Tenía que reconocer que cuando puso un pie en tierras canadienses, él junto a su hermana no imaginaron nunca que encontrarían a hablantes hispanos. Y bueno, si bien habían un par de españoles en los pasillos de la universidad, jamás se le pasó por la mente el encontrar compañeros latinos, así que la amistad con la argentina suponía algo que nunca quiso creer, mas sucedió de todas formas, y siendo completamente honesto consigo mismo, el poder hablar en su idioma natal le brindaba una clase de regocijo que no experimentaba hace mucho. “Siempre tengo buenas ideas, no te pases de lista.” Mencionó con desgano, entornando un poco sus ojos mientras apoyaba sus muñecas contra el colchón para levantarse de la cama. “Y ahora eres tú quién tiene buenas ideas, ¿lo ves? Por cosas como estas te conservo.” Se encogió de hombros, avanzando hacia la salida al hacer un ademán con su cabeza. “Vamos, entonces. Aunque, ¿de terror? Son como las cuatro de la tarde, Euge.”
“¿Siempre? ¿Estás seguro?” cuestionó en lo que sus pardas orbes se iban achinando, buscando así molestar de cierta forma al chileno a su lado. Rápidamente lo acompañó en la tarea de incorporarse y finalmente abandonar el cómodo colchón, buscando entonces entre sus cajones la llave de la habitación para poder salir del lugar y dejar la puerta trancada, siendo que sus compañeras estaban fuera también. “¿Sos alérgico a algo? Digo, para saber si hay que limitarnos a la hora de escoger” intentaba informarse la morena antes de añadir: “¿qué tiene que sean las cuatro? No pongas excusas, si te da miedo, podés decírmelo y prometo no burlarme.”













