❀ One-shot (+18) — Kino ❀
NOTA: Este One-shot es Kino x Lectora, en pocas palabras. No se mencionara el nombre de ninguna chica en concreto aquí.
Nota (2): Este One-shot es bien largo xdxd
Advertencias: Este One-shot NO es romance, contiene violencia física, sexual y psicológica.
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Él estaba molesto, y ella lo sabía. Sabía que había cometido un terrible error, sabía que no debió visitar esa mansión jamás, no sin su consentimiento. No sin él.
Había terminado en la cama del pelirrojo a la fuerza, quien simplemente abusó de esta como si de un insignificante objeto se tratase. Él no dio importancia a sus plegarias cuando desgarraba su ropa de un solo tirón, a su oposición cuando se colocaba entre sus piernas, ni a sus lagrimas, mucho menos a sus gritos de dolor y placer. Un culposo placer.
Unas tremendas náuseas azotaron el cuerpo de la femenina al recordar tal terrible acto. Su cuerpo había sido corrompido de tantas maneras que le resultaba imposible pensar en algo peor. Pero si lo había y Ayato se lo había demostrado.
Ella había sido encerrada como un animal, a la espera de su ejecución.
La pobre chica solo se preguntaba: ¿Porque?, porque se molestaba con ella cuando la única víctima estaba allí, en esa fría y solitaria celda.
Yuuri había tomado la responsabilidad de llevarle comida y agua a la humana, al fin y al cabo si esta moría su amigo estaría aún más furioso. Pero no tenía sentido alguno hacerlo, aquella muchacha se negaba a comer.
—Quiero ver a Kino-kun —Repitió una vez más, cada vez que Yuuri iba a llevarle comida y agua esas cuatro palabras eran lo único que salían de su boca.
—Kino no quiere verla —Respondió el Ghoul tan inexpresivo como de costumbre.
—Dile que no comeré… Que moriré de hambre a menos que acceda a verme —Dijo dirigiendo su mirada hacia la persona que se encontraba al otro lado de la celda.
—Que patético —Dijo una fría voz saliendo de la nada. Ella se alertó al instante, no hacía falta dudar ni siquiera por un segundo, la humana podía conocer aquella voz gruesa y varonil incluso al borde de la desesperanza e inconsciencia.
Yuuri se hizo a un lado dejando ver al vampiro de abundante pero despeinada cabellera azabache y hermosamente aterradores ojos carmín.
Kino estaba allí, pero no había acudido por la petición de la humana. Lo había hecho porque finalmente había logrado calmarse lo suficiente para castigarla sin acabar con su vida en el proceso.
«Morir sería algo demasiado bueno para una puta como tú», Pensó el azabache quien se acercaba a paso lento a la celda de su presa.
El corazón de la pobre chica comenzó a acelerarse ante cada paso que daba Kino, podía escuchar resonar en sus oídos el eco producido por cada paso del demonio y para aumentar su miedo. La mirada despectiva del vampiro no había dejado su pequeño cuerpo en ningún momento.
Comenzaba a arrepentirse.
—Vete —Ordenó a su sirviente y amigo. Yuuri hizo una pequeña reverencia y se retiró de allí, dejando a ambos en completa soledad.
—Kino-kun yo… —Comenzó la humana pero se detuvo al caer en el hecho de que ninguna de sus insignificantes palabras serían suficiente para enmendar lo ocurrido.
—Kino-kun he… —Soltó el azabache y una extraña sonrisa se dibujó en sus labios. El imaginarla nuevamente, debajo de su hermano gimiendo a más no poder, le hacía hervir la sangre— Aún te atreves a llamarme de esa manera?.
«Fufu, tanto deseas ser castigada?»
—Porque te enfadas conmigo?… —Cuestionó con un hilo de voz siguiendo con la mirada al azabache. Escucho el tintineo de las llaves entre sus manos y eso fue suficiente para que se incorporará con rapidez e intentará alejarse lo máximo que fuese posible— Yo no fui… Yo no quise…
—Ah?, a pesar de ser completamente consciente de ello, te atreves a preguntar…? —Eso le molesto, el estrepitoso sonido del metal chocando resonó por todo el lugar, luego, de que Kino se encontrase dentro de la celda.
Eso sorprendió a la humana. ¿Que era lo que había hecho ella…?, era débil, fácil de aplastar como a un insecto. Aun si había intentado oponerse, no habia hecho más que divertir al pelirrojo con su patético intento.
—¡Yo no hice nada! —Exclamó en un arrebató, estaba molesta, dolida y traumada de por vida. Las lágrimas comenzaron a caer, ya no le importaba cuán débil lucia en ese momento— Yo no busque a Ayato, yo no quería que Ayato-kun me-!!
«¡Plaf!»
La pálida mano de Kino impacto contra su mejilla, pero peor aún fue el sentir como esta se enroscaba en su cuello.
—Creo que es bastante obvio que tus palabras no tienen ninguna importancia para mí —La muchacha hizo una mueca de dolor— Ne… —Sonrió ante su expresión— Tan bien te sentiste al ser follada por Ayato…?
—N-… o —Contestó en un gemido de dolor. Llevó sus manos a la muñeca del demonio— D-Detente…!…
—Gemías tan fuerte que el encontrarte no se me hizo difícil Fufu… —Su sonrisa se ensanchó al recordar nuevamente su voz. La misma voz que escuchaba cuando él la mordía.
Pero, a pesar de todo, no le demostraría cuanto le molestaba.
Kino ni siquiera podía comprender porque le molestaba tanto, esa chica no era más que una bolsa de sangre andante. ¿Porque?, ¡¿Porque?!, ¡¿PORQUE?!.
¡¿Porque le enojaba tanto no haber sido el quien la hubiera follado por primera vez?!, ¡¿Porque se sentía tan frustrado al saber que aquellos incesables gemidos no habían sido causados por él?!, ¡¿Porque sentía que nuevamente habían arrebatado algo que le pertenecía como si nada?!, ¡¿Porque sentía que había sido traicionado sin razón alguna?!.
—No pue…do, respirar… —Susurró la humana al borde de la inconsciencia.
Kino observó por un momento su afligido rostro. Sus ojos bañados en un mar de cristalinas lágrimas mientras rogaba por piedad, sus mejillas de un tono rojizo debido su incesable llanto y sus delgados labios y rosados labios, semi abiertos en busca de aquel preciado flujo de aire que le mantenía con vida.
Esa expresión de aflicción, de miedo y dolor. Era de lo mejor.
Comenzó a toser tras verse librada de aquella tortura.
No podía morir, no aún; primero debía pagar por su traición.
Lo haría con su cuerpo.
Ella se tambaleó levemente debido al mareo producido por la falta de aire a sus pulmones. Pero no tuvo mucho tiempo para reponerse cuando Kino estampó sus hombros contra la áspera pared.
Su tortura recién comenzaba.
—Que pasa con esa cara? —Preguntó el azabache observando fijamente los ojos de su presa. Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios:— ¿Piensas que con una expresión como esa será suficiente para detenerme?, Fufu idiota~…
Canturreó y acercó su rostro al de la, ahora, desconcertada humana, ella sintió el frío aliento de Kino rozar su pequeña oreja acompañadas de unas aterradoras palabras:
—Chica mala, ya va siendo hora de que recibas tu merecido castigo, no? —Paso su fría lengua por el lóbulo de su oreja provocando que todo su cuerpo se tensara— Vamos vamos~, pídelo correctamente. Di algo como: Kino-kun follame hasta llevarme al punto sin retorno de la locura y el placer.
—Eso es… —Colocó sus manos temblorosas a causa del terror que estaba experimentando. Le sorprendía a sí misma el continuar en pie, sus rodillas temblaban igual o más que sus manos; su cabellera azabache rozó su mejilla al momento en que Kino descendía hasta llegar a su marcado cuello.
—Si tanto deseas mi perdón entonces disculpate con tu cuerpo.
—Kyaaaa!!!! —Un grito desgarrador brotó de su garganta ante la voraz mordida del ojicarmín cuyos colmillos se incrustaron en la piel de su presa como los de un lobo a un indefenso cordero:— P-por favor… … Detente —Sus plegarias no hacían más que encender al vampiro, quería más, más de su voz quebradiza y aquellos ojos suplicantes, mas de aquel mar de lágrimas incesable pero sobre todo: Quería escucharla gemir su nombre.
Kino tiro de su blusa procurando incrustar sus uñas en su piel:— Duele…! —Gimió esta sintiendo como el líquido carmesí comenzaba a brotar de la herida. El dulce olor a sangre fresca se impregnó en el ambiente.
Kino acercó sus delgados labios a aquel lugar para pasar su rasposa y helada lengua lo que provocó que las mejillas de su presa se tornarán de un tenue color rosa.
«Mierda…»
—Fufu, mujer sin vergüenza… Te gusta que te haga cosas malas no es así? —Preguntó con voz ronca incrustado nuevamente sus colmillos en su piel sin rastro de delicadeza.
Un gemido brotó de los labios de la humana:— U-uh!… Kino-… Kino-kun te lo ruego…! —Suplicó. Comenzaba a sentir como un extraño calor inundaba su cuerpo, centrándose especialmente, en sus partes más sensibles.
—Fufu… Con una voz como esa como voy a detenerme? —Metió su pálida mano debajo de la delgada capa de tela que cubría su cuerpo. Acaricio su abdomen sintiendo la calidez de su piel ante su tacto:— Esto se está poniendo caliente… —Soltó el azabache para continuar chupando la sangre de su víctima a la vez que exploraba su cuerpo.
Sus gemidos y expresiones de dolor al igual que el dulzor, la calidez de su sangre y cuerpo debido al placer, habían sido suficientes para que Kino comenzará a excitarse. Pero aún no, no hasta que esas palabras salieran por parte de la puta descarada a quien tenía contra la pared.
Al fin y al cabo, ¿Que podía ser más humillante que eso?.
Ella intentó alejarlo de una forma desesperada. Su corazón se aceleraba cada vez más al sentir sus largos pero delgados dedos recorrer su cuerpo, su respiración se aceleró ante el miedo de ser utilizada de nuevo. Ella no era un objeto de placer al cual podían tomar cuando y como ellos quisieran.
—No hagas esto… —Rogó presa del pánico que sentía en ese momento, escuchó al demonio reír por un momento antes de tomar una de sus manos y estamparla contra la pared— Lo siento…, lo siento… Por favor perdoname!.
—Vamos, pídelo si quieres que pare —Nuevamente Kino se dirigió a su oreja— Si no lo haces correctamente… Continuaré chupando tu sangre hasta matarte… Nn…
—Kyaaaa!!!! —Gritó nuevamente, presa del insoportable dolor causado por Kino, esa vez, había sido en su oreja— K-Kino-kun, hazlo por favor… —Pidió con las mejillas y orejas acaloradas.
—Hum~?… Fufu, no creo haber entendido. Que es lo que quieres que haga? —Preguntó haciéndose el desentendido. Kino se alejó lo suficiente como para observar el acalorado rostro de la chica.
—Quiero que Kino-kun me… —Su asustadiza mirada se encontró con la de él. Sus ojos color carmín se habían dilatado a causa del placer— Folle… P-por favor…
Como era de esperarse una maligna sonrisa, la cual dejaba ver a la perfección los largos y blanquecinos colmillos del ojicarmín, se hizo presente en sus delgados labios.
La repentina acción de Kino sorprendió a la humana. Un beso era lo que menos se esperaba de su parte, pero no hicieron falta más que unos pocos segundos para que la realidad la golpeara; Kino atacó sus labios de forma ruda al punto de hacerle doler, mordía y tiraba sin delicadeza alguna del labio inferior de la pobre chica. Sus manos no se quedaban atrás, aquella curiosa mano que había estado explorando la suave piel de su presa viajó hacia su espalda y en un ágil movimiento desabrocho su sostén.
—Nn…!!!.
Por otra parte, el cuerpo de su presa había comenzado a actuar por voluntad propia. Ya no importaba si su mente decía que no, su cuerpo ya había comenzado a ceder ante él; a cada caricia, a cada toque de sus dedos contra su piel desnuda un calor tan fuerte como el mismísimo fuego era plasmado en su piel, un calor que no le había causado Ayato la vez que abusó de ella. ¿Que era?.
«click», fue el sonido producido por su sostén.
Su miedo aumentó al sentir algo duro y erecto frotarse contra su intimidad. Sus ojos se abrieron como platos tras llevar su mirada allí: Un gran bulto buscaba salir a toda costa de los pantalones de Kino. Y lo más probable es que cuando saliera, ella no volvería a caminar.
Kino libero su muñeca, la cual había mantenido sujeta en todo momento y ordenó:—Alza las manos —Ella no dudo ni un segundo y acató su orden. Sería mejor si colaboraba.
El demonio comenzaba a desesperarse, su miembro comenzaba a doler y palpitar. Quería follarla de una vez por todas.
Se deshizo de su blusa y sostén teniendo finalmente acceso a sus pechos, soltó una risa burlesca al ver los erectos pezones de la chica.
Kino comenzó a juguetear con uno de sus pezones mientras observaba fijamente el acalorado rostro de su víctima; con su otra mano sujeto su cintura alzándola de repente, la sorprendida muchacha enrosco sus piernas en la cintura de Kino sintiendo en todo su esplendor su miembro contra su zona íntima.
Su miedo quedó en segundo plano cuando el azabache introdujo en su boca uno de sus pezones:—A-ah… Hmg… —Gimió avergonzada de sí misma. Su cuerpo comenzó a retorcerse de placer con tan solo ese pequeño estímulo. La boca de Kino hacía maravillas, su lengua acariciando su pezón o trazando movimientos circulares al rededor de este habían sido suficientes para que ella fuera azotada por un vaivén de emociones y sensaciones diferentes.
Se sentía extasiada, al punto de querer más, pero también estaba muy asustada y, a su vez, algo emocionada. En ese momento no sabía que pensar o sentir solo tenía algo en claro: Quería más.
Para sorpresa del vampiro la humana enredo sus manos entre su sedoso cabello dando leves tirones de este. Le gustó, sin apartarse él tomó una de sus pequeñas manos alejándola de su despeinada cabellera para llevarla a su camisa.
Ella captó el mensaje a la primera. Con la conciencia perdida y la mirada nublada debido al placer comenzó a desabrochar los botones de su camisa dejando su piel rápidamente al descubierto. Kino dio una leve mordida obteniendo un gemido de dolor por parte de la contraria.
El ojicarmín se detuvo por un momento, dejó que su camisa se deslizara por sus hombros hasta tocar el suelo. Siendo él quien tomará por sorpresa a la humana, incrustó sus colmillos en su pecho.
—K-Kino… —Sollozó en vano. Ella no tenía idea de cuánto prendía al vampiro cuando decía su nombre de esa manera, gimiendo ya fuera de placer, dolor o mejor, ambos.
Kino continuó con su acción chupando su sangre de forma ruidosa. Su mano se deslizó desde el pecho hasta su muslo dejando un ardiente rastro de calor en el cuerpo de su presa. Introdujo su mano debajo de su falda está se removió incomoda lo cual hizo que su intimidad rozara con la de Kino de su boca brotó un gruñido, eso se había sentido condenadamente bien. Kino volvió a frotar su intimidad con la ajena, su sangre se volvía cada vez más dulce a causa del placer.
Eso lo estaba volviendo loco. Arrancó su falda de un tirón y comenzó a desabrochar la correa y botón de su pantalón.
Eso la alertó, comenzó a oponerse nuevamente lo cual enojo a Kino, sujetó ambas manos de la chica sobre su cabeza. Era cómico lo patéticamente débil que era aquella humana, con únicamente una de sus manos era suficiente para mantenerla quieta.
—Ha~ es estúpido luchar ahora no te parece? —Preguntó divertido ante su expresión de pavor— Hacia tan solo un momento gemias de placer y ahora intentas oponerte. Acaso intentas tener algo de dignidad…? —Dejó que esta recargara su peso contra sus propias piernas. Se deshizo de su pantalón y boxer dejando a la luz su largo, grueso y erecto miembro.
Nuevamente tomó su cintura y la alzó de un tirón para que enroscara sus piernas en su cintura. El pequeño cuerpo de su chica se tensó al sentir la punta de su pene ejercer presión contra su entrada; eso la asustó Kino lo notó en su mirada. Ella estaba lo suficientemente húmeda.
—Nuevamente esa cara… —El rostro de Kino se acercó al de la chica el miedo estaba plasmado en cada una de sus facciones. «Esta expresión, es de lo mejor» —Siéntete agradecida, borraré la asquerosa marca que Ayato dejó en ti —Le susurró al oido y se deshizo de su agarré— Tu cuerpo solo me pertenecerá a mí, tu cabeza solo estará llena de mi. Te follare una y otra vez hasta que quede plasmado en tu memoria.
—Kyaaa…!!! —Finalmente introdujo su miembro de golpe son sacándole un grito de dolor más que de placer. La ya agotada y adolorida muchacha dejó caer su cabeza sobre el hombro del azabache; había comenzado a llorar en silencio por el dolor.
En un arrebató de convalecencia él se detuvo permitiendo que el dolor disminuyera y su interior se acostumbrara al grosor y largura de su miembro. Tras asegurarse de ello, comenzó a penetrarla, sujeto con ambas manos las caderas de la femenina mientras aceleraba sus movimientos procurando únicamente su propio placer. Ella no lo merecía, ese era su castigo.
El sonido de sus cuerpos chocando, de sus respiraciones agitadas inundaron todo el lugar. Y ni hablar de sus gemidos, a Kino ni siquiera le importaba si Yuuri podía escucharlos, de hecho: Quería que lo hiciera.
Quería que escucharán por quien era producida aquella ola de placer, que él y solo él era el único capaz de llevarla a ese estado. Todos debían escuchar a quien pertenecía.
—Hmm… Mng… A-ah~… M-más —Pidió rodeando con sus brazos los anchos hombros del azabache para sujetarse mejor.
La penetraba con tanta fuera, con tanta ímpetu que a ella le sorprendía el no haberse roto en una de sus estocadas. El dolor no existía en ese momento, no más; había sido remplazado por un fuego abrazador el cual se centro entre sus piernas.
El azabache la había llevado al borde del abismo, de la locura y el placer, un punto sin retorno donde no había más elección que ser consumida por las llamas del incontrolable deseo carnal.
—Mnn… Nn… Mng… —Kino podía sentir el placer viajando por cada parte de su cuerpo, podía sentir aquellos impulsos eléctricos pero sobre todo, el calor abrazador que se centraba en su miembro—Hmn~… V-vamos… Ha… Dilo —Gimió más fuerte tras sentir como el interior de la húmeda vagina de la chica se contraía ejerciendo presión sobre su pene. Ella estaba por correrse; no lo permitiría— Nn… Di quien te folla mejor. Dilo… Mng~… el nombre de la persona a quien le perteneces —Incrustó sus colmillos en su clavícula, el metálico pero ahora increíblemente dulce sabor de su sangre inundó su paladar.
Sacó su miembro casi por completo de ella e introdujo este de golpe:—KINO!! —Gritó arqueando su espalda, finalmente había llegado a su tan aclamado orgasmo. Todo su cuerpo se contrajo, en especial sus muslos y zona íntima lo que provocó el orgasmo de aquel vampiro de ojos carmín.
La celda quedó en completo silencio. Ella podía escuchar la agitada respiración de Kino contra su oído, está fue calmándose poco a poco. Cuando su cuerpo y mente volvieron a la realidad después del éxtasis, él se alejó lo suficiente como para que el uno viese el rostro del otro a la perfección.
Kino tenía las mejillas de un tono rosa pálido, su frente estaba bañada de un sudor perlado donde algunos mechones de su sedosa cabellera azabache habían terminado adheridos.
—Dilo —Demandó y acercó su rostro al suyo para observar cada una de sus pequeñas facciones.
—Mi cuerpo es de Kino-kun, mi cabeza solo está llena de Kino-kun…
—Ne~… No te salvarás de decirlo Fufu. Vamos, a menos que quieras otra ronda, por mi no hay problema —Ambos sabían que detrás de su tono juguetón y divertido. Él hablaba en serio.
—Solo Kino-kun puede follarme de esta manera… —Murmuró la humana con las mejillas y orejas acaloradas. Kino nuevamente atacó sus labios, pero esa vez era diferente, no hacía falta decir que:
La había perdonado.
❀ End ❀








