ulisesq:
Una nueva propuesta se alzó ante él, hacer lo posible por dejar a un lado el pasado para comportarse como el profesional que suponía que era para pasar un buen rato. Lo haría porque hace mucho tiempo no habían días libres en su agenda, y muy en el fondo, en aquel sitio de su inconsciente albergaba la idea de pasar tiempo junto a Finn como en los viejos tiempos. Aunque no eran para nada iguales. Sintiéndose patético como siempre, se encogió de hombros ante la mención de la reposición del agua, ojalá así de fácil pudiera reponer los estragos que había dejado en su vida. Una vez más, decidió reprimir ese pensamiento. Por fuera, lucia casi impertérrito por la propuesta y sin embargo, los nervios lo carcomían por dentro por la incertidumbre de ser rechazado. ¿Cuántos rechazos más podría soportar su corazón? “No, no me molesta. Sino quisiera que vinieras conmigo me hubiera ido sin decirte…” Un razonamiento lógico de su parte, volviendo con el tono de voz tranquilo. “Si, sí hay tiempo. Podríamos ir al centro de historia regional primero si quieres…” Se puso de pie antes de que pudiera alguno de los dos cambiar de opinión y arruinara el momento. “Será mejor hacer un poco de hambre, si tu haces el recorrido cultural yo haré el gastronómico” el tono de voz nuevamente animado se hizo presente, tomó los lentes de sol que colgaban de su playera y los puso sobre sus ojos. Buscó con la mirada hacia el hombre después de dar un par de zancadas más. “Dime que puedes caminar o, ¿tendré que llevarte cargando?” Se permitió bromear después de tanto tiempo en seriedad. Eso hacían los colegas ¿no? Bromear entre sí, esperaba que fuese una clara invitación a una tregua de dejar sus resentimientos atrás, al menos sí en la superficie.
Una parte de él, no tan escondida como debería, sentía una terrible envidia por la forma en que Ulises vivía, cómo vestía su corazón en la manga, tan abierto y sin barreras que le impidieran vivir su vida tal y como quería, querer como quería, sin preocuparse por lo que los demás pudieran opinar al respecto. Quizá, de no ser por su propia familia, él sería igual, quizá... No le quedaba más que pensar en lo que no podía ser. Porque por mucho que quisiera a Ulises (¿o hubiera querido?), no le podía dar lo que el moreno tanto deseaba de su parte. Y eso le dolía. Asiente a la aseveración del contrario, consciente de lo verdadera que es. Si Ulises no lo quisiera ahí, simplemente lo hubiera dicho. Nunca había tenido problemas compartiendo lo que pensaba (algo que encontraba terriblemente encantador). —Claro... Eh, si quieres, podría invitarte a comer después, sólo elige el lugar. Tengo la sensación de que te lo debo,— si era por los mensajes de texto que habían intercambiado cuando se encontraba en un estado inconveniente, prefería no pensarlo, no ir por ese camino en el que, seguro, la conversación no podría terminar bien. No puede evitar poner los ojos en blanco, dejando que una sutil sonrisa se coloque en sus gruesos labios, comenzando el camino hacia el otro docente. Mete las manos en los bolsillos de su pantalón, mirando de soslayo al pelinegro, antes de comentar, como quien no quiere la cosa: —Extrañaba esto... Es decir, hablar contigo,— añade con calma, nerviosismo invadiéndolo repentinamente, apenas consciente de que ese no era el camino que debía tomar en la conversación. ¿Es que no podía hacer nada bien cuando se trataba de Ulises? Para ser alguien con un doctorado se veía bastante imbécil cuando se trataba de cualquier tipo de relación afectiva.










