a involucrarse lo menos posible con él. –Eso no es verdad, sí te escucho pero a veces creo que tus consejos van más allá de los límites de la moralidad. – Musitó, frunciendo el ceño mientras se cruzaba de brazos como si intentase protegerse de él. –Claro y de todos, precisamente fuiste tú quien decidió adoptar ese papel, tú que no me soportas y irónicamente está preocupado por mi bienestar a futuro. – Lo observó con cierta curiosidad, preguntándose de nueva cuenta porque seguiría insistiendo con aquel tema insoportable. –Por supuesto, vestirá de gris, será un amante de usar los cepillos como arma de defensa y tendrá colgado un rosario alrededor del cuello. – Hizo el intento de una mala broma pero una diminuta sonrisa apareció en las esquinas de sus labios. –No lo sé, en realidad nunca me he puesto a pensar mucho en ese tema ya que es probable que jamás me case al no encontrar al hombre perfecto para mi y termine viviendo en alguna casa en medio del campo donde pueda tocar el piano libremente y viva rodeada de gatos. – Aquel panorama no era del todo agradable pero Athalia jamás se había sentido digna de merecer la atención de ningún hombre, cosa que su padre, se había encargado de recordarle a menudo. –Puede ser, pero tu solo te has tomado la molestia de juzgarme en base a ellos y por eso no has descubierto otros aspectos de mi vida. – Parpadeó un par de veces ya que su elección de palabras no había sido del todo adecuada. –¿Fascinante? Creí que era desquiciante...
–Y de nuevo estoy en desacuerdo, a veces la tienes, sólo a veces... – No podía negar que a veces los mordaces comentarios provenientes del escritor eran bastante acertados pero a Athalia le costaba aceptar la cruel realidad de las situaciones y prefería mantenerse al margen ya que sabía el peligro que correría si es que comenzaba a desafiar su mente inquieta e intentaba conocer la otra cara de la moneda. –Esa es una terrible mentira, Tressler. – Continuaba expresándose con aquel tono escandalizado y sus manos automáticamente se dirigieron hacia la cruz dorada que colgaba de su cuello. –No siempre la vida va a ser perfecta pero justamente por eso la pareja debe trabajar para solucionar esos pequeños problemas y buscar la forma para que la relación funcione.– Realmente le escandalizaba la simple idea de compartir la cama con un hombre diferente, siendo su cuerpo lo que ella más valoraba pero le perturbaba más el hecho de saber que había quienes no se conformaban con uno y eran capaces de meter a su cama a uno diferente cada vez que estuvieran aburrida y su expresión delataba lo que sentía en aquellos momentos. –No gracias, digo, puedes traerla si gustas pero no creo que le convenza la idea de tener a una joven profesora rondando por su casa así que prefiero ahorrarme problemas y desaparecer el día que estés listo para dar ese gran paso. – Hablaba rápidamente aunque de nuevo sus palabras estaban teñidas por la amargura al imaginar que algún día encontraría su reemplazo con quien pasaría horas enteras envuelto en grandes discusiones pero pronto se reprendió mentalmente ya que el único propósito que Lia tenía en aquella casa era el de encontrar la forma para que Leonard controlase su magia antes de desatar el caos y debía mantenerse firme dentro de su papel. –Yo no dije que te quiero ver casado, simplemente es un comentario ya que sería la etapa siguiente en tu vida pero esa es decisión tuya. – Suspiró con cierto fastidio. –¿No dejarías ese vicio enfermizo por la mujer que amas? Egoísta... – Enarcó una ceja, observándolo con cierta severidad aunque no estaba segura si hablaba realmente en serio pero se limitó a abandonar la habitación, negando con la cabeza bruscamente y resoplando al saber que realmente le resultaba frustrante su presencia.
Athalia lo observó con cierto agobio y angustia, aunque esta última se debía al extraño sentimiento de verse reflejada en el espejo y por primera vez sentirse realmente hermosa con un vestido aunque no estaba segura de que Leonard compartiese esa percepción. –Entonces... ¿qué quisiste decir? – Preguntó en voz baja aunque sentía que el corazón pronto se saldría de su pecho si es que este continuaba latiendo con semejante fuerza y Leonard no retiraba la mano de su mejilla. –¿Eso... eso crees? ¿No es demasiado, no me juzgarán mucho? Es.. Demasiada piel descubierta... – Respondió, siendo imposible ocultar la angustia que sentía a pesar de que su mente intentaba convencerla de que no se veía mal ataviada con aquella prenda diferente. –No lo creo, Leonard... – Por un momento, la rubia se olvidó completamente de respirar. Podía jurar que Leonard emanaba cierta energía y ella era capaz de palparla gracias a la cercanía pero aquella corriente eléctrica le erizó la piel y la obligó a quedarse inmóvil aunque al sentir que retrocedía, la joven observó con cierta tristeza como comenzaba a alejarse de ella mientras que sus manos jugaban con la cadena de oro que se había quitado antes de colocarse el vestido. –No, no esto es demasiado y yo no merezco esto... – No podía negar la fascinación provocada al sentir el frío diamante contra su piel pero sentía que estaba corrompiendo alguna norma espiritual al dejarse llevar por la belleza de un simple vestido y una joven. –Leonard no puedo, no puedo salir así... Tienes que ir tú sola, no soy una acompañante digna de ti... – Quería correr y esconderse en el baño ya que se sentía avergonzada al estar permitiendo que Leonard atravesase aquella delgada línea que Lia había trazado entre ellas y de la cual había jurado jamás atreverse a cruzar.