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Los pasillos de aquel gran edificio dónde se situaban las clases estaba repleto de personas desconocidas para Donnie, algunos habían acudido alguna clase con él, otras las había visto alguna vez por el comedor y otras simplemente eran fantasmas para Donnie. Él se protegía por esa burbuja inquebrantable a la que nadie podía acceder, pocas personas habían podido conocer al verdadero Donnie. Un hombre de acero puro y duro del que no se conocía nada. La máquina de café lo atrayó, un café bien cargado para acabar de despegar los ojos y encender el día no iría mal. Revolvió su bolsillo izquierdo hasta dar con algunas monedas. Una de ellas rodó por el suelo hasta dar con un pa de zapatos.—Mierda…
Iba en dirección a la Cafetería, un repaso rápido sobre qué tal iba todo en ésta, dado a que la de los Oro era totalmente diferente y más apartada. Notó en el camino cómo una moneda terminaba chocando con sus zapatos, así que se inclinó para tomarla y enderezarse más tarde. La mirada celeste de la escocesa se plasmó en el joven que la miraba fijamente, contemplando lo que parecía ser aquella moneda.-- Em... ¿Es tuya, verdad? --Acortó la distancia y extendió la mano para devolverla.














