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Maldiciendo entre dientes ante el filo de palabras ofensivas por parte de Simon, la burla impregnándose e induciendo el enojo en el cuerpo tercero, aquél que para aquel momento sobraba en aquella ecuación. Sin esfuerzo alguno, le restó importancia alguna a aquella cuestión tintada de burla, esforzándose más de la cuenta para que los mismos vocablos no tuvieran efecto alguno en su acompañante. Bastó de palabras vacías, sonrisas falsas y un batir de pestañas, fue el conjunto de una falsa promesa, un simple capricho que juraba cumplir y que sabía no iba ser así, sólo para que la presencia accediera a perderse, desvanecerse entre la penumbra que abrazaba el lugar, dejándole el problema a ella.—Lo dices como si mi único deseo en la vida fuese el verte en el piso, sufriendo golpe tras golpe —palabras neutras, que en cualquier otro momento podían ser consideradas como la verdad absoluta, un escenario con el que parecía soñar, mas no era así. Tranquila, inmóvil, mostrándose completamente inmune a la cercanía ajena.— ¿A qué se debe esta estupidez?—sin deseo alguno de soltar respuestas concretas, desviando el tema conforme sus dígitos van tomando cual presa el mentón ajeno, en busca de cualquier herida, o mas bien, inspeccionando cada posible corte.— ¿Acaso el dolor te produce placer? ¿O estás tan jodido que ya no sientes nada?
Por reflejo y por el impulso de aquellos mortíferos y suaves dedos moviéndose sobre la fina capa de barba enmarcando las facciones, el ceño se frunció, pero la sonrisa se dibuja sobre el lienzo de sombras, vestigios del pasaje de la noche y la marca de un nuevo pequeño caos que concluyó antes del inicio de la tormenta por los efectos narcóticos que la fémina era capaz de despertar en fáciles presa— A veces pareces una muchachita del pueblo más, muy perdida y jodida, sin sueños en la vida, así que no sé qué creer... —pronunció, pausando suavemente la línea de palabras para darle lugar una bocanada de aire que inundara los pulmones contaminados— Permite que dude sobre la calidad o tamaño de expectativas que tienes—se dio el lujo de humedecerse el labio superior, sano de huellas de la furia del hombre sacado de las casillas de la paciencia sólo la mancha casi imperceptible proveniente del inferior, un sabor que en realidad poseía de manera acostumbrada toda la boca. La mano derecha terminó posesionada sobre la pared justo detrás de la espalda femenina, con la tranquilidad de quien busca una posición más cómoda para el ligeramente tambaleante cuerpo con suficiente alcohol como para cosquillear sentidos, pero también como quien busca encasillar un poco la menuda figura de una acompañante tan escurridiza como lo es Raven— ¿Y si es un poco de ambas? —cuestionó, ojos entrecerrados recorrieron las facciones cinceladas de la fémina, desde la suave ruta color azul que marcaba el pulso sobre su cuello hasta la caída de sus pestañas— O puede que sea que la gente es muy sensible a mi sentido del humor, no sé, o yo soy simplemente un idiota. —la encogida de hombros le quitó importancia, palabras canturreadas de tal modo que parecían dejar en segundo plano el trópico sobre la laberíntica psiquis y los motivos de su imán para aquel tipo de finales.














