¡Edición limitada! (@Eureka)
a-t-nea:
Junto a la exclamación de la castaña algunos clientes se acercaron a mirar, incluido el propio dueño. Una de las empleadas fue a agarrarlo para poder examinarlo debidamente, pero justo cuando fue a acercar la mano el ratón se abalanzó violentamente sobre ella, descargando electricidad. Por suerte no era un Pokémon muy fuerte, pero de todas formas el dueño del negoció retiró al Pokémon del hombro de su trabajadora.
—”¿Estás bien?—la joven asintió con una débil sonrisa, se oyeron varios suspiros de alivio—¿Es alguien el dueño de este Dedenne?”—Preguntó el hombre, preocupado.
La gente murmuraba. Parecía que fuera quien fuera el entrenador, no estaba allí. Atenea estaba algo molesta. Había que ser bastante irresponsable para dejar a un Pokémon por ahí, solo. Los Pokémon son amigos, compañeros. Abandonar a uno de esa manera era horrible.
La agredida trabajadora le murmuró unas cosas a su jefe y salió de la sala, en dirección al pequeño almacén del fondo, solo apto para empleados. Atenea deseó que no le hubiera pasado nada, pero solo podía pensar en Dedenne.
—Disculpe—comenzó, algo tímidamente—, yo podría buscar a su entrenador, y en caso de que no apareciera podría hacerme cargo de él.—Ofreció.
El león le lanzó una mirada de reproche, ¿y si despertaba y decidía atacar a Atenea? Ella no estaba precisamente bien de salud, y tener que duplicar su medicación no sería muy divertido. Pyroar sabía de sobra que de todas formas la joven iba a ayudar al eléctrico/hada, pero al menos quería que constase su opinión.
—”Muchísimas gracias, te deseo suerte. A la próxima que vengas, te haremos un veinte por ciento de descuento en tu siguiente compra”.—Concluyó el hombre dejando a la desmayada criatura en manos de la castaña.
Atenea fue recorriendo la ciudad. “¡¿Alguien ha perdido un Dedenne?! ¡Este Dedenne se ha perdido!”-Gritaba todo el rato. Llegó hasta la Torre Prisma, adentrándose en su interior. Su ira crecía cada vez más. Estaba prácticamente decidid a pegarle un puñetazo al irresponsable entrenador que perdió de vista a aquel Pokémon.
—¿Es de alguien este Dedenne?
No había ningún indicio de que la situación fuera a mejorar. Dedenne había sufrido una caída letal y, como si no bastara con eso, el líder de gimnasio de Ciudad Luminalia no podía hallar el punto en el que había aterrizado. Eureka, sobrecargada de nervios, se desesperó.
—¿¡Eeeeeeeeh!? ¡¡¡No es gracioso, hermano!!! ¡¿Qué tal si necesita ayuda?! ¡Eres un inútil!
Pese a las reiteradas solicitudes del mayor, la niña abandonó la Torre Prisma creyendo que podría hacer un mejor trabajo que su hermano. Dio una vuelta entera al imponente monumento del centro de la ciudad y no encontró nada. Las lágrimas caían y caían. “¡Dedenne!”, gritaba. Dio otra vuelta. Dio otra más. Nada, ni rastro. Entonces creyó que quizás había caído más lejos de la torre. Comenzó a alejarse examinando con la mirada cada centímetro a su alrededor.
La consumió la impotencia. Por más valiente que fuera, no era más que una niña que extrañaba a su compañero. Se puso a llorar de rodillas hasta que un hombre se acercó a preguntarle qué le ocurría. “¡¡¡No está!!!”, contestó en un sollozo, y se alejó a paso apurado.
Planeaba regresar a su casa y ordenarle a su hermano que construyera algo para rastrear a Dedenne. Él sabría qué hacer, seguramente él podría solucionar todo.
En la entrada de la torre vio a una mujer joven y oyó que algo preguntaba, pero ella estaba muy desesperada como para prestar atención a esas cosas, así que empujó a la señorita para continuar su ruta.
—¡Hermano! ¡Hermano! ¡Necesito q... —alcanzó a decir antes de procesar lo que había oído. Inmediatamente después, volteó—. ¡Dedenne!
Tomó al Pokémon entre sus manos y lo apretó contra su pecho, emocionada por verlo sano y salvo. “¡Dedenne, Dedenne, estás bien!”.
El Pokémon antenas estaba agitado. No estaba acostumbrado a las emociones fuertes, y en los últimos minutos había vivido muchas. “¡De, deee!”, correspondió.
—¡Gracias, gracias, gracias! —se adhirió a la cintura de la joven que le había devuelto a su amigo—. ¡Graaaaacias!














