Es la segunda vez que leo este libro: Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo. Amor gay, se eso se supone que va el libro, nada de filosofía como mi papá pensó que era cuando lo leyó. Bueno, quizás sí algo de filosofía, la filosofía del adolescente queer. Me encanta, en verdad me sentí conectada con los dos personajes principales, y no solo es sobre su romance (que realmente pasa hasta el final), sino también la terrible turbulencia de tener 16-17, son los años más extraños, eso creo, i mean, solo tengo 17.
Quizás luego hable más del libro, pero solo digo que me gusta saber que no soy la única que se enreda tan sencillo en la vida adolescente, también Ari. Ari que ama a Dante pero quiere besar a una chica, porque se supone que así debe de ser.
Yo que pienso en M pero necesito otra pareja. Porque se supone que así debe de ser. Una m*erda si me lo preguntas.
Chicas, chicos y los demás. Gente linda. Y no me puedo sacar de la cabeza eso de los besos, eso de la intimidad. Y luego me siento culpable porque se supone que una chica lista no piensa en esas cosas. A no piensa en esas cosas, al menos eso creo.
A es una chica linda. Hace días me descubrí mirando el perfil de su rostro por un tiempo inapropiado, escandaloso. Lo bueno que no se dió cuenta ni nadie a nuestro alrededor. No sé, esto del romance está muy raro. Yo quiero uno. ¿Por qué M lo echó a perder? Le prometí que volvería cuando me lo pidiera, pero ya no estoy muy segura.
Amor y citas, solo es lo que la sociedad espera de mí. Y yo no sé ni siquiera lo que yo espero de mí.
Su cumpleaños fue hace poco, de M. Alguna vez creí que llegaría a verla cumplir 18, 19, 20... Llegué a considerarla parte de mis planes a futuro. Pero hoy ya no. No... No... Quizás mi problema es que sigo creyendo en romances de cuentos de hadas.
Y luego está A y D... D es otro de mis problemas de inmadurez. Igual que P y K. No quiero hablar de eso, me da vergüenza, porque se supone que soy una chica lista.
A es otra cosa. Es como mis miedos reflejados. Es todo lo que no soy. Todo lo que se supone que debería de ser: buenas calificaciones, buenas intenciones, ropa decente, peinado decente, cero relaciones y centrada en la escuela. Nada de lo que soy y todo lo que quiero. Quiero su favor, su aprobación. Quiero que se siente a lado mío y se vuelva mi amiga y vea que no soy como el resto de nuestras compañeras. Excepto que sí soy como las demás: necesitada de amor, de aprobación, con ropa indecente y experimentando mi propio ser, a diferencia que yo la quiero a ella, no a un chico cualquiera.
Quiero que me vea y me observe como yo a ella, que me anhele, que me quiera. Pero ella no es así, al menos eso creo.
No le insistiré, no le confesaré mi cariño. No creo que mi corazón soporte lo que fue hace unos años, cuando apenas me estaba descubriendo y era tan ingenuo para pensar que podía confiar en mis amigos. Sí, un infierno.
Ni siquiera sé si estoy lista para otra relación. ¿Cuándo acabará la duda?