Era el final de un largo día de clases y Daniela estaba muy emocionada de regresar a su fraternidad, usaría su pijama de animales y pasaría su noche viendo varias series que tenía atrasadas. Al llegar a Epsilon procedió a cambiarse, pero era notorio que su fraternidad era una de las más tranquilas, por lo que escuchar un ruido en la casa era algo extraño. Relamió sus labios, bueno, no es que fuera a aparecer un psicópata, pero si era extraño escuchar alboroto en la fraternidad. “¿Hay alguien ahí?” Preguntó en voz alta al cubrir su torso con ambas manos.
---¿Qué?---Le espetó el rubio, volviéndose hacia la voz de la rubia. Fernando, aunque un poco tomado, podía reconocer aquella carita que tenía al frente puesto que en Caracas habían coincidido en bastantes fiestas.---Ah, mira tú... Cagada y todo.---Comentó entre risas Fernando, alzando un par de veces sus cejas.---¿Qué pasó, Cisneros? ¿Le tienes miedo a los peluches?---Inquirió en su idioma nativo, algo altanero.











