Gladys:
Te amo a pesar de tu nombre. Vos y yo somos algo que Dios no había inventado, porque no se le ocurrió, porque es un gil. Sé que al leer esto vas a tener miedo. Miedo a la muerte o al castigo. Miedo al infierno de que tus piernas ya no sean tan hermosas. Pero Gladys, lo único horrible en vos es tu nombre y ya es suficiente como para andar esperando otra catástrofe. Relajate, entregate al abrazo. Te amo, Gladys. En la salud y en la enfermedad. En el discurso y en el sexo.
Todo podría ser horrible si no fuera por tus ganas. Todo podría perder el gusto si no rozara tu piel. Sos tan hermosa que el sol nubla el cielo por vergüenza, Gladys. La mujer más linda con el nombre más abominable hacen el perfecto equilibrio. La mano invisible iguala tus cargas y te vuelve ineludible, infranqueable y permanente. Debe doler llamarse Gladys de tan joven pero lo llevás con dulzura.
Mi tiempo sin vos se tropieza. Soy un intento eterno, un fracaso inexorable. Gladys, amo tu i griega tratando de ponerle glamour a la derrota. Quiero por siempre tu aliento a té de boldo antes de salir para el trabajo. Te amo, Gladys. Nivel tatuaje, nivel pasacalle. Y no se me ocurre forma de vida más triste que tu ausencia.
Tuyo, Brian.













