¿Cuál es entonces la relación entre lo desconocido y lo conocido? ¿Qué relación hay entre lo mensurable y aquello que no es mensurable? Algo debe unirlos, y eso es la inteligencia. La inteligencia nada tiene que ver con el pensamiento. Usted puede ser muy talentoso puede argumentar muy bien, puede ser un gran erudito. Puede haber experimentado, haber vivido una vida formidable recorriendo el mundo entero, investigando, buscando, mirando, acumulando gran cantidad de conocimientos, puede haber practicado el Zen o la meditación hindú. Pero todo eso nada tiene que ver con la inteligencia. La inteligencia surge cuando mente, corazón y cuerpo están en armonía.
Por lo tanto sigan esto, señores- el cuerpo debe ser altamente sensible. No obeso, no entregado en demasía a la comida, a la bebida, al sexo y a todo cuanto hace que el cuerpo se embote, se torne grosero, pesado. Ustedes tienen que comprender todo eso. El mismo acto de verlo hace que coman menos, da al cuerpo su propia inteligencia. Si existe una percepción alerta del cuerpo si no se lo fuerza, entonces el cuerpo se vuelve muy, muy sensible, como un bello instrumento. Y lo mismo con el corazón; o sea, que éste nunca es lastimado ni puede lastimar a otro. No lastimar y no ser lastimado, ésa es la inocencia del corazón. Una mente que no tiene miedo que no exige placer lo que no significa que ustedes no puedan gozar la belleza de la vida, de los árboles, de un rostro hermoso, que no puedan contemplar a los niños, el fluir de las aguas, las montañas y los verdes prados en eso hay un gran deleite Pero ese deleite, cuando es perseguido por el pensamiento, se convierte en placer. La mente debe estar vacía para ver con claridad. De modo que la relación entre lo inmensurable, lo desconocido y lo conocido, es esta inteligencia, la cual nada tiene que ver con el budismo, con el Zen, conmigo o con usted: ella nada tiene que ver con la autoridad o la tradición. ¿Han dado ustedes con esa inteligencia? Eso es lo único que importa. Tal inteligencia actuará en este mundo moralmente. La moralidad es, entonces, orden, y éste es virtud. No la virtud o la moralidad social, que es totalmente inmoral.