Hoy le extraño más que hoy mismo porque en largo plazo me has hecho indispensable con tu valija, que llena se ha llevado de mis preocupaciones y situaciones tensas que me provocan la rabia incontenible que me sumerge.
Le quiero por esos ojos claros olvidados que con una nueva luz se cargan de recuerdos, visiones y admiración.
Le recuerdo como un perro fiel, esperando una caricia de aceptación, sin recibir nada más a cambio, como el animal y su instinto por llevar sus deseos a un lugar dónde no existe raza ni género, dónde sólo se es. Le llevo en mis pensamientos como recuerdos recurrentes y lúcidos, como familia como sangre.
Mi trapito liviano seco, apacible y cálido. Mi trapo mojado, pesado, tan frío y desplazado de lo que no le concierne. Al final siempre resistente y cuidadoso, impecable y moldeable.
Nos debemos las noches de tabaco y cualquier bebida para acompañar, nos debemos un mejor camino en esta prolongación conspirada. Te debo algunas lágrimas, bofeteadas, reclamos y mil canciones.