Aquel día era un día soleado que por nada iba a estropear. Necesitaba aire fresco después de todo lo que estaba pasando y eso en Nueva York era difícil, por ello decidió quedar con Lucy para despejarse. Aun no habían vuelto a vivir juntos aunque pasaran muchas noches juntos ya que a pesar de que Jude aceptara todo lo pasado, la pelea con Nils y el pasado seguían atormentándole, cosa que ocultaba a la perfección.
Había ido en bicicleta hasta la universidad, como solía acostumbrar en el pasado y había echado allí sus horas, ensayando y enseñando. Había quedado con la joven a las dos en punto en un bar cercano a Central Park. Él, de camino, se desvió para comprar unas flores, lo cual hizo que la llamara para posponer la cita en media hora. Escogió el ramo más grande con las rosas más rojas incluso con un lazo alrededor que ponía su nombre. Sin duda alguna, aquel día era un día especial. Hacía a penas un mes le habían ofrecido un puesto en la Guildhall School de Londres, lo cual era muy especial para él ya que pocos habían llegado a ser profesores de esa escuela a su edad. Era una oportunidad de oro y quería proponerle una mudanza al final del trimestre hasta su país natal, lo que él no sabía era que el destino no estaba de su parte.
Cruzó la calle con un brazo ocupado por el ramo y otro en el manillar, Central Park estaba a pocos metros así que decidió llamarla. El teléfono se hacía de rogar con aquellas notas tenidas, sonidos reales e indescifrables mientras el semáforo se ponía en verde por aquella calle en obras. Mientras comenzaba a pasar, al fin sonó la voz de la chica al otro lado.
- Lucy… - Y no pudo decir más nada. Irónicamente, para sus sentidos todo pasó a cámara lenta. Escuchó las gomas del coche quemando el asfalto por un frenazo. Sintió el golpe y cómo era levantado por el aire hasta el capó dejando atrás su móvil, las flores y la bicicleta.
Cayó al suelo con la vista nublada, pero escuchando como todo el mundo se acercaba. Escuchaba los pasos, escuchaba los “¡Llamen a una ambulancia!” e incluso al conductor maldiciendo por lo mal que había quedado su coche. Seguramente, un Audi conducido por un hombre viejo y rechoncho con dinero. Mientras tanto, él solo quería contestar a la llamada, rogaba por saber si Lucy había escuchado aquello e intentaba murmurar su nombre, sin efecto alguno.
Finalmente notó unos dedos fríos en su cuello “¡Claro que estoy vivo, joder!” pensaba, pero entonces una máscara se interpuso entre el aire de Nueva York que tanto ansiaba con un aire más puro y artificial. Lo arrastraron y sus pensamientos comenzaron a nublarse poco a poco.
No supo cuanto tiempo hubo dormido, pero cuando abrió los ojos, solo pudo ver máquinas y un techo blanco. Una enfermera corrió hacía fuera y en breves minutos llegó un médico. Comenzó a hacerle pruebas a la que él a penas respondía con suspiros. Todo fue correcto hasta que el médico pidió que moviera su brazo. Él a pesar de hacer todos los esfuerzos, no fue capaz de mover a penas la muñeca y los dedos.
- Ha sufrido usted un gravísimo accidente, señor McTier. Me temo que hemos de decirle que ha sido operado de urgencia y que su movilidad ha sido reducida… A su cabeza y manos. En los próximos días haremos un estudio de rehabilitación pero no podrá salir del hospital… ¿Podemos llamar a alguien?
[OOC: ¡Efectivamente! Se aceptan todo tipo de visitas a Jude, estáis todos invitados.]