Dicen que es mejor irse sin despedirse, evitar ver el rostro de quién nos hará daño, sus ojos llenos de frialdad e indiferencia y su mirada clavada en el vacío.
Quizás nos ahorramos viente lagrimas y diez y siete suspiros.
Juro que intente no llorar, lo juro. Después de todo ya me habia pasado y.... no debía permitir que pasara de nuevo.
Intente no odiarla, pero no pude por qué es mejor el odio que la tristeza... y si! es mejor, o al menos eso creí por qué la tristeza igual que el odio lleva intrínsecos recuerdos que al final hieren de la misma manera.
Nos despedimos con una sonrisa fingida, ella tratando de ocultar su pena y yo la falsedad de aquella esperanza.
-Despedida
Tegucigalpa, 10 de septiembre de 2016











