“No siempre se obtiene lo que se quiere” es una sonrisa que ella no puede apreciar, hila desde esquina derecha y enjaula gracia, vaivén/golpe y defensa/palabra y respuesta, es movimiento péndulo donde el sinhueso es un arma de filo mortífero, batallar contra un muro tiene una muy simple consecuencia: cansancio. “¿Y tienes muchos?” indaga, la falsa curiosidad danza, aquello como trópico entablado por el tono plomo cual cielo a punto de lluvia en estocadas gruesas, palabras ardiendo por el incendio a porvenir. Y aquí solo se puede culpar al destino –dantesco, tan desgraciado–, motor de encuentro que se creía utópico, imposible. Choque y colisión, son irises cuyo pigmento todavía se arraigaba a la memoria al banquete de recuerdos de un pasado de torbellino, el pasaje de tiempo no efectúa cambios en línea de rictus, por sobretodo, no hay modificaciones en la especialidad en la entonación de sus cuerdas vocales, no pide, ordena, su presencia parece cargar de una enfermedad viral que se contagia por contacto, la burla aparece, sus manos en alto como quien no tiene armas escondidas ni apuntando, bandera blanca en síntoma de rendición. “Se juega siempre conociendo los riesgos, Faith.” reencarnación de la sátira, combustión diagnosticada y en proceso, años, han pasado años, fechas inconclusas, suficiente como para no reaccionar como si fuese su némesis naciente. Hombros en movimiento agraciado, no hay mucho para decir, hablan las pupilas. “Y tú pidiendo decencia, eh”
No cree en casualidades, sencilla coincidencia con la que se topa cual piedra en medio de una despejada senda, se trata más de un macabro entretenimiento para cualquiera que haya decidido juntar a los protagonistas. De vuelta a la marea de memorias que arrastra, una vez más tiene lugar el viaje a un pretérito que percibe como sumamente distante, tiempo desproporcionado pese a las mismas características que se mantienen en el de vagas intenciones. El espíritu se halla tan absorto en semejantes reminiscencias que acaba esquivando el discurso anterior, prosas que retumban mas que no cobran sentido en la materia grisácea, inutilidad relativa para quien sentencia un antes y un después del súbito encuentro. Ironía pura danza en los fanales avellana, porque critica el roce ajeno y se muestra reacia a cualquier indicio de cercanía, contrariedad a una actitud adoptada en años anteriores. “Y tú eres un riesgo andante, lo sé.” Agrega con obviedad, celebrando su espacio personal una vez que se le es devuelto. Resoplo abandona las carnosidades, desenvolviéndose en el gélido ambiente a medida que los brazos se cruzan. “Sólo para que sepas, ya no estoy para este tipo de juegos.” Desconexión de un pasado con el presente, reconoce que involucrarse es echar un vistazo hacia la época en la que no desea ni pensar. Dramático el razonar, justas las razones que justifican el comportamiento, o al menos así lo cree. Palmas abandonan la seda, partícipe del desafío que posiciona sobre el pecho contrario para que sus dígitos la sujeten por instinto. No hay despedidas de por medio, ni siquiera un término a la conversación, basta con observarlo por una última vez y sencillamente avanzar para dar por finalizada la adusta escena.