“La culpa de recibir”
Hay algo perverso en aceptar tanto de alguien cuando sabés que no podés devolverle lo mismo. Te llenan de regalos, de tiempo, de atención, y vos… vos estás ahí con el alma a medias y la conciencia llena, llena de maldad. Te dicen “es para vos”, y vos sonreís, pero adentro te sangra la garganta de tanto tragar verdades que no te animás a decir. No es que no valores lo que hacen. Lo ves. Lo notás. Lo agradecés. Pero sabés que no sos sincera. Sabés que estás ahí con los pies en la puerta, mirando la salida, mientras te hacen un café con amor. Y la culpa… la culpa no te deja disfrutar nada. Porque no hay forma de gozar en paz cuando sabés que lo que estás aceptando viene cargado de ilusiones que no vas a poder sostener. Querés ser honesta, pero también querés evitar perder su atención. Querés ser justa, pero también aún la necesitas. Entonces vivís en esa dualidad: entre lo que sabés que tenés que hacer y lo que todavía no te animás a hacer. Recibís flores con una sonrisa que es más disculpa que alegría. Aceptás planes sabiendo que tu mente ya se fue hace rato. Y cada "gracias" que decís viene acompañado de un “perdón” que nunca pronunciaste.
Fer




















