Se sentía como una rata. Acorralado, con las lagrimas y el corazón tan roto que bien habría podido cometer la mas grande de las locuras; así que empujó a la muchacha, sin pensar realmente en sus acciones, no quería que lo tocaran, se sentía de cristal. Entonces tragó saliva e hizo todo lo que estaba en su poder para sacar la voz que tenía atorada en la garganta. “Porque me has quitado tanto como yo a ti. Porque en el fondo, sabes bien que sólo has tomado cuanto has querido para obtener lo que deseas. Porque mueves las piezas tanto como yo, pero sin ser juzgada al respecto porque lo haces… “Por amor”. Porque me has destrozado pedazo a pedazo, y has ganado. Porque tú y yo, somos iguales. Y también, porque las personas que más quieres en ésta vida, me han querido tanto o más que a ti”. De pronto aparecían guardaespaldas de Rebecca, queriendo actuar enseguida, pues a pesar de no presentar daños, parecía una discusión más que acalorada y su misión era no dejar que le tocaran ni un pelo. A lo que él simplemente los retó con la mirada, a que se acercaran, a que le trataran como un criminal para que la guerra entre dos familias en España se desembocara. “Diles a tus títeres que se vayan, para que podamos hablar como tanto lo quieres”. Alegó, y le castaña con una mano dio la orden para que se retiraran, más su temple tenso sólo esperaba en menor de los movimientos para enfrentarse a él, podía notarlo en sus puños cerrados y sus pupilas dilatadas. “Vamos, Rebecca. Sé sincera contigo misma, has anhelado tanto o más que yo. Te has enamorado de dos personas, y aunque has aceptado tener un hijo de uno de ellos… Muchas veces has pensado qué se sentirá tener un hijo del otro. Ya no quieres a Samuel como antes, pero temes que Juan Pablo se aburra de ti. Que un día no sea suficiente y vuele de vuelta hacia la tentación. Pero has sabido jugar bien tus cartas y me has dejado sin opciones. Ya no tengo nada que perder, así que ya no te temo”. Salió una risa contagiosa y maquiavélica dentro de su ser y enarcó una ceja. “Cariño, ¿Crees que puedes amenazarme? ¿Hacerme sentir mal? YO YA VIVO EN EL INFIERNO DESDE HOY”.
No pudo esconderlo. Sus palabras le causaban miedo y dentro de ella se desencadenó una angustia inagotable, por primera vez se sentía indefensa y no sabía que hacer al respecto, más se mordió el labio inferior y negó lentamente. “Yo no soy como tú, Aarón. Yo sí he elegido a alguien a tiempo, yo sí prioricé mi felicidad y decidí llevar la vida que necesitaba. Y si son verdad los temores que has mencionado, es porque amo con toda mi alma a Juan Pablo, y eso pasa cuando amas a alguien, todo tu ser huye horrorizado de poder causarle daño, así que haces a un lado tus instintos egoístas y eliges hacerle feliz. Y yo, le hago feliz”. Tuvo que abrazarse a sí misma, de repente sentía frío y desesperanza por el ser en el que se había convertido el ojiazul, y se preguntaba si él se había dado cuenta de que no había marcha atrás hacia el lado que estaba buscando. “No ha sido culpa mía que Ander te deje, tú has elegido meterte en la cama con Juan Pablo, y socabarlo hasta la locura, meterte en cada situación cual serpiente, esperando cualquier segundo en el que flaqueé para colarte entre sus labios y su corazón y no te ha importado que eso sólo cause la separación de su familia. ¿Sabes el dolor físico y mental que le ocasionarías a Juan Pablo si destruyes lo que hay entre nosotros? ¿Te das una idea? Él jamás volvería a ser el chico que dices amar, tú no amas a nadie. Ni siquiera a ti mismo, o no te habrías separado de la única familia que tienes. ¿A qué te vas? ¿A vagabundear por el mundo? ¿A mendigar amor en cualquier bar con el que te cruces? ¿A besar a una rubia bonita con la esperanza de que se parezca o tan siquiera te recuerde a Paula? No puedes culpar a nadie, a nadie más que a ti mismo. Tú eres tu propio monstruo”











