—Con desconcierto, observó cada paso del chico, no logrando hacer nada a tiempo para evitar que el otro cayese directo al suelo— ¡Joey! —exclamó, haciendo ademanes de querer sujetarlo pero fallando, puesto que siempre lo hacía demasiado tarde. Elaboró una mueca con sus labios al verlo caer por segunda vez, transformando eso en una ligera sonrisa, agachándose para estar a su nivel—. Yo me veo bien siempre. Ahora, será mejor que te meta en tu cabaña, ¿de acuerdo? Así que olvídate de la fiesta —murmuró con preocupación, tendiéndole una mano para intentar ayudarlo.
Formó un pequeño puchero con sus labios tras escuchar a su amigo. —Eso no suena divertido.— replicó mientras se cruzaba de brazos. —Pensé que tu eras divertido, Keith.— Masculló para luego aceptar la mano del mayor y ponerse de pie. Ladeó un poco la cabeza, observando curiosamente al castaño por algunos segundos antes de volver a hablar. —¿Siempre has sido así de enano?— Cuestionó mirándolo desde arriba. —Creo que es la primera vez que me doy cuenta. ¡Soy más alto que tu!— Exclamó triunfante antes de volver a reír. —Eso merece otra cerveza, ¿no lo crees?—











