No pudo esconderlo. Sus palabras le causaban miedo y dentro de ella se desencadenó una angustia inagotable, por primera vez se sentía indefensa y no sabía que hacer al respecto, más se mordió el labio inferior y negó lentamente. “Yo no soy como tú, Aarón. Yo sí he elegido a alguien a tiempo, yo sí prioricé mi felicidad y decidí llevar la vida que necesitaba. Y si son verdad los temores que has mencionado, es porque amo con toda mi alma a Juan Pablo, y eso pasa cuando amas a alguien, todo tu ser huye horrorizado de poder causarle daño, así que haces a un lado tus instintos egoístas y eliges hacerle feliz. Y yo, le hago feliz”. Tuvo que abrazarse a sí misma, de repente sentía frío y desesperanza por el ser en el que se había convertido el ojiazul, y se preguntaba si él se había dado cuenta de que no había marcha atrás hacia el lado que estaba buscando. “No ha sido culpa mía que Ander te deje, tú has elegido meterte en la cama con Juan Pablo, y socavarlo hasta la locura, meterte en cada situación cual serpiente, esperando cualquier segundo en el que flaqueé para colarte entre sus labios y su corazón y no te ha importado que eso sólo cause la separación de su familia. ¿Sabes el dolor físico y mental que le ocasionarías a Juan Pablo si destruyes lo que hay entre nosotros? ¿Te das una idea? Él jamás volvería a ser el chico que dices amar, tú no amas a nadie. Ni siquiera a ti mismo, o no te habrías separado de la única familia que tienes. ¿A qué te vas? ¿A vagabundear por el mundo? ¿A mendigar amor en cualquier bar con el que te cruces? ¿A besar a una rubia bonita con la esperanza de que se parezca o tan siquiera te recuerde a Paula? No puedes culpar a nadie, a nadie más que a ti mismo. Tú eres tu propio monstruo”
Por un momento, se sintió poderoso. Y aunque la castaña lo acorralaba y lo llevaba hasta la locura total. Él sólo la retenía y la miraba fijamente, como si fuera demasiado pequeña para hacerle daño, pues sus golpes, que antes podrían haber sido mortales, se empañaban por su propio dolor, mismos que no surtían efecto. Entonces una a una, sus palabras se clavaron como estacas de hielo por su cuerpo, se sintió desconectado y el fuego se encendió dentro de él, cegándolo por completo. Le propinó un golpe directo en los labios, estallando en lagrimas. “¡Cállate!” Gritó con desesperación y pateando a la chica, causando que esta cayera contra el piso y se golpeara la cabeza con severidad. “¡Sólo déjame ir y déjame en paz! Lo que tú y Juan Pablo tienen siempre será un error, no importa como lo maquillen, nunca podrán ser felices. ¡Jamás! Él habría tenido una mejor vida si tú no hubieras existido”. Pero era tarde. La chica ya no reaccionaba, todo lo que se escuchaba en esa pequeña sala en el aeropuerto era el silencio sepulcral, Rebecca no respondía. Se había quedado con los labios entreabiertos y los ojos entreabiertos. Entonces como un balde de agua, la realidad lo abrumó y lo llevó a ver sus manos ensangrentadas. Temblando y jadeando, por primera vez, se sentía como el monstruo que todos habían descrito, entonces estalló en lagrimas y la abrazó con un brazo mientras marcaba el número de Kiran rápidamente. “Por favor, POR FAVOR ALGUIEN AYÚDEME. ¡SE LOS SUPLICO!”







