La vida es Dórica.
A veces pienso que, escribiendo, sueno pedante de cojones, o, al menos, un poco divo o algo así, pero... qué más da, esto solo lo hago para expresar y plasmar las reflexiones que me vienen a la cabeza de vez en cuando. A fin de cuentas, hay gente poniendo autenticas burradas por ahí, y, lo que es peor, cobrando y en público. De todas maneras, no creo que esto lo vaya a leer nadie nunca, así que...
Hoy ha sido un día de mierda. No nos ponen las cosas muy fáciles allí en el hospital para aprender, la verdad. Podría contar lo que ha pasado (o lo que lleva pasando casi una semana, mejor dicho), pero prefiero escribir lo que llevo reflexionando en mi hora caminando de vuelta a casa.
Una de mis canciones favoritas es The Force Theme, de John Williams. Una canción que, tras ver una escena de The Last Jedi, me inspira una mezcla de sentimientos. Algo enorme, como la vida misma. Es un tema que, en momentos dificiles, me ayuda a recomponerme. Una pieza que está hecha para, en mi opinion, trascender. Superar todo aquello en contra o, al menos, afrontarlo con dignidad y entereza.
Viendo este increible análisis de la BSO de Star Wars, realizado por Jaime Altozano, aprendí que su modo es el llamado Dórico. Una mezcla entre luminoso y oscuro. Entre triste y alegre. Entre bello y no tan bello. Y, ¿no es ésto, prácticamente, una definición de la vida misma?
Aun así, volviendo al tema anterior... pienso que en esta vida estamos para aprender constantemente. Para superar las circunstancias que acontezcan, aprender de ellas, crecer y alcanzar la mejor versión de nosotros mismos. Nuestros padres, Dios, o la simple casualidad, nos hicieron ese precioso regalo llamado VIDA, única, en todas sus formas y variedades, y hemos (tanto la nuestra como la de los demás) de cuidarla, mimarla y mejorarla hasta el último de nuestros días. En nosotros, desde el primer día, está la oportunidad de hacer de ella una bella historia de triunfo, con todo lo que implica, desde las lágrimas de alegría hasta las de tristeza, pasando por todos los sentimientos e historias que se entramarán para componer, juntas, pero no revueltas, la historia de la Humanidad. Y cada uno de nosotros somos los escultores que manejaremos el martillo y el cincel con los que grabaremos nuestro nombre.
Si lo vamos a hacer, ¿por qué no grabarlo con las más bellas letras, para que nuestra historia sea, aunque sea solo un poco, más brillante?












