La lluvia conocía nuestro secreto...aunque nunca se atrevió a pronunciar nuestros nombres.
Las gotas dibujaban caminos sobre el cristal, mientras la noche guardaba silencio, como si el universo entero conspiró para todo jugara a nuestro favor.
La noche seguía pasando entre mis dedos, el tiempo olvidó de avanzar.
Tus ojos hablaban mi mismo idioma. Mis manos apenas comenzaban a comprender,
Entre sonrisas tímidas la distancia que había entre nosotros dejó de existir.
El viento empañó los vidrios...
Fue esa madrugada que nuestros corazones aprendían a latir con el mismo compás.
Nadie sabrá jamás qué ocurrió aquella noche lluviosa,
Solo la luna, esa que se escondida entre las nubes, y el eco de una promesa que aún permanece suspendida y que es el aroma de la lluvia la que me recuerda lo que se vive en esas noches de invierno.















