CAPÍTULO VI:
12 de enero 2017 - 01:12 a.m
Por mucho tiempo llevé esas cadenas “Pero tú eres...”, “No lo podrás hacer...”, “No funcionará...”. Eran pesadas y por mucho que tuviese las llaves para desatarme, tenía miedo a hacerlo. Miedo al cambio, miedo a saltar a las profundidades de lo desconocido. Me sentí, en ese preciso momento como la historia de el águila que mi mami una vez me contó... “Dicen que las águilas pueden llegar a vivir como unos 70 años, pero a sus 40 se sienten sin fuerzas. Tienen que tomar una decisión, morir deteriorándose o vivir renovadas.”
“¿Cómo lo hacen?”
“Viviendo un cambio duro. Tienen que golpear su pico hasta arrancárselo. Esperar a que crezca para arrancarse todas las uñas. Esperar a que crezca y arrancarse todas las plumas... Pasan varios meses hasta terminar. Después del proceso más duro de su vida, podrán volar, más alto, con más fuerzas durante más años”.
Fue una tonta historia de hace muchos años, pero me impactó tanto que hasta ahora la recuerdo. Justamente yo me siento así. Derrotada y encadenada. Pero hoy podrán desgarrarme, y mañana podrán verme volar. Porque mi decisión no cambiará. Todos deberíamos de andar en libertad.















