Cuando alguien se nos va. Dedicado con mucho amor a Isabel Blanch Cuando perdemos un ser amado, nos sumergimos en una tristeza que empieza a transformarse en un proceso llamado “duelo”. Por estar vivos queramos o no, en algún momento tendremos que enfrentar alguna perdida, unas más importantes que otras, entre las más importantes está la del ser que nos dio la vida: “mamá”. Es uno de los procesos de perdida mas fuertes que podemos experimentar porque estamos vínculados a ella aún antes de nacer; su amor nos cubrió en la concepción y en su vientre. Nos puso nombre y las necesidades más primarias las vinculamos directamente a ella. Nadie más importante para nosotros en nuestro mundo de niños y jóvenes que la madre. Así podemos entender el por qué el dolor se hace tan intenso, y es, porque precisamente es primario, o sea nació con nosotros y su significado viene desde el vientre. Estuvimos junto a su pecho que nos alimentó, protegidos del frío y experimentamos el cuidado materno que no permitió que nada malo nos pasase. Nuestro ejemplo, nuestro todo en nuestro mundo que todavía no delimitaba y no discernía lo nuestro de lo de ella, sino que fuimos la extensión de ella; hasta que: empezamos a gatear, a dar nuestros primeros pasos y empezamos a entender quienes somos y quién es ese ser especial. Sin embargo el vínculo es único fuerte, sólido y lo mas importante: eterno. Es por ello que cuando perdemos a nuestra madre , perdemos una parte de nosotros mismos; perdemos esa parte de nuestro ser interior que se relacionó con ella. Es decir, su partida implica no tocarla, no besarla y el vínculo se rompe forzadamente. Es por ende que sufrimos un abandono involuntario. Esta es la razón por la que el duelo es tan fuerte; porque implica no solo superar el dolor, sino vivenciarlo y aprender a vivir con la ausencia del otro sin dejar de amarlo. Superarlo no es algo mágico, menos instantáneo. Implica que nuestro yo sufre y tendrá que redescubrirse. No es resignación, no es costumbre. Implica que nuestro yo, el cual NO es una estructura rígida, sino un YO evolutivo, crezca se y reencuentre en nuevas etapas donde mamá no está y aunque duele hay vínculos que quedan, y los que se van formando. El contacto es: la capacidad de unión y separación, sin embargo, éste no se dará mas, no habrán mas encuentros, y tal vez aquí yace lo mas duro. La dinámica de vida con esa persona se pierde, se corta abruptamente. Queda el vacío y la nueva manera de la persona retomar sus dinámicas sin su personaje amado. No habrá más contactos. El beso de los buenos días, el saludo por teléfono, la compañía en una comida entre otros. Hay varias fases en las etapas del duelo tendiendo algunas diferencias según varios autores: Fase de Negación: Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida. Fase de Enfado, Indiferencia o Ira: Estado de descontento por no poder evitar la pérdida; se buscan razones causales y culpabilidad. Fase de Negociación: Negociar consigo mismo y el entorno la perdida: darse explicaciones. Se intenta buscar una solución a la pérdida. Fase de Dolor Emocional: Se experimenta tristeza por la pérdida. Pueden haber depresión que cederá con el tiempo. Fase de Aceptación. Se asume que la pérdida es inevitable. Entendiendo que no es lo mismo aceptar que olvidar. Solo por mencionarlo ya que no es lo que quisiera enfatizar en este momento. Quiero es compartir, quiero simplemente dar mi afecto, el mas puro y sagrado a quienes han perdido un ser tan especial. Creemos en el mas allá y sabemos que el ser amado está en un mejor lugar, esto alivia la pena. Que su lucha y sufrimiento acabaron. Superar el duelo irónicamente no es que deje de doler, pero si que deje de afectar. Empezar a asimilar la ausencia, dejar que los recuerdos cobren vida y sean exactamente eso: recuerdos. La esperanza siempre se ha caracterizado por la espera de cosas que queremos salgan bien, a mi juicio la esperanza es la manera mas dulce que tiene el alma de ser positiva, en los duelos, siempre recomiendo que no nos quedemos con el hueco hondo de la ausencia como algo imposible de llenar. La esperanza da vida llena el alma. La esperanza del encuentro que se transforma en el contacto con los que quedaron. Se cierra una puerta y se abren otras. La vida continua y como seres vivos nos nutrimos de las nuevas experiencias que vamos teniendo. Recomiendo a las personas que vistan la esperanza de piel, de sonrisas, de vida, de nuevos rostros. Lo que quiero decir es que sabemos que la persona que se fue es insustituible; eso es correcto; sin embargo hay personas que llegan a nuestras vidas como ángeles del cielo. Son ángeles porque vienen a hacer nuevos vínculos y a dar vida. Como psicoterapeuta soy arriesgada y voy mas allá de lo que la misma ciencia me enseña. Soy atrevida porque me conecto con las personas. Si ya no tengo a mi mamá, si ella ha partido, lógicamente hay mucho por procesar: el dolor, la negación, las resistencias etc para poder asimilar. Sin embargo confío en la inteligencia emocional y aunque hay personas mas enfermas que otras y las que nunca se pueden despedir. También creo que puedo permitirme amar a un ser especial y no quedarme huérfana sin esa figura de madre que tanto me llena. No es la misma persona, jamás será igual pero está para mi y eso es lo mas importante. Aunque el dolor es grande, siempre digo que en el dolor hay fuerza. Llorar, formar berrinches y demás, es necesario; sin embargo siempre digo: no te entregues al dolor. Sácalo pero no permitas que te domine y maneje. Mientras no tengamos deudas pendientes con la persona que se fue, mientras estemos dispuestos al perdón, mientras haya habido una relación “normal” que no es mas que una relación con diferencias y aciertos pero con mucho amor y respeto, se podrá decir adiós. Llena tus necesidades sanamente y tómate tu tiempo. Que nadie opine, que nadie te empuje y que todos apoyen y amen. Hoy estas lista para ser los brazos que amen como te amaron, los oídos que escuchen como fuiste escuchada, proteger como fuiste protegida o como tu sabes proteger. En el caso de nuestros padres o abuelos, ellos experimentaron y sufrieron sus perdidas, sin embargo con valor, nos sacaron adelante. Eso si, no, nos podemos quedar sucumbidos en nosotros, lamentándonos, hay que salir afuera , hay que hacer relaciones, dar a otros de lo que tenemos o como me gusta llamarlo: abrir la puerta a nuevas experiencias. Encontrarnos y sumergirnos en el amor, el cual siempre ha sido y será el agente mas sanador del alma. En el amor no hay temor, el amor es sano. Los amores enfermizos o peligrosos no existen. Son simplemente pasiones enfermas del alma al cual le llamamos amor. El amor real sabe: soltar, dejar volar al otro, vivir nuevas experiencias y valorar a los que tenemos. No todos amamos igual pero mientras sea amor sentiremos el empujón a nuestra espalda que no dejará que caminemos con la cabeza cabizbaja y perdamos la oportunidad de ver arriba el azul del cielo, la inmensidad del océano, los rostros que se fueron y los que quedan. Gabriela Moros de Ramírez Psicoterapeuta @gmmfc2 @gabi88moros Abril 10 de 2016